Cuando Marina Pérez (Madrid, 41 años) empezó a trabajar en la industria de la moda, aún no existían las redes sociales, ni siquiera la ya vetusta Facebook había irrumpido en nuestras vidas. Pérez ha vivido en primera persona ese cambio de paradigma según el cual el escrutinio ajeno de la imagen propia pasó de ser algo privativo de modelos, actrices y demás estrellas mediáticas a convertirse en una suerte de derecho democrático que nos otorga mágicamente el don de poder opinar sobre todo el mundo, en todas partes y a todas horas. “Ahora estamos expuestos a críticas de muchísima gente que ni conoces y que, en realidad, deberían darnos exactamente igual. Porque con quienes convivimos es con nosotros mismos y las opiniones ajenas y más tan aleatorias como las de las redes han de importarnos poco. Pueden ser de un chaval adolescente o de un señor de sesenta. Yo uso muy poco las redes sociales. Me cuesta muchísimo subir fotos. No me encanta verme. Si veo una foto más de dos veces, tiendo a sobreanalizar. De hecho, en las sesiones en las que trabajo, miro más el conjunto de la fotografía que cómo esté específicamente yo”.

Un sobreanálisis que, forzosamente y teniendo en cuenta los estándares de belleza en los que nos movemos, podría llegar a ser insostenible para una modelo pasados los cuarenta. Pero, a veces y de manera totalmente inesperada, los feroces mecanismos de la obsolescencia programada juegan a favor. “En mi caso, sucede una cosa: yo viví parte de esa etapa en la que con veintitantos años ya empezabas a hacer menos cosas. Ahí fui asimilando que mi carrera podía incluso haberse terminado y que quizás para mi trabajo ya se me consideraba alguien mayor. También es cierto que empecé muy joven y llegaba algo cansada [Pérez debutó con once años en una agencia de modelos de niños]. Pero más tarde se impuso esta tendencia de incluir todo tipo de generaciones en los desfiles. Así que, de algún modo y aunque fue muy rápido, sí me dio tiempo a asimilar el ‘venga, ya soy mayor’. Y, ahora que es cuando de verdad está sucediendo, siento que he pasado un poco el traumita y que me da un poco más igual. Es cierto que hay momentos en los que de repente me digo: ‘Pero ¿y estas arrugas? ¡Hace seis meses no estaban!’ Parece que va todo lento y de repente, ¡pum! Pero, en realidad, no me importa demasiado”.

En esta aceptación de la edad probablemente haya tenido algo que ver el esfuerzo que ciertas industrias están haciendo para abrazar, por fin, una diversidad que pasa por empezar a considerar tímidamente que se puede ser bella de muchas maneras. De algunas que se desvíen —ligeramente, seamos honestas— de los hasta ahora cánones hegemónicos. Aunque cabría preguntarse no ya tanto qué es ser bella, sino por qué se supone que hay que serlo. Y en este intento de volver industrias históricamente deshumanizadas un poco más humanas está la batalla de tratar de combatir el omnipresente edadismo. “Cuando yo empecé en esto, la carrera de las modelos no era tan larga. Con veinte años, no solía coincidir con modelos veteranas, y menos en desfiles. No era lo habitual. Ahora sin embargo es todo lo contrario. Es raro el desfile que no incluya varias generaciones. Si se piensa bien, es bastante razonable. En general, quien tiene poder adquisitivo para comprar toda esa ropa o esos bolsos son personas que tienen de treinta para arriba. Entonces, ver a niñas de 16 años desfilando con un vestido que jamás se podrían comprar igual no tiene mucho sentido”.

Esta diversidad a la que alude Pérez se ha hecho extensiva no sólo a la edad, las tallas o la raza, sino también a un tipo de belleza diferente. En el caso de Pérez, nos dice, sus ojeras, que le hicieron pasar, para sorpresa de nadie, un auténtico calvario de niña. “Tengo ojeras desde que nací. Con once años ya tenía muchísimas ojeras y es algo que se veía raro. Cuando empecé a hacer campañas con marcas más clásicas, había estilistas que luchaban por conservar mi imagen, pero se topaban con que a sus superiores no les convencía. Decían que parecía que estaba enferma. Y no, las he tenido siempre. De hecho, ¡cuanto más duermo, más ojeras! También hay una suerte de alegría en esto: en el colegio me hacían bullying por este asunto y darme cuenta, años más tarde, que no sólo no me ha venido mal, sino que se ha convertido en mi seña de identidad, me ha hecho apreciarlas y pensar que igual sin ojeras no me gustaría a mí misma. Sé que no soy una belleza clásica, sé que tengo las facciones duras, soy consciente de mis ojeras… pero en mi trabajo me ha venido bien. De todos modos, es todo tan cambiante. Mi pelo, por ejemplo. Tengo mucho y durante muchos años, siempre me lo han atado, incluso me hacían trencitas por debajo para domesticarlo. Ahora, por el contrario, me lo están soltando, dándole aún más volumen. De repente, el pelo asalvajado mola”.
Diversidad, reciclaje, producción responsable, sostenibilidad medioambiental… Un buen puñado de conceptos que atestiguan el despertar de la moda a un siglo que empieza a entender (a pesar de la resistencia de no pocos) que no todo vale. “Para mí, los animales siempre han sido muy importantes. [En alguna entrevista, Pérez ha dicho que de pequeña quería ser veterinaria]. Hacer daño a los animales me horroriza. Pienso en los abrigos de pelo… Ahora es rara la sesión o el desfile en el que te ponen pelo de verdad. He dicho muchas veces que no a llevarlo, pero era difícil porque estaba en todas partes. Alguna vez incluso he cancelado algún desfile porque directamente tenía que llevar la cabeza del animal encima. No era capaz, iba a vomitar del asco”.

En este derribar tópicos en el que parece haberse convertido esta entrevista está aquel de la posibilidad de la otra feminidad. La de reivindicar una distinta, la de mostrar otras, las no tan obvias, las no tan clichés, las no tan deudoras de siglos de mirada masculina. “Para mí ser femenina no significa ir con tacones, con joyas o con las uñas hechas. Para mí supone más un sentimiento, es algo que proyectas y que viene de dentro. En ese sentido, creo que las tres [se refiere además de a ella, a Laura Ponte y a Miriam Sánchez, probablemente las dos modelos con las que confiesa sentirse más identificada] lo somos, pero no según el concepto más extendido. Por ejemplo, yo suelo vestir más sobrio o masculino. Me puedo poner unos tacones, sí, pero nunca con una minifalda o con un top muy ceñido. ¡Todo a la vez, no!”.

Pérez reconoce que la madurez y la maternidad le han dado una cierta perspectiva a la hora de afrontar un trabajo y un orden de prioridades muy distinto al de antes de ser madre. “Soy alguien, no diría que negativa, pero me gusta pensar en cual va a ser el peor de los escenarios para estar preparada. Normalmente, antes de una sesión de fotos le daba muchas vueltas, me ponía muy nerviosa. Eso desembocaba indefectiblemente en que me saliera dermatitis. Siempre he sido muy tímida, lo sigo siendo, y el mero hecho de llegar y tener que saludar se me hacía un mundo. Ahora es más ‘dime la fecha’ y listo. De hecho, me genera mucha ansiedad que me confirmen un trabajo de un día para otro, pero creo que, en el fondo, es mejor: no me da tiempo ni a pensar ni a dudar. Es un poco ‘ya está, no hay otra, coges un avión y vas’. No me gusta, pero me viene bien. Desde que tengo a mi hija, mis prioridades han cambiado. Ya no me iría un mes a París a ver clientes. Ahora voy directa a hacer lo que tenga que hacer y si pierdo trabajos, los pierdo”. La edad, ya se sabe, es un grado.

Aquí puede ver la sesión completa de Marina Pérez con Laura Ponte y Míriam Sánchez.

Antes de enfrentar una nueva era bajo la batuta creativa de Maria Grazia Chiuri, la última colección de Silvia Venturini Fendi en la marca que lleva su apellido fue una demostración de que una casa entregada a la piel y el invierno también es capaz de imaginar los colores, las texturas y, sobre todo, las siluetas ligeras.TXEMA YESTE

Las colecciones de Sportmax, la marca más experimental del grupo Max Mara, siempre tienen ecos distópicos, imaginando un futuro uniformado con prendas blancas y/o de colores imponentes y tejidos protectores y/o sumamente ligeros. En esta colección, titulada “ligereza y movimiento” la marca redunda en la idea del básico para llevar a diario en un porvenir quizá no muy lejano.TXEMA YESTE

El director creativo de Max Mara, Ian Griffiths, es el mayor experto en mezclar el ‘power dressing’ distintivo de la casa (es decir, el uniforme arquetípico de directiva) con referencias al pasado, en concreto, a mujeres que desafiaron las normas de su tiempo. En esta ocasión, Griffiths se inspira en Madame de Pompadour, creadora involuntaria de la estética rococó, y mezcla así organza o volúmenes con las prendas funcionales de colores neutros como las gabardinas típicas de la casa. Minimalismo y maximalismo se encuentran. Y funciona.TXEMA YESTE


La piel como estructura //
Entre las prendas precisas, casi quirúrgicas, pero extremas en color y formas; entre el exceso y la contención, entre cubrir y revelar, entre el cuerpo expuesto y ocultado. La moda como ejercicio de tensión constante: ese es, a grandes rasgos, el exitoso trabajo que ha realizado Pieter Mulier en Alaïa, la firma que fue pionera en tratar el cuerpo como una escultura en movimiento.TXEMA YESTE

– Ver, pero sobre todo, tocar //
Loro Piana quiere demostrar que es mucho más que la gran firma del lujo silencioso y que sabe trabajar la artesanía y la calidad más allá del cashmere. Por eso sorprende que en esta colección, además de con el color, trabajen con técnicas como bordados, acolchados, encajes o flecos de forma igualmente exquisita. El resultado es un armario que amplía el vocabulario de la firma sin traicionarlo, donde la idea de sofisticación sigue siendo discreta a su manera.TXEMA YESTE

– Mucho más allá del tiempo //
Fue el primer desfile póstumo de Giorgio Armani, aunque él se encargó de supervisar parte de la colección antes de su fallecimiento. Con las distintas gamas de morado y, por supuesto, el negro como protagonistas, el diseñador demostró, como llevaba haciéndolo medio siglo, que sus prendas duran porque no siguen tendencias y que el estilo tiene más que ver con la comodidad y la sencillez que con el artificio y la novedad.TXEMA YESTE

El hábito hace al monje //
No es la primera colección de Demna (que verá la luz este mismo mes) pero sí una especie de aperitivo de su visión como director creativo de Gucci. La colección de primavera-verano de la casa italiana fue presentada a través de un corto titulado ‘The tiger’ y un ‘lookbook’ llamado ‘La famiglia’. En ambos el diseñador georgiano reflexiona sobre los roles sociales, los perfiles arquetípicos de las redes y, por supuesto, cómo se visten, algo que ya hizo, aunque de forma más rotunda (por ahora), en su década en Balenciaga.TXEMA YESTE

– Escenas domésticas //
Fiel a los volúmenes y los juegos de color a los que acostumbra, Nicolas Ghèsquière quiso, sin embargo, diseñar la colección de primavera de Louis Vuitton pensando en lo que él definió como “arquitectura de lo íntimo”: la ropa que te pondrías si hicieras una cena en casa con amigos. Prendas lo suficientemente cómodas como para hacerte notar que estás en tu territorio pero no tan confortables como un pijama. Una especie de moda en el umbral entre lo público y lo privado.TXEMA YESTE


– Ni horarios ni situaciones //
Día y noche, dentro y fuera de casa, arreglarse y desarreglarse. Por si no quedaba claro que Dolce & Gabbana no creen en las convenciones indumentarias, esta primavera proponen que pijamas, camisones y sujetadores se combinen con americanas, abrigos de pelo y chaquetas de lentejuelas. No es solo una provocación puntual, sino una forma de ver el vestir en 2026, cuando ciertos códigos estéticos desaparecen al fin de manera paulatina.TXEMA YESTE


El estilo francés en tres actos //
Un conjunto de falda y chaqueta de cuero con lazada, una sahariana convertida en vestido de nylon y un vestido con mangas globo, cola y volantes hecho de tela ligerísima, como si fuera un paracaídas. Con esos tres ‘looks’ en distintos colores Anthony Vaccarello ha construído toda la colección de Saint Laurent, la más reconocible de la temporada. Son tres ‘looks’ que, además, remiten directamente a Yves en los años ochenta: de su pasión por musas como Betty Catroux a su afición a las prima donnas de la ópera. Vaccarello les da un aire contemporáneo y una ligereza en los materiales propia de este siglo.TXEMA YESTE

– Autoridad y ligereza //
Una referencia a Napoleón dentro de una marca que es emblema francés, una alusión a John Galliano o simplemente, una metáfora del poder y la audacia. Los sombreros de corsario protagonizaron el debut de Jonathan Anderson en Dior. Pero, por debajo del estilismo, permanece ese juego de plisados, drapeados, pinzas y nudos en prendas ligeras que el irlandés domina como nadie.TXEMA YESTE

La importancia de perder el control //
Una fiesta que se alarga con prendas que permiten bailar hasta el día siguiente. Un día que sales de la oficina, sales a tomar algo, y se te va de las manos. En su primera colección para Jean Paul Gaultier, Duran Lantnik tradujo esa idea a diseños modulares que cambian de posición, a bodies pegados al cuerpo y a prendas compuestas de infinitas piezas que se quitan y se ponen a placer. Muchos dirán que tiene poco que ver con el legado de Gaultier, pero si Gaultier empezara hoy su marca, es probable que hiciera exactamente lo mismo.TXEMA YESTE


– El privilegio de moverse //
“Honrar la tradición mientras se abraza la independencia”. Así define Nadège Vanhee, directora creativa de Hermès, una colección inspirada en la guarnicionería, clave en la historia de la firma, pero también en prendas técnicas con pequeños acolchados, pliegues o telas fluidas que facilitan el movimiento del cuerpo.TXEMA YESTE

– Saber volver //
Chemena Kamali ha pasado media vida trabajando en el equipo de diseño de Chloé. Desde hace dos años es su jefa y sabe perfectamente qué recuperar y qué no de la firma: la bohemia burguesa de los setenta, cuando la enseña era el uniforme de las clases altas con ideas liberales, o, como en esta colección, los vestidos y las prendas drapreadas y floreadas de los ochenta, que fueron una invención de Chloé (al menos sobre la pasarela) y se convirtieron en una prenda que, marcas y modistas mediante, pobló el armario de fin de semana de medio Occidente.TXEMA YESTE

– Saber soltar lastre //
El debut de Matthieu en Chanel fue quizá uno de los más esperados de la temporada. Y también de los más aclamados. El diseñador llegó a la firma más emblemática y reconocible del mundo con una misión: quitar peso, literal y figurado, a un legado que ya se había convertido en un uniforme anquilosado. Su tweed es ligero, sus trajes de chaqueta coloristas, sus zapatos imaginativos, sus vestidos muy, muy ligeros y sus modelos sonríen. Chanel para el siglo XXI sin perder de vista el siglo XX.TXEMA YESTE

– Cruce de miradas //
En términos de identidad, Loewe es ahora mismo una de las casas más complicadas. Desde España, lugar de origen de la firma, se busca en ella artesanía e innovación marroquinera. Fuera, Jonathan Anderson logró en los últimos diez años que fuera sinónimo de ‘funcionalidad conceptual’. Esta es la primera colección de Proenza Schouler en la casa y, sin perder de vista sus raíces locales ni esos cortes severos y escultóricos de Anderson, buscan llegar a un equilibrio aportando lo que mejor saben hacer: jugar con los colores e inventar nuevas texturas.TXEMA YESTE

– Una nueva sencillez //
Además de ser mujer, algo que por desgracia no se estila mucho entre los grandes diseñadores, a Veronica Leoni le han encargado la difícil tarea de resucitar Calvin Klein, la marca que en el cambio de siglo enseñó a medio planeta que solo hacían falta una camiseta y unos vaqueros si tenían el corte y la forma perfectos. La italiana está superando el reto con materiales trabajados que simulan el papel, piezas monocolor de cortes limpios y abrigos y chaquetas que demuestran que la sastrería contemporánea no es aburrida si se sabe hacer aportando los matices adecuados.TXEMA YESTE
Créditos
Estilismo: Juan Cebrián.
Maquillaje: José Carlos González (UNO Artist) para Dior Beauty.
Peluquería: Fernando Torrent (Kasteel Artist Management) para L’Oreal Pro.
Manicura: Lucero Hurtado.
Diseño de set: Virginia Sancho.
Producción: Cristina Serrano (Marina Marco, asistente de producción).
Asistentes de fotografía: Daniel Gallar y Pablo Mingo.
Asistente digital: Jessica Rodríguez.
Asistentes de estilismo: Paula Alcalde y Carmen Cruz.
Asistentes de set: Pedro Peláez y Yaiza Gutiérrez.

