
Un mes después de ser detenida por conducir bajo los efectos del alcohol, este lunes, 4 de mayo, Britney Spears se ha declarado culpable de un delito menor por conducir bajo los efectos de drogas y alcohol. Una asunción de culpabilidad con la que evitará entrar en la cárcel. No ha sido un mes sencillo para la cantante. Tras su detención en marzo, el pasado viernes se supo que la intérprete de Womanizer, de 44 años, había sido acusada formalmente por la Fiscalía del condado de Ventura —al norte de Los Ángeles, donde se produjo el suceso— de conducir bajo la influencia del alcohol y las drogas. Además, a mediados de abril la cantante decidió, motu proprio, ingresar en una clínica de rehabilitación durante un par de semanas.
Como el delito era menor, la artista no estaba obligada a acudir a la vista de este 4 de mayo. Han sido sus abogados quienes han presentado la declaración de culpabilidad en su nombre durante la audiencia en el Tribunal Superior del Condado de Ventura. Según la NBC, la artista ha sido sentenciada a 12 meses de libertad condicional y un día de cárcel, acreditado como tiempo cumplido, por el comisionado del condado de Ventura, Matthew Nemerson. También se ha sido ordenada por la Corte a reunirse con un psicólogo una vez por semana y con un psiquiatra dos veces al mes, según informa la cadena estadounidense.
El hecho de que Spears haya pasado por rehabilitación de manera voluntaria —centro del que salió hace unos días— puede ayudar a mejorar la visión que el juez del caso tiene sobre ella. Como señaló el viernes la Fiscalía en un comunicado, cuando el acusado no tiene antecedentes de conducir bajo los efectos del alcohol ni su conducción ha causado un accidente o heridos, el magistrado suele ofrecerle declararse culpable de “conducción temeraria bajo los efectos del alcohol”, lo que ayudaría a rebajar la pena. Lo habitual es que, en dado caso, Spears tenga que pagar una multa y acudir a formaciones específicas para conductores que han manejado bajo los efectos del alcohol.
Los últimos años no han sido fáciles para Britney Spears. Hace ya casi un lustro que logró librarse de la tutela de su padre, que controló su vida personal, profesional y financiera durante 13 años. En este tiempo, ha sufrido altibajos. Se casó y divorcio en apenas un año del bailarín Sam Asghari. Junto a él se quedó embarazada, apenas un mes antes de la boda, pero perdió al bebé que esperaba.
En estos años, la cantante ha lanzado un polémico libro de memorias donde desvelaba algunos de los capítulos más complejos de su juventud, desde cómo fue obligada a tomar litio a cómo su célebre expareja, Justin Timberlake, cortó con ella a través de mensajes de texto. Pero más allá de ello no ha publicado trabajos musicales, ni ha realizado conciertos o participado en actividades publicitarias o que le generen cualquier tipo de ingresos —aunque su situación financiera ha mejorado notablemente tras la venta de su catálogo musical el pasado febrero—. También ha tenido una relación intermitente con sus hijos, ya mayores de edad y nacidos de su unión con Kevin Federline, con los que parece que en las últimas semanas ha retomado su relación.

