
A Jason Bateman (Rye, Nueva York, 57 años) le va bien. El actor es uno de los rostros más reconocibles de Hollywood, con más de cuatro décadas de carrera a sus espaldas (también detrás de la cámara) en las que ha pasado por muchos registros, destacando en la comedia. Es, además, uno de esos intérpretes que conoce bien la industria del entretenimiento, incluso su parte más cruda, porque ha crecido con ella. Lo hace desde 1982, cuando, con tan solo 11 años, hizo el papel de hijo adoptivo de Charles y Caroline Ingalls en la mítica serie La casa de la pradera. Como estrella infantil, Bateman aprendió antes que la mayoría de los niños el valor del dinero o, más aún, la inconveniencia de no tenerlo. Y aunque era hijo de un director y productor de cine y televisión, no tuvo más protección que otros menores a la hora de afrontar las exigencias del show business, como él mismo ha contado en el podcast Good One de la revista Vulture, en el que confiesa haber tenido “una relación complicada con el dinero” durante su juventud.
En la entrevista, grabada durante el festival de cine de Tribeca el pasado 13 de junio, Bateman repasa hitos de su carrera, como su papel protagonista en la multipremiada Arrested Development, con el que impulsó su carrera (recibió un Globo de Oro a mejor actor de comedia en 2005); o como cuando a los 18 años se convirtió en la persona más joven de la historia del Sindicato de Directores de Estados Unidos, habiendo dirigido algunos episodios de la serie La familia Hogan (que también protagonizó) y un capítulo de Cosas de casa. Echando la vista atrás, habla también sobre las dificultades profesionales, en concreto sobre cómo pasó una sequía profesional en los años noventa, justo después de aquellas series familiares y hasta su remontada gracias a la sitcom Arrested Development, ya en 2003, como Michael Bluth. Es entonces cuando Bateman asegura que las dificultades con el dinero en los inicios de su carrera le ayudaron a afrontar más tarde los momentos de menos éxito: “Desarrollé desde joven la habilidad de generar dinero”, cuenta, tras explicar lo “angustioso” que fue vivir con aquella presión desde muy pequeño.
“Tuve una relación complicada con el dinero durante mi juventud, ya que mis padres eran mis jefes. Lo que yo ganaba era muy útil para nuestros resultados mensuales, así que había mucha presión por no ser despedido”, continua explicando. A eso se añadía otro tipo de presión, la de los estudios. Según Bateman, en la época en la que fue un actor infantil había un objetivo que cumplir para que le dejaran seguir trabajando: “Si no mantienes un promedio de C en la escuela [equivalente a un suficiente], no obtienes tu permiso de trabajo y te despiden”, un ciclo, añadió, que se repetía cada seis meses, mientras que las temporadas televisivas duraban gran parte del año.
Preguntado en la entrevista por su opinión sobre las estrellas infantiles, el actor de comedias como Cómo acabar con tu jefe y thrillers como Equipaje de mano apela al sentido común, asegurando: “No te dan un título que te garantice un sueldo base”. “Es complicado”, añade: “Si son realmente buenos [los niños], desarrollarán facetas de sí mismos que quizá no hubieran llegado a manifestarse de otro modo. Como resultado, se convertirán en personas mucho más dinámicas. Pero, en cualquier sector relacionado con las artes, no se garantiza que el mejor pintor sea el que más venda, ni que el mejor actor consiga el papel, ni que el mejor cantante sea el que más discos venda”. Para Bateman, lo más sano es “mantener un nivel saludable de indiferencia, pero al mismo tiempo comprometerse con pasión”. Sobre esto, cuenta además que acaba de dirigir a su hija de 14 años (tiene otra de 19 con su esposa desde 2001, la actriz Amanda Anka), a quien le ha dado una frase en una película: “Fue lo mejor del mundo. Pero he tenido muchas conversaciones con ella sobre esto. Cada padre podrá tomar sus propias decisiones; tú conoces a tu hijo mejor que nadie”, argumenta al respecto.
“De cara al futuro, me siento enormemente afortunado de que las cosas me hayan salido bien —toquemos madera—, ya que no tengo que aceptar trabajos que no me resulten creativamente estimulantes y que, en consecuencia, podrían perjudicar mi continuidad en el sector. Si haces algo realmente horrible que no le gusta a nadie, es posible que la gente no quiera contratarte la próxima vez”, sostiene. Sobre los momentos más bajos de su carrera, también reconoce que llegó a tocar fondo, consumiendo drogas y entregándose al hedonismo más salvaje cuando las cosas no iban bien. Ya lo contó a The Hollywood Reporter en febrero de este año, cuando reconoció que fue su esposa quien le ayudó a estar sobrio.
Los últimos éxitos de Bateman son las miniseries Black Rabbit (Netflix, 2025) y DTF St. Louis (HBO, 2026), donde se luce interpretativamente; sobre todo en la segunda, siete capítulos de humor negro en los que se atreve con un personaje ambiguo, con todas las contradicciones que ya desplegó en otra buena serie, Ozark, por la que ganó un premio Emmy en 2019 como director.

