La actriz Amanda Peet (Nueva York, 54 años) siempre supo que tenía altas probabilidades de ser diagnosticada con cáncer de mama, algo que finalmente ocurrió en el otoño de 2025. En un íntimo ensayo publicado este sábado en The New Yorker, la intérprete de El amor es lo que tiene (2005) relata que además de pensar constantemente en cuanto tiempo le quedaba de vida hizo frente a su diagnóstico mientras se enfrentaba a las muertes de sus padres, ambos enfermos de párkinson. “Durante muchos años, me han dicho que tengo los senos densos y con mucho volumen, no como un cumplido, sino como una advertencia de que requieren un seguimiento constante”, comienza en su escrito. A Peet le diagnosticaron cáncer de mama lobular y, tras buscarlo en internet, se percató de que era más complicado y agresivo de lo que pensaba. Un diagnóstico del que sus padres no se llegaron a enterar: “Mis padres, divorciados desde hacía mucho tiempo, estaban ambos en cuidados paliativos y vivían en costas opuestas”.
“Había estado visitando a una cirujana de mamas cada seis meses para revisiones. El viernes anterior al Día del Trabajo [que en EE UU se celebra en septiembre], fui a lo que pensé que sería una ecografía de rutina. La doctora K. solía charlar conmigo mientras me examinaba, pero esta vez se quedó en silencio. Me dijo que no le gustaba cómo se veía algo en la ecografía y que quería realizar una biopsia. Después del procedimiento, dijo que llevaría la muestra a Cedars-Sinai y la entregaría personalmente a patología. Fue entonces cuando lo supe”, relata la actriz de películas como Cuando menos te lo esperas (2003). “A la mañana siguiente, me desperté con un mensaje de la doctora K., quien tenía un informe preliminar. El tumor parecía pequeño, pero necesitaría una resonancia magnética después del fin de semana festivo para determinar la extensión de la enfermedad. El martes también conoceríamos el estado de mis receptores, lo que indicaría la agresividad de mi tipo de cáncer”, recuerda.
Enterarse de que tenía cáncer por teléfono ya fue suficientemente duro, y además estaba sola en casa. La única persona cerca en ese momento era su madre, quien vivía en una pequeña casa en el jardín de la actriz. “Ni se me pasó por la cabeza ir a decírselo porque estaba en la fase terminal del párkinson”, cuenta. Su padre vivía muy lejos y casi al mismo tiempo su hermana la llamó para avisar que él estaba a punto de morir. “La enfermedad de nuestra madre había comenzado en junio, pero la de nuestro padre apenas llevaba una semana, así que no esperábamos que él fuera el primero en fallecer”, recuerda en su ensayo. “Me sentía culpable por no llorar tras su muerte, pero al menos tuve un respiro de tener que pensar cuánto tiempo más me quedaba de vida”.
La actriz Sarah Paulson compartió el emotivo mensaje de Peet en una publicación en su perfil de Instagram, donde reúne cuatro millones de seguidores, y anunció que ella es la encargada de ponerle voz al ensayo en el artículo en audio. “Mi mejor amiga, Amanda Peet —lo más raro del mundo es decir su nombre completo en voz alta, porque yo la llamo Bird—, pero ese es el nombre que le pusieron sus padres. Me parece apropiado usarlo aquí, ya que ha escrito un ensayo profundamente hermoso sobre la pérdida de sus padres, mientras lidiaba con un diagnóstico de cáncer de mama. Espero que todos se tomen el tiempo para leerlo. Si andan ocupados con otras cosas, grabé el audio y pueden escucharme intentar hacerle justicia al texto. Bird, te amo”.
Según relata la actriz, solo podía pensar en la muerte y en que la siguiente en irse sería su madre. Así que por mucho tiempo se despedía de ella pensando que era la última vez que la vería con vida, pero así estuvo durante meses. “La idea de que ella seguía allí dentro, pero no podía comunicarse me carcomía”, dice sobre su madre que a penas podía decir sí o no, antes de disociarse y mirar hacia la nada. “No tenía espacio en mi cerebro para su enfermedad y la mía”, cuenta Peet, que decidió alejarse un tiempo de su madre hasta saber con certeza el estado de su propia enfermedad. “No soportaba verla hasta que supe que no iba a morir junto con ella”, confiesa.
Finalmente, recibió más información: “Puse a la doctora K. en altavoz, y ella nos dijo que yo era receptora hormonal positiva y HER2 negativa”. Eso era una buena noticia, y se puso feliz durante 10 minutos hasta que recordó que aún necesitaba la resonancia magnética. “Volví a sentir el terror de siempre. La doctora K. me dijo que el radiólogo revisaría mis ganglios linfáticos, así como ‘el lado izquierdo por si acaso’ y me llamaría con los resultados en una semana. Empecé a darme cuenta de que los diagnósticos de cáncer llegan poco a poco”. La actriz no quiso decirle nada a los tres hijos que comparte con David Benioff ―uno de los creadores de Juego de tronos― hasta saber más. Se lo contó cuando supo que solo necesitaría una lumpectomía y radioterapia y no una doble mastectomía ni quimioterapia: “Molly lloró, y Frankie, que me llamaba por videollamada desde el campus de su universidad, se tapó la boca con la mano y la mantuvo así hasta que pudo asimilar la buena noticia: que parecía que tenía cáncer en estadio I y que no iba a necesitar quimioterapia”.

Su madre finalmente murió el pasado mes de enero, en brazos de Peet. “La morfina tardaba una eternidad en hacer efecto, y ella miraba al techo y sollozaba, así que me subí a su cama. Nuestras miradas se cruzaron y se calmó, y entonces ella y yo seguimos mirándonos fijamente durante lo que parecieron varios minutos. No estaba segura de si mi madre sabía que me estaba mirando o si yo era solo una constelación de formas interesantes y sin cuerpo. Dije ‘hola, garabato’, así es como me saludaba a menudo. Pero entonces me di cuenta de que se estaba comunicando sin palabras, y la imité. El tiempo se acababa y, además, ya le había contado todo”, concluye su ensayo.

