
El pasado domingo, la modelo y actriz Ruby Rose empezó a lanzar, a través de la plataforma Threads, una serie de duras acusaciones contra la cantante Katy Perry. Rose, de 40 años y conocida por sus papeles en series como Orange is the new black, acusaba a la cantante de Roar, de 41, de haberla agredido sexualmente en un bar de Melbourne, Australia, hace más de 15 años, en verano de 2010. Ahora, la policía de la ciudad ha dado a conocer que está investigando el caso.
Aunque no dan los nombres de las dos implicadas en el asunto, en un comunicado hecho público por las autoridades, los detectives de la oficina de investigación de delitos sexuales de Melbourne han explicado que están llevando a cabo “una investigación de un acoso sexual que ocurrió en Melbourne en 2010”. “La policía ha sido informada de un incidente ocurrido en un local con licencia en el centro”, afirman. “Como la investigación permanece en marcha, sería inapropiado comentar más allá de este punto”.
El post de Threads de Rose ya no existe, pero en él, la actriz escribía: “Katy Perry me agredió sexualmente en la discoteca Spice Market de Melbourne. A nadie le importa una mierda lo que ella piense”. En su acusación, Rose escribía: “Perry me vio ‘descansando’ sobre el regazo de mi mejor amiga para evitarla, se agachó, se echó las bragas hacia un lado y me frotó su asquerosa vagina por la cara hasta que mis ojos se abrieron de golpe y le vomité encima”.
La actriz contaba que el episodio que denunciaba había ocurrido cuando ella tenía poco más de 20 años, y que le había tomado “casi dos décadas hacerlo público”: “Aunque estoy agradecida por haber aguantado lo suficiente para encontrar mi voz, esto solo demuestra el enorme impacto que tienen el trauma y la agresión sexual”.
Perry, que ha pasado el fin de semana en el festival de Coachella junto a su nueva pareja, el ex primer ministro de Canadá Justin Trudeau, trata de mantener el silencio. Por toda respuesta, colgó una canción suya en sus historias de Instagram, By the Grace of God, de su álbum Prism, de 2013, y un mensaje para sus más de 200 millones de seguidores que ponía “I love you”, “Os quiero”. Una de las frases de esa canción, inspirada en una ruptura, dice “Ahora he de alzarme/La verdad siempre te hace libre”.
El antiguo manager por entonces del bar ha afirmado en la prensa local, en el Herald Sun, que el Spice Market era entonces muy difícil de controlar en cuanto a la cuestión de la seguridad, pero que él estaba ahí y que, si lo hubo, nunca supo del incidente. Aquello ocurrió en agosto de 2010, cuando ambas llegaron juntas al bar, hoy ya cerrado, junto a la maquilladora de Perry y “un tipo amigo de Ruby”, contaba. “Fue una pesadilla en cuando a seguridad por que había 600 personas allí y Katy no paraba de bailar con todo el mundo en medio de la pista”. Ambas estuvieron en la zona VIP del recinto, recuerda, tomando algunas bebidas con sus amigos. Afirmó que ambas estaban “borrachas, pero no completamente ciegas por el alcohol”. Cuando se marcharon, lo hicieron discretamente por la puerta de atrás, juntas, en el mismo coche.
El lunes, el equipo de Perry decidió lanzar un comunicado al respecto. “Las acusaciones que Ruby Rose está difundiendo en las redes sociales sobre Katy Perry no solo son rotundamente falsas, sino que son mentiras peligrosas e imprudentes. Rose tiene un historial bien documentado de lanzar graves acusaciones públicas en las redes sociales contra diversas personas, acusaciones que han sido desmentidas en repetidas ocasiones por los afectados”. Entre ellas, se refería a la pelea que tuvieron en 2017, cuando Rose criticó a Perry en Twitter por su tema viral Swish Swish. “Con todo lo que está pasando en el mundo, pasar de reinventarse como activista política para abandonarlo y caer tan bajo es una pena”, afirmó entonces.
Los datos del comunicado hecho público por la policía este miércoles encajan con los de las dos celebridades, y la prensa local australiana, como el Sydney Morning Herald, ha dado por hecho que efectivamente la investigación trata sobre el caso. Además, la propia Rose confirmó a dicho diario que había llevado el asunto hasta la policía, y que por tanto ya no podía hablar públicamente “ni sobre el caso ni sobre los individuos implicados”. También explicó que pretendía con ello “ir hacia adelante y comenzar el proceso de sanación”.

