
Como suele ocurrir con las grandes fortunas, la del diseñador Valentino Garavani, fallecido el pasado 19 de enero en Roma, a los 93 años, sin herederos legítimos, se ha mantenido durante un tiempo como el mayor de los secretos. Tras su muerte, que la industria de la moda lloró como la de un padre, poco o nada se supo de quiénes serían los beneficiarios elegidos de su inmenso patrimonio. Esta fortuna, valorada en cientos de millones de euros, incluye un yate de 46 metros, villas (en plural), un castillo en Francia y valiosas obras de arte (entre ellas, de Picasso y Warhol), además de inversiones financieras y efectivo en cuentas extranjeras. Ahora, el periódico italiano Corriere della Sera ha arrojado algo de luz al secreto guardado durante más de cuatro meses sobre su testamento, descubriendo que la leyenda de la moda no falleció dejándolo todo por hacer, sino que nombró como única heredera a una fundación de Liechtenstein.

