Es la noche más grande del año. La que ciega por los imparables flashes de los fotógrafos, la que persigue la imagen perfecta de cantantes, actores, deportistas, nuevas parejas, viejos amantes y todo el quién es quién que se precie. Con permiso de los Oscar, la gala del Met se ha convertido en el acto de moda y celebridades más ansiado. Con Nueva York como telón de fondo y con la excusa perfecta (el arte, la moda, los museos), cada primer lunes de mayo la capital del mundo se ilumina para su gran noche. Pero este 2026, cuando todo rozaba esa perfección que tanto gusta a Anna Wintour, hay ciertas notas que no terminan de encajar en la melodía. Especialmente, la incorporación de Jeff Bezos y su esposa, Lauren Sánchez, como patronos a título personal de la gala. Su aparición escama a muchos. No es solo que el alcalde de la ciudad se haya negado a acudir, en un desplante histórico. Es que la ciudad está empapelada contra ellos.
Los Bezos quieren ser el alma de la fiesta. Da igual dónde y cómo, pero no escatiman dinero y esfuerzo para ello, especialmente desde la llegada de Sánchez al dúo, lo que ha hecho que ambos adquieran un perfil mucho más mediático que cuando él estaba casado con Mackenzie Scott. Y la gala del Met es el caramelo más brillante que podían encontrar. Ya en 2024 acudieron como invitados a la fiesta que organiza el Museo Metropolitano de Nueva York con motivo de su exposición anual de moda, pero la de este año no es una invitación como otra cualquiera. Ellos no estarán allí para pagar 75.000 dólares por cabeza, o 350.000 por una mesa a nombre de Amazon, como tantas otras empresas tecnológicas que han pasado de ser las nerds del instituto a las reinas del baile. Los Bezos han donado seis millones de dólares para el evento, por lo que ahora son, de manera personal, coanfitriones de la gala. Eso significa ser quien recibe y da la mano a los invitados. Y estar al lado de la mismísima Anna Wintour. Pero ha sido ella quien les ha abierto las puertas, de par en par.

Wintour lleva décadas transformando la gala del Met —que empezó en 1948 como un pequeño evento local para recaudar fondos para el museo y su colección de moda— en el mastodóntico evento global que hoy es. Solo el año pasado, logró que el Costume Institute del Met (su ala de indumentaria) se hiciese con 31 millones de dólares. Su labor ha sido tal que desde hace una década, cuando la inauguró junto a Michelle Obama, la zona expositiva del mismo se llama Anna Wintour Costume Center. Pero la dama del imperio británico ha cambiado el paso estos años para acoger a los Bezos en su seno, en un movimiento tan extraño que parece jugar más en el medio o en el largo plazo.

La siempre aguerrida demócrata, recaudadora de fondos también para los presidentes y candidatos de dicho partido, y que llegó a sonar como embajadora para algunos de ellos, es ahora íntima del fundador de Amazon y su esposa, cercanos a Donald Trump y que acudieron, no precisamente con discreción, a la última toma de posesión del actual presidente —esta semana no faltaron tampoco a la cena de gala en la Casa Blanca con motivo del viaje de Estado de los reyes Carlos III y Camila—. Wintour le regaló a Lauren (entonces solo Sánchez) un halagador perfil en Vogue en 2023, pero sobre todo una portada vestida de novia el pasado verano. También se les ve juntos en desfiles de alta costura en París. Ellos ahora juegan a devolverle el favor con una generosa donación que les convierte en coanfitriones.
Este no es el único movimiento cultural de los Bezos. Más allá del polémico documental sobre Melania Trump que han financiado con 75 millones de dólares, hace apenas un par de días se anunció que Oprah Winfrey, la gran comunicadora estadounidense, había fichado por Amazon. Gracias a un contrato de muchos años y muchos millones, se llevará allí su podcast (con casi un millón de seguidores) y también su conocido club de lectura a partir de julio. Hace un par de años, también se hicieron con el exitoso podcast de los futbolistas hermanos Jason y Travis Kelce, este último prometido de la cantante Taylor Swift. ¿Qué hay detrás de todo ello? Como apuntan medios estadounidenses, entre otros The New York Times, las intenciones de Bezos podrían pasar por hacerse con Vogue como empresa, e incluso con toda su editorial, la poderosísima Condé Nast, que también edita cabeceras como The New Yorker, GQ, Architectural Digest, Wired o Glamour (a punto de cerrar tres ediciones; la alemana, la mexicana y la española).

Ese paso, por ahora incierto y lejano, sería el golpe definitivo que demostraría cómo los gigantes de Silicon Valley se han ido convirtiendo no solo en los nuevos ricos del planeta, sino en los nuevos moldeadores del panorama social y cultural. Y que lo hacen no solo a través de sus empresas y vehículos financieros, sino tratando de colocarse en el centro de la conversación, ya sea en cuestión de moda, series, podcasts o clubes de lectura. Un cambio de era, al fin y al cabo, que no es del gusto de todos, y que algunos reflejan con más fuerza y gracia que otros. Es el caso del movimiento Everyone Hates Elon (Todo el Mundo Odia a Elon, en referencia a Elon Musk, el hombre más rico del mundo). Con presupuesto y capacidades muy limitadas, han logrado empapelar buena parte de la ciudad de Nueva York con pósters críticos con la presencia de los Bezos en el acontecimiento de mayor postín de la temporada.
“Boicot a los Bezos en la gala del Met” o “La gala Met-Bezos, ofrecida por la explotación laboral” o también “ofrecida por la misma firma que le da poder a ICE”, en referencia de la temida agencia de inmigración de EE UU, se lee en los carteles, que buscan que Bezos rinda cuentas financieras y pague más impuestos. Precisamente ese motivo, los impuestos, es el que ha dado Zohran Mamdani, flamante alcalde de Nueva York, para rechazar la invitación a la gala, a la que el mandatario de la ciudad nunca falla. “Prefiero estar centrado en que la ciudad más cara de Estados Unidos sea más asequible para sus ciudadanos”, ha asegurado el demócrata, de 34 años, en una decisión alabada por unos e incomprendida por otros, que ven que su presencia esa noche, si porta un mensaje, puede ser todavía más poderosa que el silencio. Así ocurrió con la congresista por Nueva York Alexandria Ocasio-Cortez, que en 2021 llevó un viral vestido donde se leía “Tax The Rich” (“Suban los impuestos a los ricos”).

Habrá que esperar al lunes —siempre, primer lunes de mayo— para ver finalmente qué importancia acaban teniendo los Bezos en todo este inmenso evento. Si serán protagonistas o una pareja más, perdida en la muchedumbre que comandarán las anfitrionas Nicole Kidman, Venus Williams y, la estrella, Beyoncé, que hace una década que no pisa la alfombra roja del Met. Como aperitivos jugosos también estarán la nueva jefa de contenido (el célebre cargo de directora ya no existe) de Vogue, Chloé Malle, la sustituta, si es que eso es posible, de Anna Wintour. Y el diseñador Anthony Vaccarello, responsable de Yves Saint Laurent, y la actriz Zoë Kravitz, copresidentes del Comité de Anfritriones. Ella acaba de comprometerse, además, con el cantante Harry Styles, y esta podría ser su primera aparición pública juntos.
Además, este año la temática no defraudará. La de la exposición es Costume Art (El arte del traje), con 400 objetos de más de 5.000 años expuestos en sus nuevos 1.100 metros cuadrados, en el corazón del Met; como explicó el comisario, Andrew Bolton, basada en “la centralidad del cuerpo vestido dentro del museo, conectando las representaciones artísticas del cuerpo con la moda como forma de arte corpóreo”. La de la gala es Fashion is Art, es decir, La moda es arte, de ahí que se esperen looks memorables que dialoguen y jueguen con la conexión entre arte y moda. Por tanto, habrá muchas más conversaciones en el ambiente que la de los Bezos. Pero si lo que buscaban era ser parte de ella, no hay duda de que han encontrado cómo hacerlo.

