Un mes después de su graduación en la Universidad de Harvard, la princesa Isabel de Bélgica, de 24 años, ha demostrado estar preparada para tomar las riendas, cuando se le necesite, de la corona belga. Hasta ahora, la primera en la línea de sucesión al trono y futura reina había estado centrada en su formación: primero pasó por la Real Academia Militar, luego estudió Historia y Política en Oxford y más tarde completó el máster en Políticas Públicas en Harvard. Tras su regreso a Bélgica, la princesa heredera ha dado un paso más para confirmar que ya es un miembro en activo de la familia, y que su presencia pública en eventos oficiales va a ser cada vez más frecuente.
Lo ha demostrado esta última semana durante la visita al país de los emperadores de Japón, Naruhito y Masako. La princesa Isabel ha tenido un papel destacado y protagonista en cada una de las citas, desde su aterrizaje hasta el comienzo oficial del viaje, y, a la vez, ha marcado algunos hitos personales. El pasado sábado, 20 de junio, la heredera al trono asumió su primer acto diplomático en solitario, siendo ella la encargada de recibir a los emperadores a pie de pista en la base aérea de Melsbroek, cerca de Bruselas.
Después de dar la bienvenida oficial al matrimonio nipón, los reyes Felipe y Matilde, acompañados de sus cuatro hijos, Isabel, Gabriel, Manuel y Leonor, les recibieron en el palacio real de Ciergnon, donde los ocho pasaron juntos el fin de semana y donde se ofreció una cena privada por parte de los anfitriones. Para los cuatro vástagos de los reyes, fue el primer acto de estas características. Este encuentro fue inmortalizado por la casa real belga y publicado en sus redes sociales. “Antes del inicio del programa oficial, el emperador y la emperatriz de Japón permanecieron en el castillo real de Ciergnon. Pasaron el fin de semana en compañía de la familia real”, compartió la institución en sus redes sociales junto a imágenes del momento.

Como ya ocurrió la semana pasada durante la visita de los emperadores a los Países Bajos, Naruhito y Masako se desplazaron a Bélgica unos días antes del comienzo de la agenda del viaje, organizado con motivo del 150º aniversario de las relaciones bilaterales entre ambos países. La visita comenzó oficialmente este martes 23 de junio con una ceremonia de bienvenida en la plaza del Palacio Real; después, Naruhito y Masako se dirigieron junto a los reyes al Ayuntamiento de Bruselas; ya por la tarde, el emperador visitó el Parlamento y se reunió con el primer ministro Bart De Wever.
La primera jornada concluyó con un banquete de Estado organizado en el Gran Salón del Castillo Real de Laeken, en el que Isabel de Bélgica volvió a ser una de las protagonistas de la velada. Si el sábado realizó su primer acto diplomático en solitario, el martes hacía su debut en una cena de Estado. La princesa ha participado en estos últimos años en actos relevantes, como puestas de largo, pero hasta ahora no había participado en una cita de estas características donde se busca reforzar las relaciones entre países. Sus tres hermanos pequeños también debutaron en una cena de Estado.
Para la ocasión, en la que se exige etiqueta, la primogénita de los reyes de Bélgica escogió una de las joyas históricas que pertenecen a la monarquía del país: la tiara de laureles de Brabante. La pieza fue fabricada por la firma británica Hennel & Sons en 1912 y está compuesta por 631 diamantes engastados en platino, recreando así la forma de las ramas de laurel. No pertenece a la colección real, sino que fue el regalo de un grupo de aristócratas belgas a la hoy reina Matilde cuando se casó en 1999 con el entonces príncipe Felipe, duque de Brabante. Durante años, fue su tiara favorita y la lució en numerosas ocasiones, como en la boda de Federico y Mary de Dinamarca en 2004. En 2011, Matilde de Bélgica la lució como collar en la boda de Guillermo de Inglaterra y Kate Middleton. Además de la tiara, la princesa Isabel lució el Gran Cordón de la Orden de Crisantemo, la condecoración honorífica más alta y prestigiosa de Japón y que es concedida por el Gobierno nipón.

Los actos continúan este miércoles, cuando el rey Felipe y el emperador Naruhito visitarán el castillo de Naumur, el IMEC (Interuniversity Microelectronics Centre) y la Biblioteca Universitaria de Lovaina. La jornada concluirá con una visita a la Torre Japonesa y a los invernaderos reales en Laeken. El último día del viaje será el próximo viernes, cuando los emperadores serán despedidos por la familia real belga.

