Si hay un lugar en el mundo acostumbrado a vivir momentos especiales, ese es el Paseo de la Fama de Hollywood. Estrenos, fiestas y celebraciones han ocurrido desde hace décadas sobre sus losetas de terrazo gris. Pero este jueves, a las once y media de la mañana (hora de Los Ángeles), se producirá un momento realmente único: dos actores recibirán, a la vez, una estrella en el Paseo. Y, además, son tanto compañeros de trabajo como familia, una combinación poco habitual. La londinense Emily Blunt y el neoyorquino Stanley Tucci recibirán sus honores en el 6930 de Hollywood Boulevard, a las puertas del emblemático hotel Roosevelt. Lo celebrarán, previsiblemente, entre compañeros, pero también en familia: son cuñados desde hace más de una década.
A Blunt, de 43 años, y Tucci, de 65, les han traído hasta aquí largas carreras, numerosos premios y un puñado de éxitos (ambos han estado nominados al Oscar, él por The Lovely Bones y ella, por Oppenheimer), pero también la nostalgia y la moda, esas que se vuelven a juntar en la segunda parte de El diablo viste de Prada. La película, donde ellos son los secundarios principales, llega a los cines este viernes, en un timing preciso y perfectamente calculado con la ceremonia. Habrá que ver su éxito —la primera, hace 20 años, recaudó 326 millones de dólares en salas, 10 veces lo que costó—, pero solo la campaña de promoción internacional está reflejando el interés y su enorme capacidad de congregar a las masas. De ahí que este sea el remate final para la misma. No se ha confirmado que Meryl Streep o Anne Hathaway, sus protagonistas, vayan a estar en la ceremonia de la estrella. Pero no faltarán famosos: se espera, lógicamente, a John Krasinski, actor, director y esposo de Blunt. Y también a Felicity Blunt, editora literaria, hermana de la actriz… y esposa de Tucci desde hace más de una década. Precisamente, en parte, gracias a El diablo viste de Prada.
Cuando aquella primera parte se estrenó en 2006, el elenco ya recorrió las alfombras rojas del planeta. Sus vidas eran muy distintas a las actuales. Con 23 años, Blunt era una principiante con un puñado de papeles menores en series y películas, hasta que esta cinta la catapultó. Todavía no salía con Krasinski, al que conocería un par de años después en una cena en Los Ángeles. Por su parte, Tucci era ya un célebre actor y estaba casado con Kate Spath, trabajadora social, desde 1995. Tenían tres hijos en común, los mellizos Isabel y Nicolo (que ahora tienen 26 años) y una hija menor, Camilla (de ahora 21), y criaban a los dos hijos del anterior matrimonio de Spath con el también intérprete Alexander R. Scott.

Como el propio Tucci ha explicado en diversas entrevistas, la familia supo que Spath tenía cáncer de mama poco antes de que él empezara a rodar la película en la que interpreta a Nigel, el fiel consejero de Miranda (Meryl Streep). Para entonces, Spath empezó con los tratamientos médicos contra el cáncer. Siguió acompañando a su marido en distintos eventos y alfombras rojas, a veces, tocada con un pañuelo tras perder el pelo por la quimioterapia. En 2009, con 47 años, falleció.
En aquel 2006, los Tucci-Spath fueron a la premiere de El diablo viste de Prada. La debutante Emily Blunt llevó con ella a su hermana, Felicity, de entonces 25 años. Y todos se conocieron, brevemente. Así lo contó él en el podcast de Marc Maron, en 2021. “De hecho, Felicity y Kate hablaron en el estreno aquella noche, y tengo una foto de ellas juntas, lo cual es muy curioso”, relataba entonces.
No fue hasta 2010, precisamente en la boda de Emily Blunt y John Krasinski, cuando Stanley y Felicity se reencontraron. El enlace se celebró en Villa D’Este, declarada patrimonio mundial de la Unesco, junto al lago de Como, en Italia. Tucci seguía manteniendo una buena amistad con quien había sido su compañera de reparto un lustro atrás. Ahí fue cuando conoció de verdad a Felicity. La conexión fua instantánea, y se casaron en verano de 2012 en una pequeña ceremonia privada. Ese septiembre realizaron una gran fiesta en Londres a la que acudieron actores como Colin Firth, Julianne Moore y, cómo no, Meryl Streep.

Como ha explicado el actor y cocinero amateur, al principio no le fue fácil meterse de lleno en esa romance. Él era un viudo con tres hijos; ella, una joven de apenas 30 años. “Tenía miedo de empezar una relación y no paraba de intentar romper con ella”, se sinceraba en un podcast de la BBC. “Soy 21 años mayor y no quería sentirme viejo durante el resto de mi vida. Pero sabía que era una persona increíblemente especial”, reconocía. El matrimonio ha tenido dos hijos: Matteo, de ahora 11 años, y Emilia, de ocho.
En una entrevista hace un lustro en el programa de televisión CBS Sunday Morning, Tucci hablaba sobre la pérdida de su primera esposa: “Sigue siendo duro después de 11 años”, reconocía. “Sigue siendo duro y siempre lo será. Pero no puedes dejar que… y ella nunca querría que ninguno de nosotros se regodeara en ese dolor y dejara que se apoderara de nuestras vidas. Ella nunca querría eso. No era así”. También en conversación con el diario británico The Guardian hace un par de años hablaba sobre el dolor: “Siempre está ahí. Pero si siguiera ocupando un lugar tan destacado en tu vida como al principio, no podrías funcionar. No podrías cuidar de tus hijos. No podrías mantener un trabajo. No podrías hacer nada. Así que, lo sepamos o no, nos decimos a nosotros mismos que hay que dejarlo atrás. Y, además, la persona que falleció no querría que estuvieras así”.

Su unión con Felicity le ha traído paz y alegría, como el actor, escritor y presentador siempre dice. Asegura que ambos son “muy parecidos, bastante románticos y a la vez bastante cínicos sobre ello”, comentaba en el diario británico. La pareja vive en el sur de Londres, aunque pasa tiempo en una casa de campo en la campiña británica y también en Nueva York. Blunt, abogada de formación, trabaja desde hace más de 20 años en la capital británica para el grupo editorial Curtis Brown, donde gestiona la carrera literaria de numerosas autoras, y también de su marido. El actor la alaba en cada charla, en cada entrevista, exponiendo también su valentía a la hora de empezar una relación con él, un viudo con tres hijos, siendo ella mucho más joven.
Tampoco lo han tenido fácil, porque él sufrió un cáncer de lengua, que tardaron casi dos años en detectarle, en 2017. Asegura que pasó por mucho dolor e incomodidad, y que llegó a temer no poder volver a hablar o, como apasionado de la comida que es —tanto que ha conducido programas sobre cocina en Italia, el país de sus antepasados—, incluso a comer. Contaba en esa charla en The Guardian que durante el tratamiento (para el que Blunt le insistió, pues él no quería pasar por ello), con alimentación a través de un tubo, veía incansable programas de cocina, en una especie de inevitable tortura.
Sus hijos, Matteo y Millie, como la llaman cariñosamente, tienen unas edades muy similares a las de las hijas de los Blunt-Krasinsky, Hazel, de 12, y Violet, de nueve. De ahí que a menudo viajen juntos y decidan irse todos de vacaciones, como han contado. Con discreción, con normalidad, en familia. En una entrevista con este diario hace una década, Emily Blunt comentaba que a menudo el público tendía a idealizar su vida privada, como la de tantos actores: “Porque lo que se muestra es la perfección. Gente perfecta, con maridos e hijos perfectos en una alfombra roja. No se imaginan que tus hijos tienen berrinches, no hay fotos de eso”. Al menos, los suyos pueden corretear con sus sobrinos mientras su cuñado prepara unos Negronis y un buen plato de pasta.

