Seguramente, pocas personas saben cuál es el origen de la tintura natural de color púrpura, uno de los tonos que en la Antigüedad se reservaba exclusivamente a la ropa de la realeza. Originario de la ciudad libanesa de Tiro, el color se extraía de la baba de una especie de caracoles marinos que habitaban en el Mediterráneo. Eran necesarios miles de ellos para conseguir unos gramos de tinte, lo que terminó reservando este color a la vestimenta de las personas que podían pagarlo y llevó a los caracoles de los que se conseguía a prácticamente extinguirse. En 2026, a miles de kilómetros del Mediterráneo, en Pinotepa de Don Luis, situado en el Estado de Oaxaca (México), una pequeña comunidad de 15 hombres se dedica a obtener la tintura del caracol púrpura mediante el mismo método tradicional, pero respetando la especie. Las mujeres de la comunidad lavan las fibras a teñir para quitar el exceso de polvo y las meten en costales que los hombres llevan hasta las costas pacíficas de Huatulco, donde las transportan en lanchas hasta una pequeña isla de rocas en la que habita esta especie. “Con una vara de madera desprenden el caracol, que suelta un líquido blanquecino que se fragmenta sobre las fibras. El caracol se devuelve a las rocas y las fibras se airean en un tendedero y, en un proceso de oxidación por el sol, ocurre el cambio de color: de blanco pasa a amarillo, de ahí a verde y luego a morado, que es el definitivo”, explica Jafet Sugia, de la cooperativa Púrpura Tixinda.
La ropa de color púrpura y los diseños del joven Sugia, inspirados en la ropa tradicional de su comunidad y manufacturados en telar de cintura, forman parte de la enorme exhibición artesana de la séptima edición del encuentro global sobre textil patrimonial Xtant, que este año trae a Palma a 90 artesanos de 30 países diferentes. En el majestuoso palacio de Can Vivot, en el centro histórico de la capital balear, se expone el mercado artesanal de esta celebración global del arte, que se organiza hasta el martes 12 de mayo y que en sus semanas previas cuenta, además, con talleres, charlas y exposiciones.

El lema de esta edición, Nomad 2026, pretende rendir homenaje a las culturas dedicadas al uso de las fibras naturales alejadas de lo sintético y a la conexión entre esas tribus que se desplazan de un lugar a otro y que tanto tienen que ver con el origen de los tejidos. Aprovechando la declaración de la ONU del año 2026 como el Año Internacional de los Pastizales y de los Pastores, Kavita Parmar, experta en textil patrimonial y organizadora del evento, decidió coger el relevo y empezar a trabajar con esa idea de conexión entre el pastoreo y su relación con el textil patrimonial. “Al final también me gusta la idea de que todos los seres humanos estamos aquí por un rato efímero, somos nómadas en esta tierra y es algo que a veces se olvida”, señala.

Desde la ciudad de Shantou, en el sudeste de China, ha llegado con sus diseños Angel Chen, una de las jóvenes talentos de la moda de su país que ha participado en algunos de los concursos de moda con más recorrido internacional. En Xtant, expone conjuntos de dos piezas tejidos a mano en crochet, como los que hacían en algodón su madre y su abuela, y faldas coloridas con chaqueta elaboradas a mano sin patrones en telares. Cuidadosamente guardadas en bolsas herméticas, transporta varios retales de telas que le han prestado en museos de su país para exhibir en el encuentro: brocados, punto de cruz o bordados que permiten vislumbrar los diseños tradicionales de épocas antiguas.
El trabajo que Chen realiza desde Shanghái le permite sacudir la idea de la moda rápida china que inunda el imaginario popular y reivindicar la tradición textil de su país. Junto a ella expone Yara Shehady, una joven palestina dedicada a la confección a mano de bolsos de crochet, realizados con rafia natural sin tintar. “Mi padre falleció hace dos años y quise hacer algo que le enorgulleciera, y estos bolsos cesta llevan muchas emociones. Al principio, quise hacerlos muy coloridos, pero después decidí que quería volver al punto cero y hacerlos orgánicos y naturales porque es lo que sentía. Cada uno tiene su propia personalidad, porque no hay patrón y hago lo que siento”, explica.
Rhiannon Griego exhibe una levita que ha llevado más de 150 horas de trabajo y ha diseñado exclusivamente para el encuentro artesano, inspirándose en el Mediterráneo para ejecutar una colección entera de prendas, desde levitas a vestidos. Piensa y confecciona todas sus piezas de ropa y joyería en solitario en su estudio situado en el desierto de Santa Fe, en el Estado de Nuevo México (Estados Unidos). “Mucho del trabajo está inspirado en donde vivo. Vengo del desierto y es una continua fuente de inspiración”, detalla. Utiliza una mezcla de distintas fibras para trabajar, incluyendo las metálicas, el lino o la lana en una misma pieza, y trata de abrazar el concepto de utilizar los textiles que nadie usa, manufacturados en telar. Sus diseños se realizan mediante la técnica del tejido libre y bajo la premisa de la tradición japonesa Wabi-Sabi, que abraza las imperfecciones como algo natural “que debe estar ahí y forma parte del proceso”.
Precisamente en la búsqueda de esos materiales en peligro de extinción trabajan en Áurea Fibras Nativas, una sociedad familiar radicada en Buenos Aires que se dedica a la confección de prendas elaboradas con fibras del norte de Argentina, como la de camélidos o de llamas, hilada a mano y tejida en telar. También han incorporado recientemente fibras del noroeste del país, como el tejido chaguar, que se elabora a partir de las hojas de la bromelia, una planta que crece silvestre en el monte y es hilada por las mujeres de la comunidad wichí que habitan en esta zona. “Esto nos conecta con el trabajo de comunidades indígenas de Argentina, algunas de zonas bastante remotas como las que viven a más de 4.000 metros de altura”, explica Santiago Azzati, que habla del suyo como un trabajo de investigación en el mundo de las fibras tradicionales del país que les permite reivindicar una “forma profunda de expresión de diferentes pueblos”.
En Xtant 2026 también hay cabida para el arte, con la instalación inmersiva Sueños de Lana, que se expone en el castillo de Bellver y que invita a redescubrir este material, que ha sido relegado a residuo y cuya cadena de valor casi ha desaparecido en España. Dentro del propio mercado artesanal, además de creaciones textiles, también hay muebles y perfumes. A ellos se dedica la artista Natalia Zaleska-Pyc, especialista en hierbas medicinales e inciensos que trabaja con su marido apicultor. Una eminencia en Polonia que ha ido aprendiendo de las últimas mujeres del país sobre el uso y aplicaciones de las plantas de su entorno. “Todo lo que hacemos es natural, lo elaboramos nosotros mismos”, explican. Utilizan todo tipo de plantas, desde rosas a camomila o regaliz, para crear de los inciensos a los perfumes. También están las velas manufacturadas con la cera de sus propias abejas, con las que se encargan de fabricar pan y miel.

