La web estadounidense Ranker tiene abierta desde hace años una encuesta sobre cuál es el mejor personaje de Friends. Casi 200.000 votos han aupado a Chandler Bing, interpretado por el fallecido Matthew Perry, a la primera posición. El resto de protagonistas de la exitosa comedia de los noventa le siguen en este orden: Joey Tribbiani —Matt LeBlanc—, Monica Geller —Courteney Cox—, Rachel Green —Jennifer Aniston—, Ross Geller —David Schwimmer— y, por último, Phoebe Buffay —Lisa Kudrow—. Phoebe era la menos convencional del grupo, la más independiente, la espontánea hippie de la familia desestructurada para la que no se escribió ninguna trama amorosa con nadie del grupo. Y eso, según recuerda la propia Kudrow décadas después, le pasó factura no solo a su personaje, sino a ella como actriz. “A nadie le importaba yo”, ha confesado la intérprete, de 62 años, en una entrevista con The Independent. “En ciertos departamentos de mi agencia de representación, simplemente me llamaban ‘la sexta Friend”, ha recordado.
Kudrow fue la primera del elenco en ganar un Emmy gracias a su personaje en Friends. Se llevó el premio como mejor actriz de reparto en una serie de comedia en 1998, y Jennifer Aniston fue la única que se hizo con otro por su papel de Rachel en 2002, esta vez como mejor actriz principal. Esa consideración de Kudrow como actriz de reparto y de Aniston como actriz principal de la serie es otra prueba de lo que cuenta ahora la intérprete, que está en plena promoción de la nueva temporada de The Comeback —serie que coescribe, codirige y protagoniza—. “No había ningún plan para mí, ni expectativas sobre el tipo de carrera que podría tener. Solo se decía algo así como: ‘Vaya, qué suerte tiene de haber entrado en esa serie”, explica en la entrevista con el medio británico.
Aun así, la actriz ha reconocido que esa libertad que le dio el que no se esperase nada de ella también le permitió participar en los proyectos que le dio la gana. Ha mencionado la comedia de Albert Brooks de 1996, Las manías de mamá, en la que tuvo un papel secundario; o Esperando la hora, un filme independiente de 1997 sobre unas amigas desanimadas que trabajan en cubículos contiguos de una oficina. “En esa salían Toni Collette y Parker Posey. ¡Toni Collette y Parker Posey!“, ha celebrado. En 1999, rodó la comedia de Robert De Niro Una terapia peligrosa, sobre un jefe de la mafia que acude al psiquiatra. “Fue entonces cuando los agentes y los productores empezaron a rondarme, queriendo meterme en comedias románticas y cosas así”, ha contado a The Independent: “Sabía que eso no iba a funcionar. ¡Es que no soy adorable!”.

Volviendo a su etapa de 10 años interpretando a Phoebe Buffey, la actriz también ha recordado los rumores que circulaban fuera de cámaras acerca de que era ella la que llevaba la batuta en la serie, y que fue idea suya que los seis miembros del reparto negociaran sus salarios de forma colectiva, en vez de individual. La NBC acabó pagándoles un millón de dólares por episodio a cada uno, algo sin precedentes hasta entonces. “Yo no era la cabecilla en absoluto”, ha afirmado Kudrow. “Eso es lo que se publicó, pero no era cierto. Mi equipo estaba muy enfadado. Se filtró como una especie de advertencia para otros clientes, del tipo: ‘No hagáis algo así’. Yo pensé: ‘¡Oye, la gente pensará que soy muy lista!’, pero mi equipo me decía: ‘¡No, esto no es bueno! Estamos furiosos porque estén diciendo esto de ti”, ha compartido Kudrow.
En otra reciente entrevista con Interview, la actriz aseguró que cada vez le atraen menos las comedias de situación porque cada vez son peores. “Ojalá estuvieran evolucionando. Rockefeller Plaza, Seinfeld y Friends eran realmente divertidas y estaban muy bien escritas. Pero no me atraen las nuevas comedias de situación que se graban con varias cámaras frente a un público porque no me lo creo. No sé si es porque he visto demasiadas comedias de situación con una sola cámara”, aseguró. Y dio su visión sobre el humor en la actualidad: “Creo que necesitamos volver a poder contar chistes. Siento que hemos tenido demasiado miedo de hacer chistes que pudieran incomodar a la gente. Los chistes realmente buenos no son chistes inofensivos. Son chistes de esos que te hacen pensar: ‘No me puedo creer que acabes de decir eso’. La comedia se basa en la sorpresa. Se necesitan cosas que no te esperabas”.

