
Para muchas personas, volar es sinónimo de libertad. Para otras, sin embargo, el viaje empieza mucho antes del embarcar: un nudo en el estómago, la respiración entrecortada y una sucesión interminable de “¿y si…?”. El miedo a volar no es algo excepcional. Según varios estudios, entre el 25% y el 30% de los adultos experimenta ansiedad al subir a un avión, y entre un 6% y un 7% sufre aerofobia clínica, un temor tan intenso que puede llegar a condicionar por completo la forma de viajar. E, incluso, la vida.

