
Hay dos momentos en la vida de los seres humanos muy temidos, porque durante siglos se perfilaron como el fin oficial de la vida sexual. En las mujeres, la menopausia no solo significaba el punto final de la vida fértil, sino también de la vida sexual satisfactoria con la llegada de la sequedad vaginal, la falta de deseo y las molestias propias de esta etapa. El hombre no se escapaba a este patíbulo y, en su caso, venía en forma de problemas de próstata, cirugías que podían acabar con la erección y/o la eyaculación. Ambos temas eran asuntos peliagudos de los que era preferible no hablar.

