El 22 de mayo de 2023, cuando Claude Palmero (Mónaco, 69 años) llegó temprano a su despacho, ya notó una atmósfera particular, un ambiente pesado. Ese día Alberto de Mónaco iba a dar una entrevista a un medio local, Nice Matin, y por primera vez nadie le había informado. Empezó a preocuparse, pero no sabía que, en sus palabras, “el final se acercaba”. Ese día, Palmero, administrador del príncipe y antes de su padre, Raniero III, iba a ser despedido de manera fulminante después de 22 años trabajando para la familia Grimaldi. También iba a comenzar un embrollo judicial que continúa y que en Francia se ha bautizado como el Monacogate. Casi tres años después, Palmero acaba de publicar Monaco interdit (Mónaco prohibido, de la editorial Nouveau Monde), libro en el que cuenta su experiencia, revela parte de los secretos de palacio, habla de su relación con Alberto II y denuncia los intereses financieros e inmobiliarios de “manos privadas” en la gestión estatal de este rico territorio de solo dos kilómetros cuadrados y apenas 40.000 habitantes situado en la costa mediterránea francesa.
El príncipe denunció a su excontable por abuso de confianza y violación de secreto profesional tras filtrarse una serie de documentos confidenciales que le implican a él y a otros colaboradores cercanos y que revelaban, entre otras cosas, el tren de vida de los Grimaldi. Alberto de Mónaco siempre le ha acusado de estar detrás de esa filtración y también de haber gestionado sus bienes de manera opaca. Palmero, en cambio, siempre ha negado estas acusaciones y señala ser víctima de una persecución. “Soy el blanco de la justicia de Mónaco, que no para de buscar excusas para inculparme”, lamenta en una entrevista con EL PAÍS en París, ciudad a la que viaja a menudo. La charla es en la sede de la editorial, a dos pasos de la Torre Eiffel. “Hay un momento en el que hay que sacar a la luz la verdad. En Mónaco hay una cultura de la mentira y una omertà [una ley del silencio], una voluntad de que solo circule la versión oficial”, critica.
Palmero ha gestionado el patrimonio no solo de Alberto II, sino de toda la familia Grimaldi. En abril de 2005, cuando Raniero III falleció y su hijo fue entronizado, este insistió en la importancia de la ética y la transparencia en este rico Estado que, sin embargo, la UE ha colocado en la lista negra de países con alto riesgo de blanqueo de capitales. “En su momento creí en el príncipe, porque tenía ideas innovadoras e inspiradoras que conjugaban el dinero y la ética con más transparencia. Le he sido fiel desde 2005, pero es él quien se ha sido infiel a sí mismo”.
Relata un cambio progresivo, influenciado por “intereses privados”, y describe a su exjefe como “un seductor natural, que siempre está seduciendo a todo el mundo”. “Por eso es querido en el Principado, pero no respetado. No trabajaba mucho, detesta el conflicto. Tiene tendencia a decirle siempre al interlocutor lo que quiere escuchar, le cuesta decidir y tiene pasiones que no son las de gobernar: el deporte, la fiesta y las mujeres”.

El exadministrador no entra en las páginas de su libro en asuntos privados: “Esa es su vida personal y yo he hecho un libro para responder a las acusaciones que él hace”. Alberto de Mónaco y la princesa Charlene, antigua campeona de natación que representó a Sudáfrica en los Juegos Olímpicos de 2000, se casaron en 2011 y tienen mellizos. Cuando los bebés nacieron en diciembre de 2014, él ya era padre de dos hijos, fruto de dos relaciones anteriores; con la azafata Nicole Coste y con la camarera Tamara Rotolo. No reconoció la paternidad de ambos hasta tiempo después. “Cuando a un hombre público como él, que difícilmente puede ser discreto porque todo el mundo sabe dónde va y con quién, le gusta la fiesta y las mujeres, me parece difícil que su mujer lo pueda ignorar completamente. Yo solo he constatado que la princesa Charlene era infeliz”, señala.
Palmero también relata el trauma que provocó su despido, “con las acusaciones infundadas” de haber estado en el origen de la filtración de los documentos y haber gestionado de manera opaca los bienes de la familia. “Es cuando tratas de culpable a la víctima. Para mí el mundo se derrumba. Fue muy violento porque toda la gente a la que yo había dedicado 20 años de mi vida se vuelve contra mí. Yo estaba ahí para protegerlos de los ataques del exterior, y me encuentro apuñalado en la espalda. Durante varios días, no sabía dónde estaba y necesité tratamiento médico porque no puedes afrontar una cosa así solo. Tengo una voluntad, la de demostrar que yo no he hecho eso de lo que se me acusa. Nunca dejaré que Mónaco, mi país, al que quiero, quede en manos de esa banda”, defiende.

En el libro aborda los vínculos de Alberto de Mónaco con el empresario inmobiliario monegasco Patrice Pastor. “Yo representaba una amenaza para los intereses privados, casi monopolísticos, que dirigen Mónaco. Cuando en un país la principal riqueza está en manos privadas, y no en manos del Estado, es que hay un problema. Porque entonces son los intereses privados los que van a dirigir el Estado y no a la inversa”, señala.
Aunque su exjefe le acusa de haber gestionado de manera opaca sus cuentas, asegura que nunca tomó una decisión sin contar con él. “No he hecho nunca nada sin tener su acuerdo y sin sus instrucciones. Los Grimaldi tienen el culto de la mentira y el de la confidencialidad. El príncipe Alberto y sus hermanas conocen perfectamente las sociedades offshore y, cuando tenían necesidad, me pedían usarlas. Cuando dice que es transparente y que ignora esto, es mentira. Es él quien pedía opacidad, que ya existía antes, con su padre, y él la ha mantenido voluntariamente. Lo que ocurre es que la discreción y la opacidad, cuando tienes reglas bancarias, redes sociales y piratas informáticos, es cada vez más difícil”, sostiene Palmero en relación a la filtración de los datos confidenciales.

Desde mayo de 2023, cuando fue despedido, no ha vuelto a tener contacto directo con ningún miembro de la casa real monegasca. Cuenta que, aunque es discreto, a veces la gente le reconoce y le saluda por la calle. Y advierte que aún guarda “muchos secretos” que implican a Alberto de Mónaco. “En el libro solo respondo a las acusaciones. Todo lo que revelo es porque me han atacado y me han acusado de manera ignoble. El contrato de lealtad que había entre nosotros lo han roto ellos, hablando a la prensa y acusándome falsamente. Yo he respondido”, se defiende. Y advierte: “Del resto no he hablado, sobre todo lo que tiene que ver con la vida privada, y no hablaré salvo si me atacan. Estoy lejos de haberlo dicho todo”.

