
La amistad más profunda, la espiritualidad y el misticismo pueden nacer del vínculo con un animal. Así lo ha experimentado Ramiro Calle (Madrid, 82 años), escritor de numerosos libros sobre espiritualidad y crecimiento personal, experto en doctrina budista y profesor de yoga. También es pionero y referente de esta práctica ancestral en España, además de un gran amante de los animales. Por su vida han pasado varios perros, gatos y un pájaro que le dejaron huella y a los que considera como sus maestros. “He tenido animales desde niño, porque mi madre los adoraba. Desde una san bernardo, Maya, que murió de anciana a los pies de la cama de mi madre; varios gatos nómadas, que iban y venían a nuestra casa; una entrañable perra chow chow, Yuga, y una montaña de los Pirineos, Jafet. A todos ellos los he amado profundamente”, explica Calle.
Pero entre todos ellos hay uno con quien desarrolló un lazo muy especial, un gato Angora blanco de ojos dorados adoptado al que llamó Émile, por el escritor Émile Zola, y que le inspiró un libro: Lo que aprendí de mi gato Émile (Mandala Ediciones, 2022), a punto de estrenar séptima edición. “Descubrí en él su espíritu gandhiano, su maestría del manejo del presente y su capacidad empática. Nunca acarreaba rencor. Vivía cada momento sabiendo soltar el momento”, describe en este libro sobre sus experiencias con Émile, a la vez que recuerda cómo conoció a este gato, que ya murió: “Llegó a mi vida tras estar a punto de morir por una bacteria contraída en Sri Lanka y se convirtió en mi hijo, mi amigo y mi maestro”, añade el también conferenciante, que en la actualidad comparte su vida con un gato albino y travieso que abandonaron en una gasolinera con cuatro meses de edad.
La admiración y conexión con los gatos traspasa los límites de la casa del escritor, que también se ocupa de una colonia felina sin hogar. “Los gatos callejeros me inspiran una infinita ternura. Abandonados a su suerte, víctimas de individuos que les maltratan, expuestos a ser atropellados por insensatos. Muchas veces hambrientos y sedientos, despreciados e ignorados”.
Ramiro Calle ha viajado por toda Asia y es un gran conocedor de la cultura de este continente. Por esas latitudes buscó durante años maestros que le aportaran conocimiento y guía, pero fue en su casa donde descubrió al gran gurú de su vida: Émile, que le enseñó durante 11 años humildad, amor y a vivir sin rencor. “Siempre he dicho en mis conferencias que era la criatura que más me quería porque no me juzgaba. Cuando murió, parte de mí también lo hizo con él. Fuimos envejeciendo juntos, él más dignamente que yo, y uno tenía que irse antes y romperle al otro el corazón. El destino se lo llevó antes a él”, recuerda con tristeza.
Los gatos suelen ser tachados de animales egoístas y desapegados de su familia humana. “Hay muchos tópicos falsos. Cada uno tiene su propia personalidad. Deberíamos observarlos tanto como ellos lo hacen con nosotros. Son muy sensitivos a los estados de ánimo de sus dueños y tienen una especial inteligencia primordial; son maestros de zen”, afirma el experto en yoga. Y es que comprender y respetar a los gatos tal cual son forma parte del proceso de convivencia con ellos. “Son de una ternura contagiosa, pero saben mantener su espacio psíquico. Es un animal de una lealtad conmovedora. Pero hay que estar en apertura con su psicología y aceptarlos para que nos acepten”, asegura. Para el escritor, los felinos son grandes gurús del yoga. “He practicado muchos años con la presencia de gatos. Están sosegados y relajados porque son yoguis naturales. Entran en estados de éxtasis con los ojos perdidos en el infinito y se relajan como nadie”, afirma.
Pero, ¿cómo hacer feliz a un gato? El respeto y la confianza son claves para que estos animales se sientan bien en casa. “Necesitan comprobar que los humanos que comparten espacio con ellos los quieren. Les gusta mucho estar acompañados, en contra de lo que opina la mayoría de la gente, pero siempre que se respete su espacio y su tiempo. Hay que mimarles”. Para el experto en meditación, que también es un estudioso de la mente humana, el cerebro felino es más complejo de lo que parece. “Me he pasado horas y horas observando a Émile y a otros gatos. Están más allá del concepto ordinario, de las palabras. Hay que conectar con ellos desde el sentimiento, la calma, la atención plena, la compasión y la ternura. Son divertidos, ingeniosos, imprevisibles y a la par previsibles. Te rompen las estructuras comunes del cerebro y te enseñan lo que es el verdadero mindfulness, hoy que está tan de moda”.
Hay una frase del escritor Mark Twain que alude a los gatos y recuerda Ramiro Calle: “Si se cruzasen la raza humana y la gatuna, perdería mucho la gatuna y ganaría la humana”. “Quien crea conocer a un gato es un arrogante”, concluye el escritor experto en meditación.

