
Este miércoles 22 de abril Netflix ha estrenado el esperado documental sobre la leyenda estadounidense de la lucha libre Hulk Hogan, fallecido el 24 de julio de 2025, a los 71 años, de un ataque al corazón. Dirigido por Bryan Storkel, Hulk Hogan: Real American tiene un formato miniserie de cuatro capítulos. Fue grabado cuando Terry Bollea —nombre real de Hogan— aún estaba vivo, contando con acceso al luchador, incluso en sus últimos días. Pero lejos de mostrar la verdad detrás de aquel mediático y polémico personaje, que se hizo tan popular en la cultura de EE UU y pasó luego a los televisores españoles de los ochenta a través del pressing catch de los sábados por la mañana, la crítica especializada anglosajona coincide en que el título no es lo único patriótico y exagerado de esta producción. También dejan claro que se descubre poco de aquel bajista californiano de físico singular que acabó siendo un referente del wresting para luego bajar de ese olimpo por, entre otras polémicas, sus comentarios racistas.
“Descubre al hombre detrás de la leyenda en este documental sin censura que incluye su última entrevista”, reza la promoción lanzada por la plataforma. Mientras, el medio especializado The Hollywood Reporter (THR) lo califica de “un reportaje publicitario de cuatro horas”. Desde las primeras líneas de su reseña, el crítico Daniel Fienberg pide a quien vaya a ver los cuatro episodios de Storkel sobre el luchador que no espere la gran revelación sobre Hulk Hogan, sino más bien un “documental mediocre” que ofrece más fachada que “sustancia o profundidad”. Asegura que, a pesar del título, verlo tampoco es garantía de saber lo que significa, “para bien o para mal, ser un ‘verdadero estadounidense”. Sobre uno de los aspectos más jugosos de la producción, la aparición del presidente Donald Trump, del que Hogan era un declarado seguidor, avisa de que es “una aparición sin energía”, aunque el mandatario estadounidense sale “ampliamente y sin decir nada de fondo”.
Para Chris Bennion, quien firma la reseña de Hulk Hogan: Real American en el diario inglés The Telegraph, el metraje de Storkel es una “absorbente y frenética serie documental”. El crítico escribe que, como su protagonista, está “repleta de esteroides”, además de “obsesionada y fascinada por la imagen y el impacto del luchador vestido de licra roja y amarilla; se confunde y repugna ante sus fracasos; y no tiene ni idea de dónde termina Bollea y dónde empieza Hogan”. Sobre todas las controversias que relata el documental, y que marcaron la vida pública de Hogan, asegura que “son tan numerosas que la serie no tiene tiempo para abordarlas todas”. Pero sí que muestra la que, quizás, sea “la más importante”, o, al menos, “su primera caída en desgracia, cuando, a principios de la década de 1990, se reveló que había estado consumiendo esteroides durante toda su carrera”.
Sobre el consumo de estas sustancias, y como recoge la revista estadounidense People, en el documental Hogan admite: “Por supuesto que mentí”. A pesar de haberlo negado rotundamente en el pasado —tan solo admitió un consumo mínimo durante el juicio federal de 1994, contra el exdirector ejecutivo de la WWE—, revela en la serie que comenzó a usar esteroides dos años después de terminar la Secundaria, asegurando que su “mentalidad en aquel entonces” era que “los esteroides eran más seguros que el azúcar”. Pero no fueron las únicas sustancias que el luchador confiesa haber consumido: en 2009, después de divorciarse de Linda —su primera mujer, con quien se casó en 1983— y de que esta le dejara “sin un centavo”, consumió una importante cantidad de fentanilo mientras competía en la TNA Wrestling (otra empresa de lucha libre), como declara en Real American: “Mi cuerpo ya no podía más. Tomaba 80 miligramos de fentanilo, dos por la mañana, metiéndomelos debajo de las encías; llevaba dos parches de 300 mg de fentanilo en las piernas y me daban seis piruletas de 1.500 mg de fentanilo para comer”, llega a contar, antes de recordar: “En la farmacia me dijeron: ‘Deberías estar muerto. Nunca hemos visto a un ser humano tomar tanto fentanilo”.
La cinta cuenta, además, con otras voces cercanas al deportista, como su viuda, Sky Daily Hogan, quien ha revelado que ella y su marido recibieron amenazas de muerte después de que este mostrara su apoyo a Trump en un mitin del Comité Nacional Republicano: “Recibimos algunas cartas con amenazas de muerte, pero, la verdad, para la imagen general de patriota fue genial”, asegura en el documental. “Conocí a Donald Trump allá por los años 80 y es mi amigo”, dice Hogan en uno de los episodios: “Mucha gente diría que estoy completamente loco [por apoyarle], pero conozco a la persona. Lo conozco muy bien. No digo que esté de acuerdo con todo lo que hace, pero al menos es honesto sobre quién es”, continúa.
En la cuenta de Instagram de Hulk Hogan, aún operativa incluso casi un año después de su fallecimiento, y en la que 2,6 millones de seguidores siguen abonados a las actualizaciones y recuerdos, se publicó el pasado 6 de abril el cartel de la serie. En este se le puede ver sobre un fondo amarillo muy fuerte, con su característico bigote rubio y su dentadura reluciente, arrancándose la camiseta como en sus mejores tiempos sobre el cuadrilátero, cuando era el Hogan que todos recuerdan.

