Es difícil describir a Emily Wood (Stockport, 29 años). Ser inclasificable es parte de su esencia y lo que la ha hecho diferenciarse del resto de maquilladores que pueblan las redes sociales con tutoriales sobre cómo aplicarse los productos que promocionan. Ella ni siquiera se define como maquilladora. “Decoradora facial”, dicen sus biografías de Instagram y TikTok, donde en total le siguen casi 310.000 personas. “Cuando empecé a maquillar hace siete años, se veía como algo insignificante, como si estuviera estancada y no supiera qué hacer: ‘No soy lo suficientemente inteligente para hacer otra cosa, así que voy a ser maquilladora’. Los demás me hacían sentir que era algo sin importancia”, explica la británica por teléfono sobre el motivo que cree que la llevó a evitar ese término. “Simplemente, me identifico más como ‘decoradora de caras’ porque es como si utilizara mi cara como lienzo. Veo mis sombras de ojos, pigmentos y delineadores como lápices de colores, bolígrafos y pinturas. Antes usaba el maquillaje para disimular las imperfecciones, sentirme más guapa y encajar. Pero llegué a un punto en el que pensé: ‘No, esto es arte. Esta es mi forma de arte’, y ahí me convertí en decoradora facial”, recuerda.
Suena por teléfono tan espontánea como luce en sus vídeos, igual de rápida —tanto que a ratos cuesta seguirle el ritmo a su cerrado acento mancuniano—, ingeniosa y abierta. En la mayoría de sus publicaciones se maquilla con una sola mano y sostiene el móvil en modo selfi con la otra mientras camina por la calle, viaja en avión o da una vuelta por el campo; pero nunca lo hace desde su habitación, como es habitual en este tipo de creadores de contenido. “Siempre me ha encantado maquillarme al aire libre. Todo empezó cuando estaba pasando por un mal momento de salud mental y me obligaba a salir de casa”, cuenta Wood.

Wood tiene tres referentes indiscutibles. Una es su abuela Sylvia, quien, con mucha diferencia, es la modelo que más veces le ha prestado su cara como lienzo en sus vídeos para redes sociales. “Acaba de cumplir 88 años y es increíble. Me inspiró mucho mientras crecía porque siempre ha llevado maquillaje de una forma muy elegante y natural. Es parte de su ritual matutino, mientras se prepara con la tele puesta, como si se maquillase en la cama con los rulos. Es que es la mejor”, reconoce. La otra es su madre, Alison. “El pintalabios rosa mate lo es todo para ella. Se lo pone todos los días y tiene un cajón lleno de ellos por si lo dejan de fabricar. Siempre ha llevado el mismo maquillaje: sus labios rosas, un montón de rímel y colorete en la nariz, que le queda genial. A mí también me gusta mucho, es mi maquillaje básico para el día a día”, asegura.
No son estrellas de la pequeña o gran pantalla, sino las mujeres de su familia con las que ha vivido y crecido, las que han inspirado su original forma de entender la cosmética. En el caso de la tercera persona que menciona, sin embargo, es diferente, porque es las dos cosas a la vez. Su hermana mayor es la actriz ganadora del Bafta Aimee Lou Wood (32 años), conocida por sus papeles en Sex Education y en la tercera temporada de The White Lotus. “Mi hermana me inspira porque no se maquilla la mayor parte del tiempo y eso me hace sentir que yo también podría ser así de valiente. Sobre todo porque ella es muy conocida y la gente la reconoce y todo eso, y aun así ha aprendido que no tiene que ocultarse con maquillaje”, apunta.
En una entrevista conjunta que las hermanas hicieron para NOTION en 2019, era Aimee la que destacaba la valentía como una cualidad que había aprendido de su hermana pequeña. “Emily me ha enseñado muchísimo, sobre todo a ser más valiente con mis emociones y a permitirme ser vulnerable con las personas adecuadas”, decía. Ambas comparten un evidente parecido físico —“Hay gente que me confunde con ella”, admite Emily— y, probablemente, muchas otras cualidades que no son tan evidentes a simple vista. Sin embargo, cada una ha forjado su carrera de manera independiente de la otra, con su propio estilo y aspiraciones. “Mis planes para el futuro son crear y desarrollar mi propia línea de productos con una marca. Eso es algo que me encantaría hacer. Aparte de eso, estoy bastante contenta con cómo me van las cosas ahora mismo”, expone Wood, que desde hace poco vive entre Londres y Nueva York.
Igual que no se considera “maquilladora”, tampoco se identifica como influencer, pero es innegable que en los últimos meses sus seguidores en redes sociales no paran de crecer —reconoce que, en parte, impulsado por el bum de popularidad de su hermana—. “Es difícil porque sé que, para mantener vivo el algoritmo, hay que publicar cosas constantemente, y eso no me convence. Para mí, la calidad es mucho más importante que la cantidad”, asegura. “Pero no creo que vaya a suponer ninguna diferencia si acabo teniendo dos millones de seguidores o más. Sigo pensando que podré manejarlo, aunque haya algún comentario raro de vez en cuando”, confía.
Lo que también tiene claro es que no le interesan la fama ni los famosos. “Me encantaría trabajar con The Unseen Beauty porque su enfoque del maquillaje es precioso, minucioso y a la vez imperfecto; o con Half Magic, la marca que ha creado la maquilladora de Euphoria”, enumera. “Pero en lo que respecta a celebridades, no tengo ningún deseo de trabajar con una”, confirma.

Entre las famosas a las que ha maquillado —o decorado la cara— están su hermana, claro, y la cantante Lola Young, a la que considera una buena amiga. “Lola no tiene pelos en la lengua, así que hacemos un tándem increíble porque nos entendemos a la perfección”, dice. Por lo demás, prefiere la libertad que le permite no atarse a nadie, y menos si tiene una rutina tan exigente como la de la mayoría de celebridades. “Me encanta mi tiempo libre, mi autonomía y tener el control de mi propia rutina. No quiero trabajar en un ambiente en el que no esté cómoda. Las cosas se ven desde otra perspectiva cuando tienes una hermana famosa porque ves un lado totalmente diferente de la cultura del estrellato y, en lo que respecta a los famosos, no tengo muchas ganas de trabajar con ellos”, aclara la británica, que actualmente trabaja para marcas como 19/99 Beauty o Fresh. “Su enfoque del maquillaje coincide mucho con el mío porque no hay reglas. Te dan libertad y diversión, y además son muy inclusivas a la hora de elegir a sus modelos. Para mí, es realmente importante trabajar con marcas que se alinean con mi visión”, sostiene.
Su otro gran sello de identidad son los colores vivos que emplea en su trabajo, atrevidas combinaciones de amarillos, morados, rosas o verdes. “Simplemente, hago lo que por instinto me parece adecuado cuando combino esos colores. Pero supongo que al final, sin pretenderlo, ayudo a la gente a sentir que no tiene que ajustarse tanto a las normas y que no tiene que usar el maquillaje de una forma muy estricta y reglada, sino que le puede dar muchos usos. Es algo que me gustaría que la gente aprendiera a través de mi trabajo: que no hace falta tener todos los productos caros y correctos para crear un look divertido”, defiende.
A los nueve años, Wood descubrió que tenía dislexia. “Me he dado cuenta de que es una parte fundamental de mi forma de hacer las cosas y de cómo me maquillo”, reconoce: “No es que quiera ser rebelde o algo así, simplemente, no puedo seguir las instrucciones porque me cuesta”. Además, comparte que, recientemente, también ha sido diagnosticada de TDAH —Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad—, algo con lo que identifica su “necesidad de no trabajar tanto en grupo”. “La comunidad es muy importante y quiero volver a aportar eso a mi vida laboral en algún momento, pero hace años, después de estar en un plató con un montón de gente nueva cada día, teniendo que actuar y disimular todo el rato, me puse físicamente mal. Pensé que me pasaba algo realmente grave, pero era agotamiento por neurodiversidad”, relata.
Wood considera que, si su contenido creativo ha salido adelante —y gusta a cada vez más gente—, ha sido gracias a conocerse bien y obrar en consecuencia. “Lo de crear contenido surgió porque así no tenía que estar tanto con gente y podía elegir con quién estar: mi familia, mis amigos y mi novio. No con gente del mundo de la moda, o famosos, con los que tienes que estar en plan ‘¡yupi!’ todo el tiempo”, confiesa.
En uno de sus últimos vídeos, Wood sale maquillándose en un vuelo mientras su novio, a su lado, copia —y parodia— cada paso. “Garabatos en el avión”, lo ha llamado. La pareja ríe, juega y resume a la perfección la comodidad que ella tanto ha buscado y que ya ha convertido en otra de sus señas de identidad.

