Sin menospreciar el aspecto físico ni la belleza, cualidades importantes y altamente conmovedoras, lo cierto es que nadie se enamora, o crea lazos afectivos con otro, por un buen par de piernas, unos ojos de gato o un físico de pasarela de Victoria’s Secret. Todas estas cualidades pueden ser potentes reclamos, pero no son razones de peso, ni en el mundo de los afectos, ni siquiera en el de la erótica.
Está también el término sex appeal, que la RAE describe como atractivo físico y sexual. La habilidad para generar interés erótico en otras personas es diferente a la belleza y está más en consonancia con lo que llamamos morbo. “No es que sea guapo/a, pero me pone”, se oye muchas veces.
“Sobre el eterno debate entre el físico y la personalidad, lo primero que tenemos que admitir es que el cuerpo es nuestra tarjeta de visita”, señala Bárbara Montes, especialista en sexología clínica y terapia de pareja y directora de marketing y comunicación de la tienda erótica online Diversual. “Evolutivamente estamos programados para que la belleza y la simetría (aunque no seamos simétricos) nos atraigan de entrada, porque el cerebro lo interpreta como salud y buenos genes. Ese gancho es el que nos hace darnos la vuelta en la calle. Sin embargo, yo prefiero decir que el físico es como el contrato de alquiler, pero la personalidad y el resto de cualidades son los que harán que te quieras quedar a vivir en esa casa”.
Existe, además, un fenómeno llamado ley de habituación: el cerebro se acostumbra a todo, incluso a la belleza más espectacular y, en cuestión de meses, deja de segregar esa dopamina inicial. “Si detrás de ese envoltorio no hay un talante que te desafíe, que te haga vibrar o al que puedas admirar, el deseo se acabará apagando por pura inercia”, continúa Montes, que es además colaboradora del programa sobre sexualidad Zero dramas, presentado por Loles León, en La 2. “Al final, lo que pesa es ese equilibrio donde la personalidad acaba ocupando cada vez más porcentaje en la atracción. Una mente brillante o un sentido del humor afilado pueden hacer que alguien que en principio no te encajaba físicamente se convierta, con el tiempo, en la persona más sexi del planeta”, apunta.

Si preguntan a parejas consolidadas y con años de trayectoria qué es lo que les gusta o seduce del otro, casi nadie mencionará una cualidad física, sino más bien un rasgo del carácter o la personalidad. Generalmente, inmune al paso del tiempo o que, incluso, se ejercite con los años. “Una de las cosas que más nos atrae en el otro es sentir que somos interesantes para alguien, que somos especiales y que hay interés en estar a nuestro lado, en escucharnos, en compartir cosas juntos. Yo diría que esta es una de las primeras características, y de las más potentes, que nos atraen en alguien”, apunta Francisca Molero, ginecóloga, sexóloga clínica y terapeuta del Centro Máxima, en Barcelona.
El comienzo de cualquier historia de amor y/o amistad fue muy bien descrito en El Principito, cuando el protagonista conoce al zorro, todo un microtratado de cómo se crean los vínculos. “Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos… No te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí… Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo”.
La autenticidad, el distintivo de una personalidad sexi
Si la belleza es el gancho visual que nos hace volver la cabeza, la seguridad en uno mismo (que no la arrogancia), la autoestima sana y la autenticidad son cualidades que recubren a la persona de un brillo especial, aunque no salte a la vista. De ahí que los expertos en matchmaking y los coachs de seducción siempre aconsejen que, para encontrar una buena pareja, lo primero que tenemos que hacer es no necesitarla, o no buscarla desde la carencia.

“Si analizamos las cualidades no sexuales que nos atraen en alguien, yo destacaría por encima de todo el magnetismo vital (ese joie de vivre que dicen los franceses y que resulta tan contagioso) y la autonomía”, subraya Montes. “No hay nada más atractivo que ver a una persona que tiene su propio mundo, que brilla haciendo lo que le gusta y que se nota en cómo habla de sus proyectos o aficiones sin necesitar que nadie venga a completarla. Esa independencia es un imán potentísimo porque nos obliga a seguir conquistando al otro cada día”, añade.
Y si el concepto de pareja cambia con el tiempo, las cualidades que buscamos en el otro miembro de esta unión deberán cambiar también. Básicamente, lo que pedían nuestros antepasados era que el hombre fuera bueno y trabajador y la mujer honrada, buena madre y esposa. Eran otros tiempos, cuando la pareja era el pilar de la familia. Hoy a una pareja se le pide mucho más: que sea buen amante, compañero de vida y proyectos, padre o madre de nuestros hijos y que nos ayude a crecer como personas.
“A la pareja hay que venir ya algo trabajado”, cuenta Gloria Arancibia, psicóloga y sexóloga, con consulta en Madrid: “No es lo mismo estar con una persona que no tiene consciencia de sí misma que estar con otra que ha profundizado en su naturaleza, que ha aprendido de sus errores y experiencias y que lleva ya un camino recorrido. Son cualidades que se valoran mucho porque lo que mantiene a la pareja en el tiempo no son los atributos individuales de sus miembros, sino la interacción que se crea con el otro. De hecho, los primeros síntomas de que una pareja deja de funcionar son que ya no se es detallista con otro, no se le escucha, no se le mira y ya no hay tiempo para compartir juntos”.
“Un buen socio debe tener la capacidad de protección, de cuidado, de tener en cuenta las necesidades del otro; y todo esto está muy relacionado con la manera con la que la persona se enfrenta a la vida”, añade Molero, también directora del Instituto Iberoamericano de Sexología: “Esto se tiene bastante en cuenta. De hecho, una de las causas más comunes de que las parejas rompan es que uno de los miembros haya perdido la capacidad de iniciativa. ‘¡Es que no sabe hacer nada!’, se quejan muchas mujeres”.

En el lado contrario al pusilánime, la figura del malote, del canalla, en opinión de Molero, “sigue siendo atractiva, pero no como pareja, sino para una aventura, porque se tiene la creencia de que en la cama funciona muy bien”. Para Montes Saiz, “a esto se le suma la trampa narcisista de querer ser la elegida que logre domesticar al rebelde, lo cual es un chute de ego muy peligroso. Sin embargo, el perfil del hombre que funciona bien en la cama, pero te genera una ansiedad constante fuera de ella, está empezando a verse claramente como una red flag. Cada vez valoramos más la responsabilidad afectiva y estamos descubriendo que el sexo más increíble no es el que se tiene desde la tensión del conflicto, sino el que surge desde la confianza y la seguridad absoluta de un compañero consciente”.
Vulnerabilidad + comunicación afectiva-efectiva, una mezcla irresistible
Y si el canalla ya no cotiza tanto en bolsa, el hombre vulnerable ve cómo crece el valor de sus acciones; porque la comunicación afectiva-efectiva es una cualidad en alza. Es a través de la comunicación como la pareja expresa sus deseos, su afecto, como soluciona sus conflictos y como desnuda su personalidad ante el otro. Es mayormente comunicando como se experimenta esa agradable sensación de estar con alguien que siempre puede darte una sorpresa o mostrarte una faceta suya, hasta ahora desconocida. El mito de Cyrano de Bergerac, que seducía a las mujeres con sus palabras y no tanto con su físico.
A la hora de buscar pareja o algo más estable que una cita de Tinder, puede que mucha gente se quede en el paso inicial de una aplicación de citas cualquiera. Seleccionar por preferencias, cercanía y hasta por cualidades físicas. Otros, sin embargo, exigirán un sinfín de cualidades específicas en su partenaire. “Es verdad que ahora todo es más rápido y no da tiempo a consolidar las cosas”, cuenta Molero, “pero a menudo se tiende a racionalizarlo todo, a que el proceso de selección sea muy mental y yo creo que hay que darse permiso para sentir, para escuchar a la intuición y para conversar, lejos de ideas preconcebidas; porque, generalmente, se elige al otro en función del momento vital”.

Volviendo a la metáfora de la búsqueda de casa, expresada por Bárbara Montes, uno puede tener una idea en mente de la casa o el piso que quiere, pero también nos enamoramos de lugares que, en principio, no cubrían nuestras expectativas, pero que nos llegan al alma.
“Para que la atracción se transforme en un vínculo afectivo real, en algo que nos haga echar raíces, necesitamos ingredientes muy distintos como la coherencia, que nos dará fiabilidad, la empatía o la responsabilidad afectiva”, concluye Montes. “La seguridad de saber que el otro es un ‘lugar a salvo’, que nos escucha de verdad sin juzgarnos y que es coherente entre lo que dice y lo que hace, es lo que genera la oxitocina necesaria para que el amor no sea solo un fuego de artificio, sino un hogar donde poder ser nosotros mismos sin miedo”.

