
Hasta hace poco, las asistentes a la célebre clase dirigida de los gimnasios llamada GAP (glúteos, abdominales y piernas) eran casi siempre mujeres que se esforzaban por conseguir el trasero de su celebridad favorita a golpe de sentadilla. Mientras, los hombres dominaban la zona de entrenamiento y musculación en la que se trabaja el tren superior con dominadas, flexiones y mancuernas. Parecía que solo ellas ponían especial atención en sus glúteos y piernas. Sin embargo, ahora que los brazos tonificados se han convertido para las mujeres en el nuevo símbolo de estatus (“Deben ser esculpidos, pero no demasiado grandes; poderosos, pero aún femeninos”, matizó Anne Marie Chaker en la revista Time), los hombres prestan atención a las hasta ahora ignoradas nalgas y piernas.
Es indudable que el furor por los bermudas cortas o slutty shorts (bermudas de golfo) que lucen figuras como el actor Paul Mescal y Harry Styles en su último videoclip Dance No More son, en parte, responsables por el creciente interés de los hombres por tener un tren inferior trabajado. “La fiebre por los muslos de los hombres contiene la novedad de fijar la atención en un lugar de su fisonomía que durante mucho tiempo fue invisible. O incluso negada”, escribía hace ya dos años Ianko López en ICON.
“Los hombres homosexuales siempre han apreciado un buen trasero y suelen ser pioneros en las tendencias estéticas masculinas. Pero últimamente, los hombres heterosexuales también se están sumando”, escribió Hannah Singleton en la edición estadounidense de GQ. Abel Hoyo, entrenador personal y nutricionista especializado en salud masculina y cambio de hábitos sostenibles, cree que este fenómeno refleja un cambio mucho más grande en cómo los hombres se relacionan hoy con su cuerpo. “Durante muchos años el entrenamiento masculino estaba centrado casi exclusivamente en torso, pecho y brazos, mientras que entrenar glúteos o piernas incluso podía ser motivo de broma. Ahora eso está cambiando. Cada vez más hombres entienden que un físico atlético y saludable no se construye solo de cintura para arriba”, explica a ICON. “El glúteo ha dejado de verse como algo exclusivamente asociado al cuerpo femenino para empezar a entenderse como una parte clave del rendimiento, la salud y también de la imagen masculina. Y creo que eso también refleja una masculinidad más segura. Antes muchos hombres evitaban ciertos ejercicios por complejo o por miedo a cómo podían ser percibidos”.
En realidad, el trasero masculino siempre fue objeto de la mirada ajena. Antonio Banderas, Brad Pitt, Ryan Phillippe o Rob Lowe eran famosos por muchas cosas, y entre ellas por tener un trasero que la cámara amaba (y las mujeres entre el público, y algunos hombres, también). Sin embargo, no se hablaba de que esos traseros también conllevaban cierto trabajo de mantenimiento en un gimnasio, como el resto de un cuerpo normativamente esculpido. Hablar de eso, parece, aún molesta a influencers fitness masculinos como el culturista australiano Jeff Myth. “Si eres hombre y haces elevaciones de cadera, deberías estar muy molesto. Porque a mí me molesta”, dijo. Precisamente, incomodidad es lo que sus comentarios generaron al entrenador Paul Carter. “Una cosa que nunca he entendido del todo es este extraño dogma sobre los glúteos y la idea de que algunos ejercicios son para mujeres y otros para hombres”, dijo.
“Lo siento, pero los glúteos deben ser entrenados por ambos sexos. Las mujeres no necesitan que se lo digan, pero los hombres se sienten raros ante la máquina de patadas unilaterales o las elevaciones de cadera porque creen que son ejercicios específicos de un género. Por eso probablemente tienes el trasero plano”, aseguró Carter.
Jesús Hernández, entrenador personal de Blua Sanitas, coincide en señalar que la base del entrenamiento no cambia por ser hombre o mujer. “Lo que debe ajustarse es la carga, la técnica, la experiencia previa y los objetivos de cada persona. Los glúteos responden al estímulo progresivo, siempre que el ejercicio esté bien ejecutado y se integre en una rutina equilibrada”.
La cultura del glúteo
Un hombre con los glúteos trabajados ha sido en numerosas ocasiones el epicentro de gags cómicos. Un buen ejemplo es el trasero de Ned Flanders. En un capítulo de la décimo primera temporada de Los Simpsons, el vecino de Homer le comenta que su traje de esquí, que Simpson considera que “marca demasiado”, es tan cómodo que siente que no lleva nada puesto. Al decirlo, se gira y muestra unos torneados glúteos. En ese momento, Homer Simpson queda impactado por la imagen y mientras desciende a toda velocidad por una empinada montaña, exclama. “¡Ese Flanders y su erotismo!”. Lo cierto es que el movimiento de Ned Flanders, comparado con cualquiera de los que hace Harry Styles en su nuevo vídeo, parece cuanto menos inocente y modesto.
“Recuerdo haber visto este episodio cuando era niño. Despertó mis deseos sexuales y supongo que se convirtió en el modelo a seguir de cómo debería verse un buen trasero en los dibujos animados. Lo cual, a su vez, estableció el estándar de cómo debería verse idealmente el trasero masculino perfecto en la vida real”, explicaba a Mel Magazine un usuario llamado @slutCFO . Una de las guionistas y productoras de la serie, Carolyn Omine, recuerda cómo los glúteos del incómodo vecino se convirtieron en un tema de debate. “Dijimos que su trasero debía estar muy bien formado; lo dejamos claro. Pero cuando recibimos la animación, nos preguntamos: ‘¿Será demasiado?’. Después de un tiempo, decidimos seguir adelante y definitivamente fue la decisión correcta. Flanders es muy atractivo, debería lucirlo”. Y 26 años después, son muchos los que siguen su estela.
Estética y salud
“Ahora todos los hombres quieren muslos gruesos y un trasero más grande. Se ha convertido en una cultura donde predominan los glúteos”, dice el personal trainer Daniel Rice en un artículo de Wall Street Journal que se pregunta si el secreto de la longevidad masculina está en tener un buen trasero. Luis Enrique Conde Mugica, director técnico en Clubs DiR, explica que los glúteos son los principales estabilizadores de rodilla, de la cadera y del tren inferior. “Unos buenos glúteos absorben bastante carga a nivel lumbar y son unos grandes transmisores de fuerza entre el tren inferior y superior. Son muy importantes para nuestro día a día”, asegura. “Afortunadamente, los hombres están entendiendo que un entrenamiento enfocado a la salud real y realmente útil debe tener una componente de trabajo de tren inferior y eso incluye incluso glúteo, cuádriceps e isquiotibiales. Los hombres ahora tienen mucho más claro que no solo hay que ir al gimnasio a hacer pecho y bíceps. Más allá del tema estético, un glúteo trabajado es un signo de salud”, dice.
El entrensdor Jesús Hernández sugiere que “en el caso del tren inferior, dos sesiones semanales bien planificadas suelen ser una buena base. En personas con más experiencia, se puede aumentar la frecuencia y repartir mejor el volumen. Esto permite trabajar lo justo, pero con la intensidad adecuada. Además, es importante progresar sin descuidar el descanso, porque entrenar piernas todos los días sin recuperación no mejora necesariamente los resultados”, asegura.
Una mujer comentaba a GQ que un hombre que entrena los glúteos es una green flag. “Si hacen elevaciones de cadera u otros ejercicios para los glúteos, su deseo de estar sano supera sus complejos con la masculinidad”, explicó. “Quizás sea algo biológico, pero se ven más saludables. Los hombres sanos se cuidan, y en mi cabeza, eso está relacionado con la idea de que no tendré que insistirles para que se cuiden. Y, además, son más atractivos. Así de simple”.
Hoyo está muy de acuerdo. “Durante años muchos hombres evitaban ciertos ejercicios simplemente por cómo podían ser percibidos, no porque no fueran útiles. Y eso habla más de inseguridad que de masculinidad. Hoy veo que cada vez más hombres entienden el entrenamiento desde un lugar más inteligente y menos condicionado por prejuicios. Creo que eso también refleja una masculinidad más segura. Cuando alguien deja de entrenar para impresionar y empieza a entrenar para sentirse bien, normalmente también cambia la relación que tiene con su cuerpo”, explica.

