La temporada de conciertos aromáticos se inicia en breve, aunque ya hay plantas que llevan unas cuantas semanas dejando flotar su esencia en el aire. Hace tiempo que el macasar (Chimonanthus praecox) tiró al suelo sus campanas de cera, con ese espíritu fresco a azahar y a jazmín, un olor que se hace aún más dulce por florecer en el frío intenso. Pero ya ha cogido el relevo el llamado arbusto de papel (Edgeworthia chrysantha), una especie poco frecuente —por desgracia— cuyas inflorescencias doradas dibujan sonrisas en el rostro de quienes las huelen. Para inhalar esta mezcla dulce, con un punto ligero de vainilla, hay que agacharse y hacer una reverencia, ya que sus florecitas cuelgan pertinentemente para evitar que la lluvia las inunde.
Las violetas (Viola odorata) están algo exhaustas en muchas regiones de España, porque son incansables en producir su aclamado perfume incluso desde diciembre, si bien es ahora cuando crean unas ráfagas finales y se lían a crear corolas y más corolas moradas, lilas, blancas… con las que sorprender a los fieles polinizadores. Estos han de elegir entre ellas o los cercanos alhelíes (Erysimum spp.), vegetales de la familia de la coliflor o el repollo, pero de olor más refinado que esas verduras. La suavidad de caramelo que emana de sus cuatro pétalos es comparable a la de otra pariente, la mielaria blanca (Lobularia maritima), cuya esencia es la de la miel, como su nombre indica.

Los narcisos (Narcissus spp.) han acompañado a las violetas en esta estación fría, aunque su fragancia no es agradable para todas las personas, y algunas la encuentran incluso algo hedionda. Otras bulbosas de floración invernal tienen más adeptos incondicionales, como les ocurre a los jacintos (Hyacinthus orientalis), que no tardarán en asomar sus cabezotas de intenso aroma pintadas de azules, blancos o rosados, a los que se añaden algunos amarillentos.

Es momento de mencionar el perfume del árbol heraldo de la primavera: el almendro (Prunus amygdalus). Muchos ejemplares ya han terminado de florecer en las islas Baleares, y la oleada de su esencia continúa la apertura hacia el Levante español y el centro peninsular. Si un abejorro siguiera los pasos de estos frutales, a medida que despliegan sus pétalos y ofrecen su polen y néctar, lo veríamos volar durante un par de meses entre aquellas islas y las regiones más frías del país, para finalizar en marzo en zonas de Huesca o de Lleida. De la base de sus cinco pétalos blancos y sonrosados exhala una calma suave, con toques a almendra dulce y algo lejanos a almendra amarga, que despierta la pituitaria ante la proximidad vernal. El aladierno (Rhamnus alaternus) compite con estas notas fragantes, ya que también florece ahora y recuerda con sus minúsculas florecitas al perfume del almendro.

En febrero florece el romero (Salvia rosmarinus), dice el refrán, aunque lo hace desde diciembre y hasta marzo, con un periodo muy variable según dónde crezca y los recursos que tenga la planta. Sus bocas florales poseen una esencia más delicada que la de las hojas, lo que hace que, a veces, terminen decorando alguna comida.
Algunas magnolias de hoja caduca, como la popular Magnolia × soulangeana, comienzan a mostrar síntomas de una cada vez más próxima floración gracias a los días soleados que se abren entre medias de las tormentas. Cuando se produzca la apertura, su olor reclamará la presencia de las abejas, que disfrutan rebozándose entre sus estambres rebosantes de polen.

Asimismo, los diferentes jaramagos de flor amarilla, y más frutales, empiezan a reclamar su lugar en la brisa aromada de finales del invierno. Las plantas ofrecen un curso gratuito de perfumería, y nos enseñan la mejor forma de conjuntar las esencias, a mayor gloria de la naturaleza.

