En una suite de la última planta del hotel VP Plaza España Design, en Madrid, un grupo trabaja alrededor de una mesa, en silencio. Esperando está Manuel Turizo (Montería, 25 años), que tiene una jornada maratoniana por delante para promocionar su nuevo proyecto. El cantante colombiano recibe con gorra, que no se quita ni para la sesión de fotos ni para la entrevista. Se sienta en una silla y comienza la conversación con el Palacio Real, la catedral de La Almudena y la plaza España como telón de fondo, unas vistas de la capital que de vez en cuando le hacen desviar la mirada. “Me encanta estar aquí”, afirma el artista, que acaba de lanzar Apambichao junto a Maluma, la carta de presentación de su próximo disco que lleva el mismo nombre y se publicará el 9 de abril.
Apambichao es una expresión cultural que transmite actitud y energía. Para Turizo también es el cómo quiere vivir y disfrutar de la vida: “Es vivírtela a tu modo, a tu tiempo, sin afanarte, sin andar corriendo… A lo tuyo. Haciendo lo tuyo por ti”. Este 2026 se cumplen 10 años desde que saltó a la fama con Una Lady Como Tú, y desde entonces no se ha bajado de la ola. “Llevo varios años en el mismo punto: simplemente siendo feliz y haciendo lo que me hace feliz. Sigo evolucionando, aprendiendo… En mi día a día intento simplemente conectar y estar presente con lo que más disfruto y dar todo lo que puedo en lo que hago”, explica.
Reconoce que esta década ha estado cargada de mucho trabajo, pero que ha sabido gestionarlo del modo que él ha querido. “No todos los días tengo las mismas ganas de montarme en una tarima a dar un concierto o no estoy pensando en eso porque estoy cansado y no tengo el ánimo para hacerlo. Pero creo que son cosas elementales que a cualquier persona le pasan en su vida; es parte del día a día. Pero tienes un compromiso. Cuando se vuelve tu labor de vida, baja un poquito la ilusión en tu cabeza”, explica. Y añade: “Hay ciertos momentos en los que tienes estrés y en los que ya se vuelve un compromiso. Pero para mí no deja de ser una bendición, un disfrute… Si no, no haría esto”. Las redes sociales y el mundo globalizado en el que vivimos nos han obligado a todos a poner una marcha más, a ir más rápido: “No disfrutamos de la vida, vamos corriendo por todo y nos dejaron de enseñar a estar ahí, estar en el lugar”.

Pero, para Turizo, cada momento es especial. Su energía está focalizada en el nuevo proyecto: su quinto álbum de estudio, en el que regresa a sus raíces. “Siento que es algo que siempre vas a llevar contigo. No es como volver, porque siento que nunca me he ido [de Montería, su tierra natal]. Es algo que siempre vas a llevar en tu subconsciente, en el código de barras de lo que eres”, asegura quien tiene fijada su residencia en Miami (EE UU). Considera que es ahora cuando ha alcanzado su punto de mayor madurez en todos los aspectos de su vida. “Nunca dejamos de aprender ni de evolucionar, es un ciclo hasta que nos pudrimos y nos morimos”, y así seguirá siendo en el futuro para él: “Hasta que lo disfrute, hasta que sea feliz. Antes quizá te hubiera dicho de manera más ambiciosa que quiero llenar estadios, que amén, pero ahora quiero ser feliz, hasta que Dios decida dónde tiene que llegar lo que yo haga”.
La música siempre estuvo presente en su vida, aunque no siempre tuvo claro si esa era una posibilidad de futuro. “Todo ha sido como una película, como cuando la vida te pasa en flashbacks. Esa etapa de la adolescencia en la que estaba buscando qué quería, el lugar en el que me sentía bien o el traje que me quedaba bien. Esto era con lo que más disfrutaba y lo que más amaba. Antes de que esto fuera una realidad, porque no lo ves accesible o alcanzable, te convences de que esta pasión que tú tienes es algo muy difícil”. Han pasado los años, pero la esencia sigue intacta: “Me he vuelto más seguro, más atrevido, más soñador y más feliz. La ilusión cambia, se transforma. El amor por la música nunca se me va a quitar”.
Acumula 14,7 millones de seguidores en Instagram y 35 millones de oyentes en Spotify, pero Turizo ha conseguido mantener su vida íntima alejada del escrutinio público: ni rastro de imágenes junto a su familia o su pareja en redes sociales, y él prefiere que no se hable de eso. “Este mundo a veces te quiere convencer o te quiere llevar a que tienes que ser un personaje de la fama. En algún punto no lo entendía o no sabía cómo manejarlo, y te quieren empujar inconscientemente a que toda tu vida se vuelva un motivo de fama, que te vuelvas como un muñequito de estantería”, puntualiza. Y añade: “A mí me gusta de esa manera: estoy tranquilo y estoy bien. Creo mucho en la energía y la cuido mucho… Eso es mío, solo mío”.
Afirma que no es de los que mira con recelo al pasado, porque “todo te enseña”: “Hasta ahora no me ha pasado nada tan grave, gracias a Dios, para que algo me pese más de lo que me enseñó”. Sabe cómo manejar la presión, pero le cuesta controlar su mente: “Me pueden más las expectativas que yo tengo de mí. Uno tiene que ser su mayor juez en la vida. Todo lo que lleve mi nombre, o lo que yo haga, quiero que sea de verdad valioso, tenga cariño y se haya hecho de verdad. Si no, no quiero estar presente en eso”. En otras palabras, solo quiere estar y dar a sus seguidores el mejor nivel y las mejores propuestas. “Todos tenemos expectativas y no siempre se va a cumplir lo que proyectas en tu cabeza. Hay que explotar esas ideas y dejar que esa cabeza loca hable y saque esas ideas de ahí. No hay que juzgarlas porque no todos tus resultados van a ser iguales”, añade.

Por el momento, no piensa en hacer un parón en su carrera: “No voy a dejar la música porque yo no creo que deje de hacer música nunca. Pero tengo muy claro que no toda mi vida le voy a dedicar el 100% de mi energía y mi tiempo a esto. Desde mis 17 años hasta hoy no he pensado y no quiero pensar en nada más, pero sé que no solo se trata de esto. Quiero vivir otras cosas, quiero disfrutar de mi gente…”.
La música latina está viviendo en 2026 uno de sus mejores años, en parte aupada por Bad Bunny, su Grammy a mejor disco del año y a su actuación en el intermedio de la Super Bowl. “Hay una cultura nueva de amor a lo propio, a nuestra raza, a lo que representa cada quien. Es un sentido de pertenencia muy chimba. Me parece que eso tiene mucho que dar en el arte, en lo que hacemos”, analiza. ¿Qué significó para él la actuación del puertorriqueño? “Siento que más que música fue política. Me parece brutal tener, en un punto con tanta tensión en la política, un mensaje tan chimba en un evento tan grande”.

