Andrea (25 años) llevaba un año viviendo con su pareja y decidieron ir a un viaje con la familia de él a Orlando, Florida. Lo habían pagado todo: el hotel, los vuelos y las entradas para el parque Universal Studios. Poco tiempo antes del viaje decidieron terminar la relación por una infidelidad de parte de él. Aunque la ruptura no fue amistosa, estuvieron de acuerdo en vivir juntos para ahorrar hasta que uno de los dos encontrara un lugar al que mudarse. La convivencia mejoró poco a poco y, cuando la familia de él le pidió que fuera al viaje sin importar que ya no estuvieran juntos, Andrea aceptó. Pensó que sería mejor que perder las reservas porque, de todas formas, si cambiaba el billete de avión tenía que pagar bastante dinero.
Hacer una reserva es cada vez más complicado y se hace cada vez con más antelación, ya sea que uno pase horas en la cola virtual para conseguir entradas para un concierto ―que, además, ocurrirá dentro de un año― o comprando un vuelo con meses de anticipación y reservando una habitación de hotel para ahorrarse unos euros y asegurarse las vacaciones. Estos planes requieren de tiempo, permisos, ahorros… y por eso, muchas parejas planean sus actividades hasta con meses de antelación. Pero, ¿qué pasa con los que terminan la relación antes de un viaje todo reservado?, ¿o de un concierto? Según un estudio de la plataforma de turismo TUI Musement, más de la mitad de los viajeros, el 51%, se plantearían ir con su expareja al viaje y el porcentaje sube a 62% entre la generación Z (entre 18 y 29 años). Eso sí, el 26% solo lo haría si la separación fuese amistosa.
Pese a la ruptura, Andrea finalmente fue al viaje y lo único que logró cambiar fue tener dos camas individuales en la habitación del hotel. Conforme iban pasando los días, más se arrepentía de haber ido. Le dolía presenciar actitudes de él y, además, la familia de su expareja asumía que volverían a estar juntos y era “demasiada presión” para ella. “Fue una experiencia que ahorita no volvería a repetir. Me arrepiento de haber ido, fue bastante incómodo para todos”, recuerda.

La psicóloga Sofía García explica que muchas personas podrían decidir viajar con un ex porque “puede haber una fantasía de reconciliación o de querer cerrar un ciclo”. “Las expectativas, esas fantasías que se tienen previas sobre cómo va a salir el viaje, qué va a pasar o qué tan bien nos la vamos a pasar, muchas veces pueden ser un punto de quiebre al enfrentarse con una realidad distinta”, asegura.
Para Andrea, el tema de los gastos también fue un problema incómodo porque no lo discutieron antes del viaje: “Cuando estaba de buenas me invitaba a cosas, me decía ‘yo te pago esto’; y cuando estaba de malas era: ‘Me debes tanto dinero”. El mismo estudio revela que gestionar el presupuesto de una escapada es una de las principales fuentes de tensión para las parejas. Las peleas en los viajes suelen ser comunes por estrés y por la convivencia continua. Más del 42% de los encuestados reconocen haber discutido más de lo esperado con su pareja durante unas vacaciones. Sobre todo por razones como una actitud negativa o quejarse demasiado, ser desorganizado y por una mala gestión del dinero.
Como la de Andrea hay muchas más historias: Santiago (29 años) sabía que la relación no iba a funcionar, pero tenía un viaje con su pareja, decidió ir y terminar la relación solo después de que acabaran las vacaciones: “No quería desperdiciar el viaje”. La psicóloga García considera que “muchas veces esta parte económica pesa más que la parte emocional”. Y explica: “El contexto social, económico, cultural de cada uno interfiere de una manera muy importante en cómo uno piensa, en cómo uno siente y en cómo uno se desenvuelve. Esto genera que no se tome una decisión por lo que uno quiere, sino por lo que uno también necesita. Sobre todo en los jóvenes, la necesidad es un tema que está muy presente, la precariedad y la cuestión económica influyen en la decisión de no querer perder ese dinero que se invirtió, porque fue un dinero que a lo mejor costó trabajo conseguir”.

Los viajes no son la única experiencia en la que ocurren este tipo de situaciones. Alexis (31 años) esperó horas en la fila virtual para comprar entradas para el concierto de Blackbear, el cantante favorito de su novia. Cuando finalmente las consiguió le dio la sorpresa a su pareja, pero tendrían que esperar casi un año para poder verlo en vivo. Los meses pasaron hasta que finalmente llegó la fecha del concierto, pero días antes ambos decidieron terminar la relación. No fue una ruptura amistosa y cuando ella le habló a él para preguntarle si podía comprarle los boletos, Alexis se negó. La psicóloga considera que hay factores como el narcisismo, la autoestima y la autovalía que pueden influir en este tipo de decisiones: “Alguien podría pensar: ‘Yo gané ese dinero, entonces yo no lo voy a perder”. Isabella (26 años), quien tenía un concierto con su novio y terminaron unos días antes, optó por la opción contraria: “Nos dimos cuenta de que queríamos terminar la relación, pero aun así fuimos y lo tomamos como un concierto de despedida. Me pasé llorando toda la noche, no lo volvería a hacer”.
Aunque “no puede haber un consejo universal, porque cada caso es diferente”, García aconseja que, “antes de tomar una decisión, cada uno se pregunte qué imagina de ese viaje, cuánto gana o qué tanto pierde al realizarlo. Así como hasta qué punto uno está dispuesto a responsabilizarse de la decisión que va a tomar y enfrentar sus consecuencias”.

