El gimnasio se ha convertido en el nuevo bar, la nueva plaza del pueblo y el nuevo Tinder, todo en uno. Según la última Encuesta de Hábitos Deportivos del Consejo Superior de Deportes, un tercio de los españoles mayores de 15 años está inscrito en uno de estos centros deportivos, una cifra que crece año a año y que muestra un cambio social que se filtra en otros aspectos de la vida diaria, desde los hábitos de nutrición hasta la moda.
¿Cómo se viste un cuerpo que adquiere volumen, que marca pliegues que antes no existían y que pide a gritos ser enseñado? Esa es una pregunta que se hacen tanto consumidores como diseñadores, y cuyas respuestas también han ido evolucionando. De la estética ceñida, basada en el “cuanto más se note, mejor”, a su opuesto, el oversize que da libertad de movimientos, hay un universo de opciones.
De ello puede dar fe Rober, un ingeniero de 39 años que, en 2017, decidió convertir su rutina deportiva en un entrenamiento más serio. “Ya iba al gimnasio, pero me propuse empezar a desarrollar músculo de verdad y seguir una dieta estricta”, explica. Se apuntó a crossfit, el paso del Rubicón para muchos como él y, cuando los resultados empezaron a mostrarse en su cuerpo, el cambio se extendió a su armario. “En algún momento te das cuenta de que la ropa que tenías antes no va mucho con tu cuerpo actual, y también que te atreves a ponerte cosas que antes no te ponías. Antes de muscularme, llevaba ropa bastante ajustada, algo que también iba un poco con la época, pero llega el día en que ves que ya es demasiado”.

El cambio sustancial no es solo físico sino también mental. “Cuando empiezas a hacer musculación, normalmente quieres verte más fuerte y tiendes a usar ropa ajustada. Pero cuando ya estás acostumbrado a la musculatura, te das cuenta de que puedes llevar prendas más anchas y se sigue notando”, continúa Rober. Dicho de otra forma: no hace falta subrayar lo evidente y caer en un exceso que denota inseguridad. Algo que las generaciones más jóvenes han captado de forma natural. “En crossfit me relaciono con gente más joven que yo, chicos y chicas de 20 años que han empezado a entrenar desde muy pronto, y se nota ese cambio cultural: ya no se trata de que se vea que estás musculado porque vas muy apretado, sino que tus músculos sean los que se vean a través de esa ropa”, señala.
El cambio de una moda que ahora cubre cuerpos más firmes y con mayor volumen no solo se aprecia a pie de calle. También en las pasarelas. Se vio el pasado enero, en la semana de la moda de Milán, en el desfile de Mordecai, la firma del diseñador italiano Ludovico Bruno. Su nueva colección se inspira en el kimono y la ropa de judo, con cortes amplios marcados por una concepción del cuerpo que comparte el propio diseñador: “Entreno cinco veces a la semana, necesito poder moverme”, dijo poco después del desfile. Ahora la firma está en pausa, pero tiene que ver con lo anterior que uno de sus mercados más fuertes sea el estadounidense. “Igual porque la gente allí es más grande”.

A ese mundo, al de la moda estadounidense, pertenece Spencer Phipps, el diseñador que, tras pasar por los talleres de Marc Jacobs y Dries Van Noten, fundó en 2018 su propia firma, Phipps. Con ella, reinterpreta el estilo americano bajo un punto de vista que define como “pragmático y directo” y se traduce en un estilo ente la ropa de trabajo y los básicos del armario masculino. “Cuando diseño, pienso en hombres que conozco, amigos o gente con la que he tenido relación a lo largo de mi vida”, explica. “Hago prendas para ellos y para mí, incluso si a muchos no les interesa demasiado la moda”.
Eso incluye, por supuesto, hombres tan corpulentos como el propio Spencer. “Mi foco está en los hombres un poco más atléticos, más grandes, y también de más edad”, apunta. “A veces, ves desfiles de moda y te sientes un poco confundido, porque ni siquiera dentro del mundo de la moda conozco a tantos hombres que quieran vestirse de esa manera. En la pasarela se ve genial, es muy interesante, pero no veo que se traslade al mundo real. Eso fue lo que me llevó a crear Phipps”.

Tanto Mordecai como Phipps, dos firmas que no pertenecen a los grandes grupos de la industria de la moda, ya han comenzado a diseñar para otro tipo de hombre que difiere de los adolescentes larguiruchos de los desfiles. Quizás el gran reto aquí sea no solo adaptarse a los nuevos cuerpos, sino que estos también se atrevan a dar otros pasos. A Rober, por ejemplo, le ha pasado: “Hay cosas que antes no me atrevía a llevar que ahora puedo vestir con confianza”. Como con el propio cuerpo, todo es cuestión de estar abierto al cambio.
En Instagram, Spencer Phipps ha encontrado otro espacio desde el que insistir en una idea recurrente: los hombres no necesitan tanto instrucciones como permiso. “Muchos creen que necesitan que alguien les diga cómo vestir, pero en realidad lo que les falta es libertad para probar”, sostiene. La inseguridad —ese miedo a equivocarse— sigue siendo el principal freno. “Se tiende a pensar que hay una respuesta correcta, una forma adecuada de hacer las cosas. Y no es así”.

Su propuesta es deliberadamente simple: construir el estilo como se construye cualquier otra cosa: poco a poco. “Primero, entender qué te gusta y por qué. Después, evitar las compras impulsivas o las transformaciones radicales. Un armario no se hace en un fin de semana. Es más parecido a una colección que a un plan”. Como una biblioteca: crece con el tiempo, se corrige, se matiza. Y nunca se termina del todo.

