
Kristin Cabot, una mujer anónima hasta hace un año, nunca pensó que su vida se vendría abajo por un vídeo de 16 segundos. El 7 de julio de 2025, la exdirectora de recursos humanos en Astronomer acudió al concierto de su banda favorita, Coldplay, junto a uno de sus colegas del trabajo. Pero uno de los mejores momentos de su vida pronto se convirtió en una pesadilla cuando la kisscam los enfocó a ella y a su entonces jefe Andy Byron, abrazados. Su reacción ―ella se tapó la cara y él se agachó―, y el comentario de Chris Martin ―dijo: “O están teniendo una aventura o son muy tímidos”―, hicieron que ese momento, bautizado como el Coldplaygate en las redes sociales, se hiciera viral en todo el mundo: acumula más de 130 millones de reproducciones. A partir de ese momento se vino una avalancha que los llevaría a recibir acoso masivo por participar en una infidelidad mediática y a perder sus trabajos. Pero, pese a que Cabot aclara que no fue infiel, ella sigue sufriendo las consecuencias de la cultura de cancelación: la exclusión de la vida pública. Aún no tiene trabajo, vive de ahorros, sigue recibiendo acoso y no ha retomado su vida amorosa.

