
Cada 17 de mayo, la familia real noruega se convierte en protagonista de los actos celebrados durante el Día Nacional de Noruega. Es una tradición que sus miembros aparezcan en el balcón del palacio real de Oslo, con el objetivo de mostrar una imagen de unión. Pero este año, la celebración se ha visto empañada por la ausencia de Ingrid de Noruega —segunda en la línea de sucesión— y la inminente sentencia a Marius Borg, prevista para el próximo 15 de junio. La princesa Mette-Marit acaparó todas las miradas durante la jornada, pues en los últimos meses a los problemas legales de su primogénito se han sumado las informaciones sobre su vinculación con el fallecido pederasta Jeffrey Epstein. Además, este domingo mostraba una imagen de fragilidad algo inusual que confirma el delicado momento de salud que también está atravesando.

