La historia de Andrés de Inglaterra y Sarah Ferguson empezó con una inocente presentación. Lady Di quiso ejercer de Cupido porque creía que ambos formarían una buena pareja. El 18 de junio de 1985, la princesa de Gales, que era muy amiga de Ferguson, la incluyó en la lista de invitados a Royal Ascot. Un año después, el 23 de julio de 1986, la pareja se casaba en la abadía de Westminster, en Londres. Pero este cuento de príncipes y princesas no tiene un final feliz. El matrimonio se separó en 1992; cuatro años después, el 30 de mayo de 1996, se hizo oficial el divorcio. Han pasado tres décadas en las que hicieron un frente común ante múltiples adversidades. Hasta ahora.
Durante 30 años, el exmatrimonio demostró tener una relación poco convencional: continuaron viviendo bajo el mismo techo, se fueron de vacaciones en familia, acudían juntos a eventos y, cuando Carlos III asumió el trono, Ferguson fue bienvenida de nuevo a los encuentros de la familia real. Pero desde el pasado mes de septiembre, la situación es otra muy diferente. Tras ver la luz nuevos correos sobre la relación de Andrés de Inglaterra y su exmujer con el fallecido pederasta Jeffrey Epstein, y tras la publicación del libro de memorias póstumo de Virginia Giuffre —quien acusaba a Andrés de abuso sexual—, la realidad paralela en la que habían estado viviendo durante años se desvaneció en cuestión de semanas. Él se vio forzado a renunciar a su título de príncipe; su hermano, el rey Carlos III, les obligó a abandonar la mansión de Windsor en la que residían; y ella perdió acuerdos con organizaciones benéficas y proyectos. Royal Lodge fue durante más de dos décadas la vivienda y refugio de la familia York; también fue el lugar que vivió las últimas horas de la vida conjunta de los exduques, cuya relación no ha sobrevivido al último escándalo.
“En Andrés encontré a mi hombre perfecto y mi alma gemela”, afirmaba Ferguson en Finding Sarah: A Duchess’s Journey to Find Herself, autobiografía publicada en 2011. Ambos tenían 26 años cuando se casaron, lo que supuso el final de una vida para ella: “Estaba tan unida, tan profundamente enamorada. No me daba cuenta de que para conseguir a mi príncipe tendría que renunciar a demasiadas cosas, entre ellas al propio hombre”, escribía. Los primeros cinco años de matrimonio, tal y como ella misma revelaba en el libro, solo se veían 40 días al año por la estancia del expríncipe en la Marina Real. La princesa Beatriz nació el 8 de agosto de 1988 por parto inducido, para ajustarse a las dos semanas de permiso que él tenía en agosto. Dos años después, el 23 de marzo de 1990, nacía su segunda hija, Eugenia.

Las diferencias en la pareja no tardarían en llegar y los rumores de una ruptura sonaban cada vez con más fuerza a comienzos de los noventa. “Rara vez nos veíamos. No se pueden construir unos cimientos sin los ladrillos y el cemento”, escribió la exduquesa. Los medios de la época llegaron incluso a afirmar que Ferguson tenía una aventura extramatrimonial con el petrolero tejano Steve Wyatt. El 19 de marzo de 1992 anunciaron formalmente su separación. Rompieron su matrimonio, pero continuaban viviendo juntos para tratar de encontrar una solución a esa crisis. Ese mismo año protagonizaron uno de los escándalos más sonados de la realeza británica: el 20 de agosto de 1992, el Daily Mirror publicó fotos de Fergie en topless junto al asesor financiero John Bryan, durante unas vacaciones en la Costa Azul. Se les podía ver besándose, coqueteando… y él chupando los dedos del pie de la todavía duquesa de York.
“Yo quería trabajar. No está bien que una princesa de la casa real sea comercial. Así que Andrés y yo decidimos hacer oficial el divorcio para que yo pudiera buscar trabajo”, relataba ella en las memorias. Entonces separaron sus caminos: durante años ella buscó trabajar de cualquier cosa que le reportase dinero, popularidad y visibilidad; y él comenzó a relacionarse con Epstein, una amistad que acabaría por poner en jaque a los Windsor.
“Siempre decimos que somos la pareja divorciada más feliz del mundo. Estamos divorciados el uno para el otro, no el uno del otro”, afirmaba ella en 2018 el diario Daily Mail. Y esa era su realidad en las últimas tres décadas: oficialmente separados, pero manteniendo una inusual convivencia y relación. De hecho, Andrés de Inglaterra llegó a reconocer en 1999 su intención de volver a pasar por el altar con su exmujer.

Todo volvería a estallar en 2010, cuando un reportaje de News of the World revelaba una conversación de Ferguson con un hombre de negocios, que en realidad era un periodista encubierto que se hacía llamar “falso jeque”: ella le prometía acceso a su exmarido a cambio de 500.000 libras. Ante el enfado del palacio de Buckingham, ella salió a exculpar al padre de sus dos hijas y reconoció haber actuado mal: “Puedo confirmar que el duque de York no estaba al tanto ni participó en ninguna de las conversaciones. Lamento mis acciones”. También habló del tema en su biografía: “Después del escándalo del falso jeque, Andrés fue mi campeón, mi gran campeón. Es inquebrantable, leal y sincero. Siempre ha visto a la verdadera Sarah, que es por lo que todavía me quiere tanto como lo hace”. Por entonces, vivían juntos en Royal Lodge. Por entonces, ella había sido la protagonista de dos mediáticas polémicas, y él no la había dejado de lado. Luego sería el turno de ella de defenderle.
En 2013, durante la presentación de uno de sus libros infantiles, Ferguson volvió a avivar los rumores de una reconciliación y una segunda boda: “Andrés siempre será mi príncipe. Él sigue siendo mi apuesto príncipe azul”. Y con ese “apuesto príncipe” se compró una mansión en Suiza en 2015 valorada en 16 millones de euros, ajena a las noticias que ya se publicaban sobre una supuesta agresión sexual del entonces príncipe a una chica de 17 años, ocurrida entre 1999 y 2002. El relato de Virginia Giuffre sería el principio del fin.
“Estoy a su lado y siempre lo estaré”, dijo en una entrevista en el Daily Mail. Cumplió con sus palabras al pie de la letra durante años. Aquel escándalo que empezó a sonar en 2015 se materializaría cuatro años después: en agosto de 2019 se publicaban unos documentos judiciales que revelaban las acusaciones de Giuffre y la estrecha vinculación del tercer hijo de Isabel II con Epstein. En noviembre de ese mismo año, daría una desastrosa entrevista en la BBC para intentar defenderse de las acusaciones. Se retiró de la vida pública durante meses, mientras que su exmujer volvía a aparecer en escena para refrendar su papel como su principal apoyo. Pese a todo, ella nunca dejó de expresar devoción por él, incluso cuando Isabel II decidió retirarle los títulos militares y patronatos reales en enero 2022.
La denuncia siguió el curso judicial, pese a los intentos del equipo de Andrés de Inglaterra de parar el procedimiento legal. En febrero de 2022, llegaban a un acuerdo millonario extrajudicial para zanjar la demanda. Fue la reina quien utilizó su patrimonio personal para dar carpetazo a uno de los últimos problemas de su largo reinado. Cuando falleció el 8 de septiembre de ese año, también se terminó la protección de la que siempre había gozado Andrés, y por ende también la de su exmujer.
“Hemos estado siempre ahí el uno para el otro. Cuando he pasado por momentos realmente malos en el pasado, Andrés siempre ha estado ahí. Como mujeres hemos tenido que ver la caída de un hombre muy fuerte y eso ha sido realmente difícil. Somos una unidad familiar muy fuerte. Nadie puede romper la familia York”, afirmó Fergie en una entrevista en Good Morning America en marzo de 2023. El futuro iba a demostrar que estaba muy equivocada.

En los siguientes meses, la relación entre Andrés y Carlos III comenzó a tensionarse: el monarca decidió quitarle la seguridad privada, suprimir la asignación oficial de un millón de libras y pedirle un alquiler por su estancia en Royal Lodge. “No voy a dejarle caer nunca. Él me apoya tanto como yo le apoyo a él. Me ha apoyado en las buenas y en las malas, no solo en el matrimonio o el divorcio”, declaró Ferguson en una entrevista con The Times en diciembre de 2024. Pero lo peor estaba por llegar: 2025 sería su particular annus horribilis y el punto final de su relación. El 25 de abril se suicidó Virginia Giuffre, y en octubre salieron a la luz sus memorias póstumas, al mismo tiempo que se conocían más datos sobre la estrecha relación que el exmatrimonio había mantenido durante años con Epstein, a quien consideraban un “amigo fiel” en privado —según un email de Ferguson—, mientras que en público denunciaban sus conductas.
Su última aparición pública conjunta fue el 16 de septiembre, cuando acudieron al funeral de la duquesa de Kent. Desde entonces, no se les ha vuelto a ver juntos, pero se sabe que estuvieron conviviendo hasta que se vieron obligados a abandonar el que fue su refugio el pasado mes de enero. Por primera vez en 18 años, el exmatrimonio vive separado. De Andrés de Inglaterra se sabe que reside en Marsh Farm, una vivienda situada en los terrenos de Sandringham y de la que salió arrestado en febrero, el día de su 66º cumpleaños. Mientras, el paradero de Sarah Ferguson es una incógnita. Según los medios británicos, va allí donde le dan un lugar en el que estar: la última vez que fue vista fue en abril en una lujosa estación de esquí de Austria. Sus caminos se han separado y ella, por primera vez, no ha salido a defenderle.

