
Cuando Travis Bickle, el protagonista de Taxi Driver (1977) interpretado por Robert De Niro, decide salir de su monotonía, su cambio de look incluyó una chaqueta verde militar. Es la M-65 del Ejército estadounidense, la que utilizaron las tropas en la guerra de Vietnam. Pauline Kael, crítica de cine de The New Yorker, definió la película como un estudio de dos personajes: Bickle, un exmarine aislado y solo en el mundo, y Nueva York, en el que la ciudad es tan sórdida y maligna que el espectador comprende la alienación del protagonista.
La misma prenda utiliza Rambo, interpretado por Sylvester Stallone, en una película estrenada siete años más tarde, Acorralado (1982), también sobre un veterano de Vietnam con un halo de vagabundo solitario. La chaqueta verde militar se repite en personajes con características cercanas en otros filmes de la época, como Serpico (1973), Tarde de perros (1975) o El cazador (1978), y, más adelante, Andrew Garfield en El sorprendente hombre araña (2012). Aparece incluso en videojuegos de supervivencia como Silent Hill 2 o Resident Evil. Por la reiteración, en redes sociales fue bautizada como “la chaqueta de la soledad”.
No es la única prenda militar que pasó del campo de batalla a la cultura pop. Como observó el filósofo Paul Virilio, es habitual que las tecnologías que se desarrollan durante las guerras luego sean asimiladas por los civiles. De la misma manera, y como si fuera una tecnología, la ciudadanía se reapropió de los uniformes y los convirtió en moda. El camuflaje, los pantalones cargo y las chaquetas de aviador también son hijos de la guerra. Burberry popularizó el trench coat, una prenda diseñada para oficiales de la Primera Guerra Mundial que pasó rápidamente a la vida civil. Más tarde, a partir de 1965, diseñadores como Yves Saint Laurent comenzaron a incluir prendas militares como parte de sus colecciones de alta costura y prêt-à-porter.
Para Jane Tynan, profesora de Historia del Diseño en la Universidad Libre de Ámsterdam y coeditora del libro Uniform: Clothing and Discipline in the Modern World, el filme Taxi Driver marcó el comienzo de esta tendencia. El nombre del modelo usado en la película (M-65) remite al año en el que se distribuyó, 1965, cuando EE UU envió tropas a Vietnam. Esta chaqueta fue fabricada para soportar el clima asiático y con un color (verde oliva 107) elegido para camuflarse con la selva. Aún hoy se promociona como adecuada para la humedad y el frío.
En 1973, el 60% de los estadounidenses consideraba que la intervención militar había sido un error. A comienzos de los años setenta, la guerra había generado protestas masivas y era común que estudiantes, jóvenes, trabajadores y quienes participaban en los movimientos por la paz lucieran esas chaquetas con parches y símbolos antibelicistas. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial y hasta el final de la década de 1980, las tiendas de excedentes militares vivieron su edad dorada.
Tynan destaca varios rasgos que contribuyeron a que se consolidara este símbolo: precisamente porque fue fabricada con ese fin, la ropa militar promueve un sentimiento de protección. Incluso, arriesga: “Transmiten el deseo de considerar a los demás como enemigos”. Para esta investigadora, la M-65 significa capacidad de autonomía. Pero también refuerza la noción de que el día a día es hostil: “Alimenta la percepción de que el peligro está en todos lados”. Del cine a los videojuegos y la calle, la chaqueta no se deshace de su función original y, con el afán protector, hace que el portador se vuelva sobre sí, creyendo al final que está solo contra el mundo.

