La tiara denominada “la rusa”, heredada por la duquesa Cayetana de Alba de su abuela materna, ha sido vendida en Estados Unidos por dos millones de dólares a un comprador que se mantiene en el anonimato. La aristócrata, fallecida el 20 de noviembre de 2014 —y de nuevo protagonista de varios libros, un documental y homenajes por el centenario de su nacimiento—, aseguró en sus memorias, Yo Cayetana (Ed. Espasa, 2011), que se había desprendido de la joya en los años noventa. Quería darle un caballo de competición a su hijo Cayetano, que tenía una carrera prometedora como jinete. Desaparecida durante años, la diadema era propiedad de un coleccionista privado que le pidió a la galería estadounidense M.S Rau, de Nueva Orleans, que se la mostrara a un cliente. Convencido, este se ha convertido ahora en el nuevo dueño de la pieza.
Es poco frecuente encontrar tiaras de este calibre fuera de las colecciones reales y los museos. M.S. Rau tuvo “hace algún tiempo la tiara, pero la devolvimos al propietario, un coleccionista particular”, asegura, en mensajes de WhatsApp, Bill Rau, dueño del negocio de arte. “Él es quien la ha vendido”, cuenta el responsable de la galería que recientemente ha vendido un renoir que también fue de la duquesa de Alba. El cliente pudo ver la tiara “en nuestra sede, y se ha comprado aquí, en Estados Unidos”, añade.
Apodada “la rusa” por su forma de kokoshnik —el tocado en forma de nimbo tradicional en Rusia—, tiene un diseño geométrico con centenares de diamantes antiguos incrustados. “Es una maravilla del estilo de la época del rey Eduardo VII [1901-1910]”, en el Reino Unido, señala la nota remitida por la galería con la descripción. Los joyeros de ese periodo trabajaban el platino, que es mucho más fuerte que el oro y la plata, “y los círculos concéntricos de esta tiara están elaborados con delicados calados y perforaciones que imitan el bordado y el encaje”.

La duquesa de Alba heredó “la rusa” de su abuela materna, María del Rosario Gurtubay González de Castejón. En su libro de memorias, Cayetana de Alba describe la pieza como “una muy querida y simbólica para la Casa y para mí”. La usó en su juventud, y sobre todo cuando estuvo casada con su primer marido, Luis Martínez de Irujo, ingeniero industrial y abogado. Posó también con ella para unos retratos oficiales hechos por el fotógrafo Juan Gyenes. En el mismo libro, explica que los motivos que le llevaron a venderla: “Tuve que vender la diadema rusa para que Cayetano se pudiera comprar un caballo maravilloso, Gigoló, y pudiera dedicarse a la equitación y competir”. Cayetano, actual duque de Arjona, participó finalmente en los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992, donde obtuvo un cuarto puesto por equipos en la modalidad de saltos.
Tras esa primera venta, “la pieza fue expuesta en el museo Victoria&Albert (Londres) como parte de una muestra dedicada solo a las tiaras, y apareció junto a joyas de las coronas rusa y francesas que rara vez se ven”, añade la nota de la galería estadounidense. Después, lo último que se conoció es que estuvo en manos de los joyeros y anticuarios Joseph Saidian and Sons, en Nueva York.
La tiara fue llevada por María de Hoenlohe-Langenburg cuando se casó en julio de 1977 con Alfonso, el segundo de los seis hijos de la duquesa. Aunque la lució a regañadientes, según confesó también Cayetana de Alba en sus memorias (“El incidente de la diadema marcó ya un inicio desagradable con María, mi primera nuera”). Una década después, Matilde Solís-Beaumont la lució también en su boda con Carlos, el primogénito y actual duque de Alba. Ambas parejas acabaron separándose.

En marzo pasado, durante la Feria de Arte y Antigüedades TEFAF (Maastricht), M.S. Rau vendió por 8,7 millones de euros un cuadro del pintor impresionista Pierre-Auguste Renoir que había pertenecido también a la duquesa de Alba. Titulado El sombrero de cerezas, esta vez la tela sí formaba parte de la colección expuesta por el galerista. El comparador es un español que, según Bill Rau, “quería que una obra así volviera a España”, por su relevancia cultural.

