Punto final al caso de la muerte de Matthew Perry. Hace más de dos años y medio que el cuerpo sin vida del actor de Friends fue encontrado en la piscina de su casa de Los Ángeles. Pero no ha sido hasta ahora cuando los suyos pueden descansar en paz, tras conocerse este miércoles la última de las sentencias de los cinco acusados por su muerte. Este 27 de mayo Kenneth Iwamasa, el quinto de los implicados, ha sido condenado a más de tres años de cárcel, en concreto, a 41 meses de prisión, por su participación en el fallecimiento de Perry, la pena que solicitaba la fiscalía. Según The New York Times, la sentencia incluye dos años de libertad supervisada, una multa de 10.000 dólares y una evaluación especial obligatoria de 100 dólares.
El caso de Iwamasa es, además, especialmente doloroso como punto final. Porque de los cinco condenados, él es quien más conocía a Perry, pues fue el asistente personal del intérprete durante años; de hecho, fue él quien le encontró sin vida en su hogar aquel 28 de octubre de 2023 tras salir a hacer unos recados que le había pedido su jefe, y quien le suministró al menos tres inyecciones de ketamina ese día. Los dos médicos acusados y condenados en diciembre, los doctores Salvador Plasencia y Mark Chávez, eran quienes le proporcionaban la ketamina a Perry, pero también le enseñaron a Iwamasa, sin conocimientos médicos, cómo administrársela.
La jueza Sherilyn Peace Garnett ha dictado sentencia contra Iwamasa, quien se declaró culpable en agosto de 2024 de conspirar para obtener ketamina de forma ilegal y suministrársela al actor. “Su conducta fue imprudente, no solo el día de su muerte, sino antes de su muerte”, ha dicho a Iwamasa la jueza mientras dictaba su sentencia, según recoge Los Angeles Times. Según informan medios estadounidenses, debe entregarse a las autoridades el próximo 17 de julio para empezar a cumplir su pena en prisión.
La fiscalía pedía para él 41 meses de prisión, más tres años de libertad condicional supervisada, rebajando la petición inicial de pena, pues su testimonio ayudó a descubrir cómo pudo adquirir más de 50 viales del analgésico, la mitad de ellos cuatro días antes de la muerte del actor. “El acusado podría haberse puesto en contacto con los familiares del señor Perry o haber buscado ayuda profesional para abordar su recaída en las drogas, o podría simplemente haber dicho ‘no’ cuando Perry pidió otra inyección de ketamina. Pero decidió no ayudar y, en cambio, ocultó el peligro actual para el señor Perry, que finalmente resultó en su muerte”, escribieron los fiscales en su memorando de sentencia. Los federales también acusaron a Iwamasa de intentar cubrir sus huellas después de la muerte de Perry, supuestamente borrando pruebas, destruyendo documentos y mintiendo a los investigadores antes de finalmente cooperar con los fiscales como parte de un acuerdo de culpabilidad.
Iwamasa conocía a Perry desde 1992 y se convirtió en su asistente personal en 2022, según los fiscales. Sus responsabilidades incluían coordinar citas médicas y ayudar a garantizar que el intérprete tomara los medicamentos que le recetaron legalmente. Según el acuerdo de culpabilidad de Iwamasa, alrededor de septiembre de 2023, Perry le solicitó ayuda para conseguir drogas ilegales. En ese momento, dijeron los fiscales, en lugar de ayudarle a mantener la sobriedad, “se convirtió en su facilitador y proveedor de drogas”. Al menos dos veces en octubre de 2023 le encontró inconsciente en su casa y también le vio “congelado”, incapaz de hablar después de una gran inyección de ketamina. A pesar de eso, dijeron los fiscales, entre el 24 y el 27 de octubre de ese año le inyectó de seis a ocho inyecciones por día.
Matthew Perry’s mom, Suzanne, and husband, Keith Morrison, arriving for final sentencing hearing in criminal case over the actor’s 2023 ketamine overdose death
Kenneth Iwamasa, the assistant who injected Perry 3x on day he died, should get 41 months in prison, prosecutors say pic.twitter.com/Uf3GjJZ3Fx
— Nancy Dillon (@Nancy__Dillon) May 27, 2026
Este martes, las hermanas de Matthew Perry tuvieron unas duras palabras contra Iwamasa, al que acusan de inyectarle ketamina “repetidamente” a su hermano en un escrito presentado antes de hacerse pública la sentencia que en el sistema judicial estadounidense se conoce como comovictim impact statement (declaración de impacto de la víctima). “Le inyectó a mi hermano una dosis letal de ketamina y lo dejó morir en un jacuzzi”, afirma Madeline Morrison en una declaración a la que ha tenido acceso Page Six. “Es difícil expresar con palabras la sensación de traición que sentí cuando descubrí lo que Kenny había hecho”, asegura en un escrito en el que dice que Iwamasa mintió a la familia de Perry sobre lo que ocurrió el día de su fallecimiento, cuando tenía 54 años. “Todo lo que creí sobre el día de su muerte, todo lo que Kenny nos contó, era mentira. La idea de que alguien a quien mi hermano consideraba familia pudiera traicionarlo de una manera tan inimaginable es algo que jamás habría podido concebir”, afirma Morrison, que también recuerda que Iwamasa estaba “maníaco e inquieto” en los días previos al funeral de Perry, en el que llegó a pronunciar un discurso. “La persona responsable de la muerte de mi hermano se puso de pie y se dirigió a quienes más lo querían. Es como una broma cruel con la que todavía lucho. No solo le quitó la vida a mi hermano, sino que manchó nuestros últimos recuerdos de despedida”.
En cuanto a la otra hermana de Perry, Caitlin Morrison, escribe: “Nunca sabría si la dosis letal de ketamina fue letal solo por accidente”. “Pero sé que cuando Kenny salió de casa, estaba haciendo una de dos cosas: o estaba huyendo de algo que sabía que había hecho, o estaba abandonando deliberadamente a una persona vulnerable en una situación peligrosa”. “Hasta ahora, los acusados en este caso han sido proveedores: personas dispuestas a arriesgar sus vidas y explotar a personas que viven con un trastorno por uso de sustancias para su propio beneficio económico. Casi me siento mal por ellos. No tengo ninguna simpatía por Kenny Iwamasa”, asegura Caitlin.
La madre del actor, Suzanne Morrison, también aporta su opinión en el escrito —al que también ha tenido acceso Entertainment Weekly—, en el que agradece a los investigadores por su “implacable determinación” al descubrir la verdad sobre la participación de Iwamasa en la sobredosis de ketamina que acabó con la vida de su hijo. “Y tengo que decir esto: la palabra ‘cierre’. Algo así no existe. Pregúntenle a cualquier madre cuyo hijo haya sido arrancado tan despiadadamente. Nada elimina este dolor, ni lo hará, estoy segura, durante toda la vida”, añade. Suzanne Morrison ha acudido este miércoles, acompañada de su marido, a la corte para escuchar la sentencia de Iwamasa, quien llegó a tener un salario de 150.000 dólares al año.

Hace una semana, la madre del actor ya habló en otra carta sobre la implicación del asistente en la tragedia. Entre los extractos de la declaración recogidos entonces por People, Morrison aseguraba que su familia “creía” que Iwamasa “entendía” la lucha de su hijo contra las adicciones —de las que él mismo había hablado en una biografía, publicada en 2022—, y afirmaba que su “trabajo más importante” era ser el “compañero y guardián” del actor en esa batalla, asegurándose de que se mantuviera “libre de drogas”. “En lugar de proteger a Matthew, le ayudó e instigó al consumo ilegal de drogas, consiguiéndole un proveedor tras otro”. Y escribió: “Le inyectó las drogas a Matthew, a pesar de no estar capacitado para ello. Lo hizo aun sabiendo que era evidente que era peligroso, que cualquiera podía verlo. Y lo repitió una y otra vez”. “Confiamos en un hombre sin escrúpulos, y mi hijo pagó las consecuencias”, dijo.
Las otras cuatro condenas
Con Iwamasa acaban las sentencias que, desde hace seis meses, se han ido produciendo sobre este caso, y después de una larga investigación en la que participó la Policía de Los Ángeles, la DEA y el Servicio de Inspección Postal de los Estados Unidos que hizo que los acusados fueran, uno tras otro, declarándose culpables. “Este caso envía un mensaje claro: haremos que los narcotraficantes rindan cuentas por las muertes que provocan”, dijo el entonces fiscal federal para el Distrito Central de California, Martin Estrada, al presentar la acusación por la muerte del actor. Los primeros que supieron de sus condenas fueron los médicos que le suministraban ketamina a precio de oro (2.000 dólares por viajes que compraban por 12). Salvador Plasencia fue condenado a principios de diciembre a dos años y medio de cárcel, en una sentencia que podía haberse elevado hasta los 40 años. Además, tuvo que pagar 5.600 dólares de multa (algo menos de 5.000 euros) y perdió la licencia para ejercer la medicina.
Mejor parado salió su colega Mark Chávez. Él logró no pisar la cárcel, sino que tiene que pasar ocho meses en arresto domiciliario. Como explicaron sus abogados, Chávez tiene “muchísimos remordimientos” y ha intentado hacer “todo lo posible para cooperar, ayudar en esta situación”, lo que aligeró su pena. “Como médicos, su conducta fue atroz”, afirmó entonces el fiscal. “La diferencia fue lo que hicieron cuando los descubrieron”. Esa cooperación ayudó a Chávez, que tras cumplir su sentencia pretende marcharse a México a vivir con sus padres.
Sobre quien ha caído el mayor peso de la ley es Jasveen Sangha, la mujer británico-estadounidense de 42 años conocida como la reina de la ketamina. El pasado 8 de abril, fue sentenciada a 15 años de prisión, una pena ejemplar y la que pedía la fiscalía, por la muerte del actor. Detenida en verano de 2024, fue en agosto de 2025 cuando decidió declararse culpable por cinco cargos federales: uno por mantener un negocio para fabricar y distribuir drogas, un segundo por distribuir una sustancia que ocasionó una muerte, la de Perry, y otros tres por distribución de ketamina.
La penúltima sentencia fue hace apenas un par de semanas, la de Erik Fleming, colaborador habitual de Sangha y quien llevaba la ketamina hasta Perry, al que conocía. El hombre, de 55 años, fue condenado el pasado 13 de mayo a dos años de cárcel. Fleming, como mensajero y ayudante, se enfrentaba a dos cargos, uno por distribución de ketamina con resultado de muerte y un segundo por conspiración, que podían suponer una pena de hasta 25 años. La fiscalía reconocía que por su comportamiento la condena debía ser de entre 46 y 57 meses, pero también que el hecho de que asumiera su culpabilidad —“Asumo toda la responsabilidad por mis actos delictivos. Espero que mi sentencia brinde algo de justicia y paz a todos los que le amaron”, dijo en una carta enviada a la corte— debería ayudar a rebajarla, como así fue.

