Pocos días después del luto y los homenajes tras la muerte del diseñador alemán Karl Lagerfeld, fallecido el 19 de febrero de 2019, a los 85 años, comenzaron las quinielas sobre su herencia. De todos los posibles beneficiarios de los más de 170 millones de euros que dejaba el conocido como el káiser de la moda, su gata birmana, Choupette, sonaba como la opción más excéntrica y a la vez más plausible. Una carta de despedida en el entonces perfil de Instagram del animal —ahora cerrado, pero que acumulaba 240.000 seguidores a la muerte del modisto—, ya indicaba que el felino no iba a quedarse en la sombra (ahora su perfil es @choupetteofficiel y tiene 279.000 seguidores). “Gracias a todos por las palabras de condolencias. Con el corazón no solo roto, sino también helado, comienzo ahora mi duelo. Rezo para que todas vuestras palabras me ayuden y me hagan mejor este futuro sin mi papá”, decía el mensaje que acompañaba una foto de Choupette con un velo negro en la cabeza. Siete años después, el testamento de Lagerfeld sigue sin liquidarse y la gata todavía no ha visto un euro de su herencia, según ha asegurado su cuidadora. Se dice que, entre otras razones, por una larga disputa legal con el fisco francés —con la posibilidad abierta para que alguno de sus familiares, en principio excluidos por el diseñador, reclame su parte—.
No es que esto sea un gran drama. Acostumbrada a una privilegiada vida que su acaudalado “papá” se ocupó de proporcionarle, Choupette no se quedó precisamente desamparada tras la muerte de Lagerfeld, quien eligió a una de sus empleadas domésticas, Françoise Caçote, para ocuparse de su bienestar. O más bien, de perpetuar el estilo de vida que Choupette había llevado desde que recaló en casa del diseñador, en las navidades de 2011, con tan solo cuatro meses de vida. Iba a estar solo unos días, para hacerle un favor a un amigo, pero el alemán se empeñó en quedársela y en convertirla en una aristogata, con dos doncellas para ella sola, viajes en jet privado y comida de chef, entre otras extravagancias.
Antes de que el modisto muriera, ya era la gata más famosa del mundo, y no solo por las declaraciones públicas que este hacía sobre ella —vive “como una mantenida”, llegó a admitir Lagerfeld—, sino por las campañas publicitarias en las que participaba y que hicieron de Choupette una estrella de internet, una modelo que ganaba 300 veces el salario mínimo interprofesional y se llevaba unos tres millones de euros por colaborar con marcas de moda; siempre, claro, con el nombre de Lagerfeld detrás de ella, como reclamo.
A sus tres años (ahora tiene 15), la gata había sido portada en Vogue Alemania, junto a la modelo Linda Evangelista; con cuatro, protagonista del libro Choupette: La vida privada de una gata de la alta sociedad (en 2018 vendría el segundo, Choupette by Karl Lagerfeld). Solo en 2014, ganó 3,18 millones de dólares (2,66 millones de euros) por participar en dos campañas publicitarias: una en Alemania de automóviles y otra de cosméticos en Japón. Aunque era el responsable de su fama y su éxito, Lagerfeld se enorgullecía de ella públicamente, como si fuera cosa de la gata: “¡Es una chica rica!“, decía, y explicaba: “Tiene su propia pequeña fortuna, es una heredera: si me pasa algo, la persona que se haga cargo no pasará penurias”.

Caçote, designada para el cuidado de Choupette incluso antes de que el cáncer pudiera con el diseñador, colaba a escondidas al animal en la habitación del hospital en los días previos a su muerte. Actualmente, vive en un apartamento que Lagerfeld procuró para ambas antes de fallecer y que comparte con su marido, su hijo adolescente y la famosa gata, a quien dedica su vida, cuidando de que tenga de todo y trabajando a tiempo parcial para ello. Así se explica en un extenso reportaje de la revista estadounidense The Atlantic que incluye testimonios de Caçote y del agente de Choupette, Lucas Bérullier, responsable de la agencia de representación My Pet Agency que cuida de los compromisos profesionales del animal —desde que Lagerfeld murió, con un caché mucho menor—.
Sobre el dinero de la herencia, la niñera de Choupette ha asegurado a The Atlantic: “Quiero ser totalmente transparente: hoy no hemos recibido absolutamente nada. Dada la complejidad de la situación, he tenido que contratar abogados caros para reclamar la herencia a mi nombre y asegurar que se respeten debidamente los deseos de Karl”. Y que, preguntada por la responsabilidad que supone cuidar del animal, ha añadido: “Siempre tengo miedo de que me juzguen. Lo que sé es que Choupette es feliz en casa, y eso es lo más importante”.
Por su parte, Bérullier, que no llegó a conocer al diseñador y que trabaja con la gata sabiendo que “no podemos pedir millones por una publicación o una sesión de fotos”, ha declarado en referencia a una supuesta cuenta bancaria millonaria del animal: “La ley es la ley. Un gato no puede tener una cuenta bancaria”.
Respecto al testamento de Lagerfeld, sobre el que circulan más especulaciones que certezas, The Atlantic publica que este habría sido redactado en abril de 2016. Además de Caçote como representante de Choupette —según la ley francesa, los animales no pueden heredar directamente— mencionaría a varias personas de su entorno (ninguna de su familia, a pesar de tener una hermana y sobrinos). Estos serían el exguardaespaldas Sébastien Jondeau; los modelos Baptiste Giabiconi y Brad Kroenig; las ejecutivas de Lagerfeld Caroline Lebar y Sophie de Langlade, la exdirectora creativa de Chanel, Virginie Viard; la escritora y asesora de estilo Amanda Harlech; el hijo de Kroenig, Hudson (ahijado de Lagerfeld); otro modelo amigo y protegido, Jake Davies y la princesa Carolina de Mónaco.

