Iniciar una carrera en el mundo de la interpretación es difícil, pero mantenerla suele serlo todavía más. Sobre todo, si se es mujer y se supera la treintena. Joan Collins reflexionaba sobre ello en una entrevista con The Mirror en 2015. “Todas las actrices mayores de 35 años sufren discriminación por su edad. Una vez me eligieron para un papel en televisión cuando tenía 39 años. Mi agente les dijo que tenía 32 porque los aparentaba. Conseguí el papel, pero al final el productor me dijo: ‘Dios mío, tienes 39 años. Si lo hubiéramos sabido, jamás te habríamos elegido‘. Le dije: ‘¿Por qué no?’, y él me respondió que quería a una mujer de 32 años. Hoy no importa cómo te veas, sino la edad, y ahora solo tienen que buscar en Google”, criticó la actriz británica. Sin embargo, la estrella de Dinastía, que cumple 93 años este sábado 23 de mayo, se ha convertido en una clara excepción a esta regla.
El pasado 12 de mayo, una deslumbrante Collins acaparó todo el protagonismo en Cannes cuando recorrió la alfombra roja con una elegancia más que estudiada. Según confesó en una entrevista con Deadline, estuvo tomando clases de baile para deslizarse con gracia ante las cámaras del famoso festival de cine. “Quería poder pisar la alfombra roja sin parecer un bulto”, reconoció al medio especializado en cine. “Nunca me ha gustado caminar. Siempre que veía a Isabel II o a la Reina Madre paseando, pensaba: ‘¿Cómo pueden hacer eso? ¡Qué aburrido!’. El único momento en el que quiero caminar es cuando estoy paseando por los grandes almacenes Selfridges”, comentó con su característica agudeza.
Collins presentó en Cannes My Duchess, la película en la que encarna a Wallis Simpson, la mujer por la que Eduardo VIII renunció al trono. La trama se centra en los últimos años de la duquesa de Windsor —fallecida en 1986, a los 89 años—, en plena decadencia física y mental, cuando fue maltratada y estafada por su abogada, Suzanne Blum, a la que interpreta la gran Isabella Rossellini (Roma, 73 años). Estas dos veteranas actrices no solo han demostrado que las puertas de la industria cinematográfica pueden permanecer abiertas a mujeres de su edad, sino que, además, ha sido preciso desmejorar su imagen, algo impensable para ellas en el pasado. “Por primera vez, no me importaba mi aspecto. No me peiné ni me maquillé. Simplemente me relajé y ellos [el equipo de estilistas] se encargaron de todo”, contó también Collins a Deadline.
Hija del agente teatral Joseph William Collins y la profesora de baile Elsa Bessant, el debut actoral de Joan Collins no se hizo esperar. La mayor de los tres hijos del matrimonio —es hermana de la escritora de éxito Jackie Collins, fallecida en 2015, y del agente inmobiliario Bill Collins— se estrenó como actriz de teatro en 1942, a los 9 años, en una adaptación de la obra Casa de muñecas. Más de ocho décadas después, sigue protagonizando películas, como A Murder Between Friends —estrenada el pasado enero— y escribiendo libros: ya van 13, entre novelas de ficción y memorias. Las últimas, Behind The Shoulder Pads: Tales I Tell My Friends, las publicó en 2023 y están cargadas de explosivas confesiones sobre acoso en la industria.
Collins no se muerde la lengua, como ha demostrado en entrevistas y ha confirmado en los libros en los que recuerda su vida. En las citadas memorias, por ejemplo, sitúa su primer “encuentro desagradable” en 1952 —con 18 o 19 años—, durante las pruebas para la película I Believe in You. Cuenta que uno de los productores se le había insinuado tanto que tuvo que esconderse en un armario y esperar hasta que se marchara del estudio. Un día, sin embargo, la interceptó de camino a casa y la animó a subirse en su Bentley. “Durante el viaje, me agarró la mano y la puso en su bragueta abierta. Grité horrorizada y aparté la mano. ‘¿Qué pasa? ¿No quieres el papel?’, me dijo lascivamente. ‘No tanto’, grité, rompiendo a llorar de manera casi infantil cuando me di cuenta de que había desperdiciado mis posibilidades”, recuerda en el libro.

No menciona el nombre de ese productor, pero sí el de unos cuantos colegas con los que tuvo experiencias similares. Como el del director de Fox Buddy Adler, de quien dice que le propuso darle el papel de Cleopatra en la película homónima —que acabó haciendo Elizabeth Taylor— y un buen apartamento a cambio de que pudiera visitarla tres o cuatro veces por semana. O el del actor Richard Burton, con quien coincidió en La esposa del mar (1957), quien le dijo que debían acostarse para no “acabar con su récord”, que consistía en irse a la cama con todas sus coprotagonistas. Ella se negó y él dejó de hablarle, igual que el también actor George Peppard, después de rechazarlo alegando que estaba casada y tenía hijos, a lo que él le reprochó que tenía “demasiado cuadrada la mente” y convirtió en una pesadilla el rodaje de El ejecutor (1970).
Cuatro polémicos exmaridos y un alma gemela
Historias como estas tiene muchas, muchísimas, y aun así Collins ha sabido salir airosa de las garras del viejo Hollywood. Fuera del entorno laboral también sufrió abusos. En sus primeras memorias, Past Imperfect (1978), describió cómo fue drogada y violada por el actor Maxwell Reed cuando era todavía una adolescente virgen. Se casaron poco tiempo después —“lo cual sé que es difícil de entender”, confesó a The Guardian—, en 1952, cuando ella tenía 18 años y él 33, pero el tormentoso matrimonio solo duró cuatro años.
Volvió a pasar por el altar en 1963 con el músico Anthony Newley, con quien tuvo dos hijos: Alexander (conocido como Sacha, de 67 años) y Tara (62). En este caso, Collins salió en defensa de su difunto exmarido cuando, en 2017, Sacha lo acusó de pedofilia en una entrevista con The Times. “Jamás en la vida me habría casado con alguien así. Puedo afirmar categóricamente que no es cierto, que nunca vi ese tipo de comportamiento por parte de Anthony”, aseguró ella en Good Morning Britain.

En 1972, un año después de divorciarse de Newley, volvió a darse el “sí, quiero” con el empresario Ron Kass, con quien tuvo una tercera hija, Katyana (53 años). El matrimonio duró 11 años, pero la ruina financiera y la adicción a las drogas de él lo acabaron dinamitando. Aun así, la actriz siguió siendo su amiga hasta que Kass murió de cáncer en 1986. El matrimonio más corto fue el que tuvo con el cantante Peter Holm: se casaron en noviembre de 1985 y ella solicitó el divorcio en diciembre de 1986, alegando su carácter violento y calificándolo como “la persona más conflictiva que jamás había conocido”.

Parece que a la quinta va la vencida. Collins pasó por el altar por última vez en 2002 con el productor Percy Gibson. Se conocieron en el teatro dos años antes, cuando ella protagonizaba una obra para una compañía que él dirigía en San Francisco. “Fue emocionante, fantástico, y nos enamoramos perdidamente. Por fin he encontrado a mi alma gemela, a mi marido para siempre”, declaró a la BBC sobre aquel primer encuentro. “Besé a muchos sapos antes de encontrar a mi príncipe”, escribió en sus memorias de 2011, The World According to Joan. Hasta la fecha, no se ha equivocado. El pasado febrero, Collins compartió en Instagram —donde tiene 600.000 seguidores— una foto en la que posaba muy sonriente junto a su marido en la celebración de su 24º aniversario. “24 años de felicidad nupcial. Gracias, querido Percy, por hacer mi vida tan maravillosa”, escribió la intérprete.
Respecto a su diferencia de edad —él tiene 61 años, 32 menos que ella—, la intérprete dejó claro en su último libro que si a ella no le importa —“Es solo un número”, escribió—, a él todavía menos: “Tengo una gran vitalidad y entusiasmo por la vida y todo lo que ofrece. ¡Percy suele admitir que soy capaz de agotarlo!”.
Collins ha actuado en más de 60 películas y 15 obras de teatro. El papel que la encumbró como diva internacional le llegó a los 47 años, cuando empezó a dar vida a la tan sofisticada como vengativa Alexis Colby, la villana de Dinastía (1981-1989). La actriz conquistó a público y crítica —le valió un Globo de Oro y una nominación al Emmy—, además de convertirse en un estándar de la moda ochentera. “Después de haber estado en Dinastía durante dos o tres años, apareciendo en la portada de todas las revistas y siendo bastante popular, pedí un aumento y lo rechazaron de plano, diciéndome que el actor que interpreta a Blake [el protagonista], John Forsythe, tenía que ganar mucho más que yo”, recordó en el programa Lorraine en 2017. Aun así, en la última temporada de la serie consiguió convertirse en la actriz mejor pagada de la televisión —ganaba 120.000 dólares por episodio, 5.000 menos que Forsythe—, con la consiguiente eliminación de su personaje en varios capítulos porque, según los productores, no podían permitirse su caché.
La que no dudó en reconocer el talento de la intérprete fue la fallecida reina Isabel II, que la nombró Dama del Imperio Británico en 2014. “Nunca aspiré a nada de esto. Solo quería ser una actriz ocasional”, dijo a la BBC un año después, cuando recibió la condecoración de manos del entonces príncipe Carlos. Según ha contado ahora a Deadline, la fama tampoco entraba dentro de sus planes: “Si quieres ser famoso, vas a ser infeliz. A mí no me importa ser famosa. Cuando rodaba Dinastía, la gente me acosaba. No podía ir a ver sujetadores a Bloomingdale’s sin que alguien se me acercara y me pidiese el teléfono. Me resultaba un poco irritante, pero pensaba: ‘Esto pasará”.

Efectivamente, esa enorme ola pasó y ahora dice disfrutar de una vida tranquila junto a su marido, con quien se permite puntuales baños de masas como el de Cannes. Entre sus consejos para mantenerse así de estupenda a los 93 años, están hacer media hora de ejercicios de fisioterapia, comer un aguacate diario, aplicarse protector solar siempre que sale de casa o dormir boca arriba, según recoge Daily Mail. “Antes dormía de lado, acurrucada en la almohada, pero me dijeron que no lo hiciera porque te deja la cara arrugada, lo cual es totalmente cierto”, reconoció en 2017.
En Deadline también cuenta que duerme ocho o nueve horas diarias, pero que a veces se levanta a las tres de la mañana y lee un libro o navega por Instagram intentando evitar fijarse en los comentarios. “¿Le duelen los mensajes negativos?“, le preguntan. “Mis hijos podrían hacerme daño, Percy podría hacerme daño, pero no voy a dejar que me haga daño un cobarde que se esconde tras un teclado”, responde ella. Un puñado de haters es la última preocupación de Joan Collins a estas alturas de su vida, cuando ni siquiera se puede hablar de su regreso a la interpretación porque nunca se ha ido, sigue activa más de 80 años después de su debut, tan radiante como siempre.

