
Durante décadas, millones de personas vieron brillar bajo los focos a Raffaella Carrà en las televisiones de medio mundo. Pero, lejos de los escenarios, cuando las cámaras se apagaban, emergía otra Raffaella: la que tendía la mano a quienes más lo necesitaban. Esa faceta solidaria de la artista italiana, fallecida hace un lustro a los 78 años, perdurará a través de una fundación que lleva su nombre y que nace con el propósito de continuar la labor benéfica de una mujer que siempre sostuvo que la vida había sido muy generosa con ella y que sentía el deber de devolver parte de lo mucho que había recibido. Su objetivo será acompañar a jóvenes con talento, a través de proyectos culturales, educativos y de inclusión, y mantener vivo un legado que la Carrà —como se la conoce en Italia— cultivó incansablemente con discreción y lejos de los focos.

