Durante años, los únicos papeles reservados para el actor Rupert Everett (Reino Unido, 67 años) eran los del “amigo gay de”. Fue el de Julia Roberts en La boda de mi mejor amigo (1997) y el de Madonna en Algo casi perfecto (2000). Encasillado o no, estas películas fueron la plataforma global para que todo el mundo conociera a este británico alto (de casi dos metros) con aspecto de lord inglés que acabó revelándose como una de las lenguas con menos pelos de Hollywood. Si en sus tres libros de memorias —Red Carpets And Other Banana Skins (2006), Vanished Years (2012) y To the End of the World: Travels with Oscar Wilde (2020)— pecó de indiscreto hablando de cierto olor “a sudor” de Roberts y Madonna, pero también de su adicción al sexo y a las drogas (llegó a confesar haber trabajado como chapero para pagarse la heroína), en una entrevista reciente con The Guardian el actor ha admitido que en el pasado fue alguien “descarado, prepotente, hipócrita, letal”.
“Solo me interesaba yo mismo y mi propio placer. Creo que era un poco sociópata. Era un chismoso terrible y repetía todo lo que me contaban. Tomaba prestada la ropa de la gente y nunca se la devolvía”, ha contado el intérprete en una conversación con el diario británico, que se publicó el pasado 1 de junio. Una actitud, afirma, que no sabe de dónde venía, que no es capaz de justificar y en la que ya no se reconoce.
Preguntado por su entrevistador si esos calificativos se refieren al ámbito profesional, Everett admite que en su juventud estuvo “obsesionado con ascender en lugar de hacer mi trabajo”, y que buscó cancelar e interrumpir el trabajo de sus compañeros de reparto en su beneficio: “En Otro país [la película de 1984 que protagonizó junto a Colin Firth] me porté increíblemente mal. Esa es otra cosa que no consigo entender: la lógica que me llevó a creer que estaba bien hacer eso. No acabo de entender cómo pasó”.
El actor confiesa que saboteaba las producciones “haciendo reír a todo el mundo y arruinando la función. Disfrazándome de rabino y sentándome en el palco [entre el público] en escenas en las que no participaba”. “Un poco de diversión está bien, pero yo arruinaba las cosas”, declara a The Guardian, y admite que también faltaba al respeto al público, trabajando drogado con frecuencia: “Me quedaban los extraños vestigios de una actitud punk de clase alta”, se describe.
Everett, quien después del fracaso en taquilla de su cinta con Madonna vio cómo la industria de Hollywood se cansó de su papel de amigo homosexual de la protagonista, ha vuelto a referirse en su última entrevista a aspectos de su pasado que, aunque no le enorgullecen, tampoco intenta evitar. Sobre si de verdad estaba tan obsesionado con el sexo como ha descrito en sus memorias, el actor, que interpretó al dramaturgo Christopher Marlowe en Shakespeare in Love (1998), responde de forma afirmativa, describiendo un momento —la etapa que él vivió como persona gay—, en la que mucha gente se liberaba a través del sexo. “Yo sentía que podía destrozar mi pasado a través del sexo. Que de alguna manera eso te liberaría”, dice sobre una infancia marcada por ser el hijo de un comandante del Ejército británico y por haber asistido a un colegio privado católico.

Esa relación con lo sexual y con su propia imagen le acompañó en su carrera actoral: “Incluso el trabajo se trataba de ligar, en realidad. De intentar ser atractivo. Lo cual, obviamente, provenía de la sensación de no serlo. Mi vanidad no iba de ‘espejito, espejito, ¿quién es el más bello de todos?’. La vanidad suele venir de una profunda inseguridad, más que de un sentimiento de sentirse fabuloso”. De su físico también habla en la entrevista, asegurando que, incluso cuando estaba en mejor forma, se equivocó: “Nunca me molesté en hacer todas esas cosas, como estirar, que eran necesarias para levantar pesas, porque los tendones se tensan cada vez más. No hice nada”, recuerda, y admite: “Me he destrozado. Por culpa de eso ahora estoy casi lisiado”.
Ruppert, que sigue interpretando a notables secundarios, participa la película Madfabulous, en la que interpreta al mayordomo del excéntrico quinto marqués de Anglesey, Henry Paget, y que se estrenará en los cines del Reino Unido el próximo 5 de junio.

