
Han tenido que pasar cuatro años, concretamente 49 meses, para que el rey Carlos III haya vuelto a ver a sus nietos: Archie, de siete años, y Lilibet, de cinco. Ese último encuentro se produjo en un momento familiar muy diferente al de ahora: la celebración, en junio del 2022, del Jubileo de Platino de la reina Isabel II, quien falleció tres meses después. Aquella visita ya dejaba entrever un cambio de posición respecto a los duques de Sussex: apenas tuvieron protagonismo —ni siquiera salieron al balcón en la tradicional fotografía— y mantuvieron un perfil bajo y alejado del foco. Todo lo contrario a lo que ocurriría unos meses después, con el lanzamiento de la serie documental Enrique y Meghan y la publicación de las memorias del príncipe, En la sombra, donde ambos señalaban y criticaban actitudes de la familia real británica. Esa sería la gota que colmó el vaso de la paciencia de los Windsor tras la que decidieron cortar lazos con los duques.

