En los días de calor, el atardecer y la noche ejercen el efecto benefactor de la bajada de temperatura. Sentarse en un banco del parque, o en una sillita en la terraza de casa, permite disfrutar de una perspectiva diferente del lugar ajardinado. Las especies más altas dibujarán su silueta contra el cielo crepuscular, y seguir su contorno con la mirada, como si repasáramos su forma con los ojos, es un ejercicio de adoración, de conexión con las plantas. Asimismo, la quietud de esas horas añadirá una sensación ralentizadora de la prisa del día.





