El condón femenino podría sentirse discriminado con respecto a su colega varón. Es algo más caro, no todas las farmacias lo tienen y, por supuesto, ningún dispensador de preservativos de los que se ven en discotecas o bares nocturnos lo incluye. Claro, que el interés por él es también menor y son muchas las mujeres que ni siquiera han sentido la curiosidad de probarlo.
Inés (Palma, 33 años) es una de ellas. “Reconozco que no soy objetiva y que siento una cierta animadversión hacia el condón femenino del tipo: ‘Sí, ¡anda!’. Todos los métodos anticonceptivos recaen en la mujer, y para uno que depende del varón (el condón masculino) vamos a ir nosotras a relegarlo de esa pesada carga. ¡No, gracias!”, argumenta. De esta manera, el poco atractivo del preservativo para ellas podría interpretarse como una revancha del género femenino hacia su eterna tarea de ocuparse siempre de la anticoncepción. Aunque, si trascendemos este tipo de prejuicios, veremos que, en algunos casos, es interesante plantearse la opción de si usar uno u otro método de barrera.
Para empezar, parece ser que, en cuanto a seguridad, gana el condón femenino. Este no está hecho de látex (como el del hombre), sino de nitrilo o poliuretano, materiales más resistentes; además, se cubre parcialmente la zona de la vulva, con lo que se reduce la posibilidad de contacto con otros genitales y, por lo tanto, la de contraer una infección de transmisión sexual (ITS).
Otra de sus ventajas es que ponérselo o quitárselo depende de la mujer. Esto se traduce en que ya no hay lugar para las legendarias tretas e intentos de evitarlo por parte del hombre e, incluso, acaba con el viejo truco —hoy considerado un delito— de quitárselo en un cambio de postura, aprovechando que la mujer no se da cuenta. De ahí, como apunta Francisca Molero, ginecóloga, sexóloga clínica y terapeuta del Centro Máxima, en Barcelona, que “uno de los colectivos que más lo empezó a utilizar, tras su salida al mercado, fuera el de las trabajadoras sexuales. A ellas les convenía, por su seguridad, ser las que manejaran la situación”.

Más difícil de poner y con algo de ruido, pero independiente de la erección
La publicidad tampoco se ocupa del condón femenino. No hay anuncios para vender este producto ni crear necesidad de él. Y desde su salida al mercado en 1992 (en el Reino Unido y EE UU), un año más tarde en España (cuando se comercializó al elevado precio de 970 pesetas por una caja de tres, unos cinco euros al cambio actual), el producto no ha sido mejorado. “El preservativo femenino es más aparatoso y tiene una estructura más complicada de poner. Pero, además, como no se adapta tan bien a la vagina como lo hace el masculino al pene puede haber pliegues, y eso se traduce en que, a veces, puede producir ruidos durante el coito, lo que no gusta a mucha gente”, señala Molero.
A favor del preservativo femenino también hay que decir que está liberado del hecho de tener que ponerse en un momento determinado, como le ocurre al masculino —es decir, cuando haya erección, con lo que la pérdida de la misma puede afectarle o hacer que se caiga—. “El condón para mujeres es independiente del estado del pene, puede ponerse incluso horas antes de la relación y, por lo tanto, prescinde de esa interrupción, a veces tan poco sexy, de tener que buscar el preservativo para ponérselo antes de iniciar la penetración”, cuenta Sonia Bedate, fisioterapeuta especialista en suelo pélvico y sexóloga.
“También se prescribe a mujeres con intolerancia al látex. El problema con el condón para mujeres es que no se ha perfeccionado desde su salida al mercado. Se tenía que haber testado para ver los inconvenientes y mejorarlos, pero no se ha hecho porque no tiene mucha demanda, no hay demasiado interés en él. Por ejemplo, creo que solo hay una talla, a diferencia de los preservativos masculinos, que vienen en diversos tamaños, texturas y hasta sabores. Hay que tener en cuenta que no todas las vaginas son iguales y que, con la excitación, esta parte de la anatomía femenina se ensancha y se elonga un poco”, añade Bedate.
La evolución de los condones masculinos ha hecho que se llegue a un nivel muy sofisticado de seguridad-sensibilidad, con materiales muy finos, casi imperceptibles. No es lo que ocurre con el preservativo para ellas, que ha visto pocos avances y que, según Molero, “está hecho de un material menos amigable”.

Algunos hombres prefieren el preservativo femenino, especialmente los que tienen problemas de eyaculación. “Para una buena relación sexual coital se necesita un nivel óptimo de excitación, erección y eyaculación”, sostiene Mariano Rosselló Gayá, andrólogo y especialista en medicina sexual del Instituto Médico Rosselló. “Cuando, por cualquier razón, hay problemas de eyaculación, ya sea precoz o retardada, el parón de ponerse el preservativo puede suponer un bache difícil de remontar. Por eso algunos hombres con estas disfunciones prefieren el preservativo femenino, porque saben que no va a haber interrupciones antes de iniciar la penetración. Sin embargo, también hay que señalar que el condón para ellos permite una compresión más natural con la vagina, que puede abrazarlo mejor que con el preservativo femenino”, añade Rosselló Gayá.
“Generalmente, las sensaciones que proporciona el preservativo femenino son diferentes, para ambos sexos”, comenta. Y añade: “Al ser de un material más grueso, las mujeres dicen sentir menos que con el condón masculino, aunque las que lo usan lo prefieren porque es más seguro y su implantación y retiro depende de ellas y no de la pareja. Mi experiencia es que son las mujeres que tienen sexo esporádico, con parejas inestables, las que más usan el preservativo femenino. Y mi consejo es que, antes de ponerlo, utilicen lubricante para que el roce del condón con las paredes vaginales no provoque molestias”.

