El hermanamiento entre ciudades es uno de los actos más sencillos y poderosos para reivindicar la unión entre lugares diferentes y distantes, tanto geográfica como socialmente. Isfahán, en Irán, está hermanada con Florencia (Italia), dos urbes que comparten bellas arquitecturas, un pasado fascinante y que son un regalo para toda la humanidad. Este acercamiento apela al sentimiento de la amistad, como dos buenos hermanos harían, por encima de la diferencia. Se trata de un lazo que no vincula a través de un nudo, sino que más bien sustenta y permite asirse sin ataduras: porque lo que hay que mantener por la fuerza es que jamás estará realmente unido. También es una manera de que naciones más jóvenes, que debieran ser humildes, aprendan de otras centenarias, y viceversa. De igual forma, las ciudades hermanadas se prestan ayuda mutuamente, con el ánimo de mejorar ambos lugares.
A finales de 2010, el Consejo Europeo de Municipios y Regiones (CCRE, Conseil des Communes et Régions d’Europe) recogía una estadística del número de hermanamientos de poblaciones europeas. A la cabeza figuraban Alemania y Francia, con 6.000, seguidas a distancia por Italia, con poco más de 2.000. España, con unas 800, se situaba en la zona media de este acto fraternal. Las ciudades y pueblos españoles cobijan una generosa lista de hermanamientos con lugares de todo el mundo: Vigo con Buenos Aires, Madrid con Burdeos, Tarragona con Pompeya, Valdepeñas con Cognac, Huelva con Houston…
Entre muchas de ellas se puede apreciar el porqué de esa camadería. En el caso de Pamplona con la ciudad japonesa de Yamaguchi (en la prefectura del mismo nombre), el hermanamiento surgió en 1980 por la figura de San Francisco Javier (1506-1552), patrón de Navarra e introductor del cristianismo en Japón. Este misionero jesuita aprendió la cultura del lugar y su idioma, fundando escuelas y cuidando a los enfermos. Como colofón a aquel acto, en el barrio pamplonica de Ermitagaña se creó un jardín japonés para reflejar ese nexo histórico, en el que hay una estatua dedicada al santo.
En este rincón verde de una de las ciudades más arboladas y ajardinadas en España se respira un poco el aire del país del sol naciente, lo que se refleja en varios momentos del año. Por ejemplo, el 5 de mayo fue el Día de los Niños (Kodomo no Hi) en Japón; para celebrarlo, en el parque Yamaguchi se izaban en un mástil varias cometas de carpas de colores, que representan a los niños y a sus familias. Así lo cuenta Verónica Serrano, presidenta de la Asociación de Cultura Japonesa de Navarra, Nihonnipon: “En este parque realizamos muchas de nuestras actividades relacionadas con Japón y su amor por la naturaleza y las plantas, como el hanami en marzo, cuando se admira la floración de los cerezos, con visitas guiadas y lectura de poesía. Es un jardín que transmite tranquilidad y que nos une con el país“, concluye Serrano, bajo los peces de tela que acaban de colgar un par de operarios municipales. Al lado, las raíces de varios cerezos japoneses (Prunus serrulata ‘Amanogawa’) asoman en la pradera que se extiende al pie de un laguito.

José Ufano, jardinero del parque, destaca que en el Yamaguchi las plantas se agrupan, creando manchas de color: “En este jardín temático japonés hay de todo un poco, desde ginkgos (Ginkgo biloba), coníferas… No todos son de origen asiático, pero intentan dar esa imagen oriental. Es un parque que cuidamos mucho; a mí, especialmente, me gustan los cipreses calvos (Taxodium distichum ‘Nutans’)”. Para Iñaki Martínez, vecino del barrio, este es “nuestro pulmón verde, en el que hay un paseo muy agradable. En su lago incluso vienen las garzas, y me encanta cuando llega la primavera y disfruto del pasillo de los cerezos en flor”, con ese guiño al hanami. Daniel Giménez y Javier Bacaicoa son dos amigos que suelen recorrer el Yamaguchi, y mientras que el primero considera que “este parque es especial, porque tiene bastante variedad de árboles y cada zona es diferente”, para el segundo “es un jardín que conecta muchos barrios de Pamplona, y me gusta porque tiene mucha tranquilidad y mucha fauna. Me parece que está hecho con mucho cariño”, recalca Bacaicoa, con una sonrisa en la cara, en medio de uno de los caminos.
También es un punto de reunión para los ciudadanos con distintas procedencias, como el argelino Ahmed Guebli, que disfruta con “el agua del estanque y de la gente amable que pasea por los caminos, me gusta que las praderas sean grandes y tengan espacio”, describe otra de las características del jardín.
Como varias de las personas entrevistadas destacan, los árboles aquí se agrupan por especies. Así, aparte de algunas ya mencionadas, se encuentra un bosquete magnífico de cedros (Cedrus atlantica), otro grupo de secuoyas (Sequoiadendron giganteum), por allá arces de Capadocia (Acer cappadocicum)… Desde la lejanía contrastan las hojas rojo oscuro del arce ‘Crimson King’ (Acer platanoides ‘Crimson King’), que resaltan entre las diferentes gamas de verdes.

Las praderas abrazan una zona más íntima, la de un arroyito saltarín entre las piedras y que desemboca en el lago, con su correspondiente puente curvo y una cascada. Este paisajismo más sencillo se diferencia de otro a disposición de la ciencia, ya que al lado del planetario de Pamplona se encuentra el Jardín de la Galaxia, en el que distintas plantas arbustivas reproducen a escala la Vía Láctea. Una de ellas es el inusual sauce ‘Hakuro Nishiki’ (Salix integra ‘Hakuro Nishiki’), con sus hojas blancas, verdes y rosadas. Color no le falta al Yamaguchi, especialmente en un momento concreto, como Pili García, también vecina del parque, recuerda: “Cuando llega el otoño, con tantos árboles diferentes, se pone precioso”.

Como colofón a este hermanamiento, las palabras de Helena Besga, de la cercana Álava, certifican la tranquilidad del lugar: “En nuestras visitas a Pamplona es un ritual para nosotros venir a este parque a disfrutar de esta paz que ofrece en todas las estaciones. Desde un banco, disfrutamos de esta belleza…”. Ojalá que nacieran más hermanamientos, que se crearan más jardines y parques, que las flores de los cerezos fueran todo lo que uno espera que explote en la conciencia humana.

