Durante décadas se nos ha repetido que tenemos que “perseguir nuestros sueños”. Especialmente a los más jóvenes. Sin embargo, cada vez surgen más voces clamando que las cosas no funcionan de esa manera. Una voz inesperada se alzó hace unas semanas sobre este debate: a través de Instagram, la actriz Reese Witherspoon contó que acababa de hablar con una mujer que no estaba contenta en su trabajo y quería cambiar su trayectoria profesional. “Bien, ¿cuáles son tus talentos especiales?”, le había preguntado la protagonista de Una rubia muy legal. La otra mujer no había sabido contestarle. “Todos tenemos sueños. Pero eso no significa que vayan a hacerse realidad. Se supone que debes hacer lo que se te da bien. Tu trabajo en la vida es descubrir cuáles son tus talentos especiales y trabajar en algo relacionado con ellos. No persigas tus sueños, persigue tus talentos”, explicaba a sus 30,5 millones de seguidores la actriz ganadora de un Oscar por su papel en En la cuerda floja. ¿Hasta qué punto es válida la propuesta de Witherspoon?
Para Elena Ibáñez, fundadora de Singularity Experts y autora del libro ¿Tu hijo aún no sabe qué estudiar? (LaRousse, 2023), el problema no está tanto en tener aspiraciones, sino en ignorar la realidad de las propias capacidades. “El entusiasmo, por sí solo, no basta. Es fundamental realizar un análisis realista de las capacidades que tenemos”, argumenta.
Este análisis, en su opinión, suele faltar en el proceso de elección académica y también en la aceptación de un empleo. El método, que explica en su libro y aplica en su empresa para aconsejar qué carrera profesional o estudios seguir, se fija en las capacidades cognitivas, pero también en otras, como la personalidad. “El hecho de que una persona sea muy introvertida puede que no influya mucho en algunas profesiones, pero sí si en su trabajo va a tener que relacionarse con personas”, ejemplifica. La orientación vocacional, según defiende, debería partir de esa comparación objetiva. “Siempre digo que para ser feliz en un trabajo uno necesita tres cosas: poder hacerlo, saber hacerlo y querer hacerlo”, resume.

El peligro del camino seguro
Si la idea de seguir los sueños puede resultar ingenua, la alternativa clásica tampoco convence a todos los expertos. Borja Vilaseca, escritor y divulgador especializado en autoconocimiento y reinvención profesional, considera que durante mucho tiempo también se ha transmitido otro mensaje igual de problemático. “Perseguir tus sueños sin haber hecho un análisis fundamentado de tus habilidades y talentos es igual de riesgoso que estudiar una carrera pensando en sus salidas profesionales”, asegura. “Durante mucho tiempo la consigna principal fue seguir el statu quo. Busca salidas profesionales, estudia algo que tenga que ver con ellas, da igual si te gusta, da igual lo que se te dé bien. Tú estudia mucho, ten un título, si puedes un máster, luego haz prácticas y aplica para una empresa en la que tengas un trabajo seguro y estable para toda la vida”. Ese modelo, según el autor, respondía a una época distinta. “Para mí ese es un error todavía más garrafal. El camino del medio es el camino de la sabiduría, también profesionalmente hablando”, añade.
En la visión de Vilaseca, el punto de partida para elegir nuestros destinos profesionales no debería ser ni las demandas del mercado laboral ni tampoco una pasión abstracta. Es el conocimiento profundo de uno mismo: “Lo más importante que puede hacer un joven que está pensando qué estudiar o una persona que duda sobre su carrera profesional es conocerse en profundidad a sí mismo, saber cómo funciona, qué es el ego, la mente, los pensamientos, las creencias y las emociones”.
Este proceso le permitirá identificar sus talentos reales y también sus auténticas motivaciones. “Descubrir qué es lo que verdaderamente le gusta, qué es lo que le apasiona, qué es lo que se le da bien, cuáles son sus talentos y de qué manera puede contribuir”. A partir de ahí, las decisiones profesionales se vuelven más claras.
Prestigio, presión social y motivación
Otro de los factores que influyen en la elección de la carrera profesional es el deseo de prestigio o de reconocimiento social. Vilaseca advierte sobre la trampa de esta decisión: “El éxito y el reconocimiento externo son zanahorias del sistema, que son muy tentadoras para el ego. Por eso es fundamental que lo que hagas te llene, te guste, te satisfaga, que sea un fin en sí mismo, pero no un medio para conseguir otro fin. Por eso hablamos de la pasión, de lo que te gusta, lo que te llena, lo que te realiza”. Si luego, además, llegan los éxitos y el dinero, mucho mejor. Eso constituye para Vilaseca un éxito más allá del éxito. “Si solamente te mueves por el ego, tarde o temprano te quedarás muy vacío. Muchas personas tratan de llenar ese vacío buscando más éxito, más consumo, más máscaras. Están perdidos”, sentencia.

Para la mayoría es difícil encontrar el momento de pararse a considerar si quiere reinventarse profesionalmente o insistir en la opción que ha elegido y esforzarse más. Hay que tener el radar abierto para detectar las alertas. Según Ibáñez, estas suelen tomar forma de “malestar” e “incomodidad”: “Quizá incluso sufrimiento”, apunta la especialista. “Para ser feliz en un trabajo se necesita poder hacerlo, saber hacerlo y querer hacerlo”, insiste. Si alguna de estas patas falla, hay un problema.
“¿Qué resultados estás cosechando en tu vida? ¿Cómo te sientes por dentro? Si no estás motivado, si no tiene sentido lo que haces, si no estás aprendiendo, si sientes que no estás aportando valor añadido, si te levantas los lunes por la mañana desmotivado y tienes ganas de que llegue el viernes, es que necesitas una reinvención profunda, tanto de actitud como de lo que estás haciendo con tu vida profesional”, añade Vilaseca.
Qué pasa si necesitamos reiniciar
El hecho de darnos cuenta de que quizá hemos elegido mal nuestros estudios o nuestra carrera profesional, aunque no deja de ser un contratiempo, no tiene por qué ser una condena inevitable. Vilaseca recuerda que muchos reconducen, en ocasiones radicalmente, sus trayectorias profesionales a lo largo de su vida. Este cambio, además, no tiene por qué implicar saltos bruscos: “Se puede ir avanzando pasito a pasito en la dirección que más te motive. No hace falta dejar el trabajo todavía, pero sí caminar en una dirección que tenga sentido. Eso puede cambiarlo todo”. No obstante, el autor subraya que no hay que precipitarse.
Es un cambio que puede afectar a todos los ámbitos de nuestra vida porque, en opinión del experto, “la dimensión profesional es muy importante en la vida. Nos ocupa mucho tiempo y, al menos a mi alrededor, las personas que veo genuinamente felices y motivadas son las que han encontrado algo que les gusta, que les llena y que les realiza y que, además, han podido monetizar”.
El mensaje que quizá deberíamos dar
Así, la vieja frase motivacional de “persigue tus sueños” resulta demasiado simple para describir la complejidad de la elección de una vida profesional. Ibáñez propone reformularla de una manera más concreta. “Primero tienes que asegurarte que tienes capacidades para hacer esto. Y una buena parte de ellas viene de serie. Segundo, tienes que querer hacerlo. Quizá no te fascine, pero al menos algo te tiene que gustar. Y, finalmente, tienes que saber hacerlo, lo que suele implicar formación”, explica.
Vilaseca lo plantea desde otro ángulo, más existencial. Para alguien que empieza a tomar decisiones, el punto clave es la dirección. “Lo más importante es tener muy claro qué dirección, qué sentido quieres darle a tu vida”, afirma. “En mi caso, por ejemplo, conecté con 18 años con la literatura, con la escritura, con la filosofía y empecé a caminar en esa dirección. No obstante, iba trabajando para ganar dinero y ahorrar y poco a poco me fui encaminando hacia lo que realmente me llena. Lo que no puedes hacer es conformarte con estudiar algo que no te llena o con un trabajo que no tiene sentido a medio-largo plazo. Hay que seguir explorando, trabajando y lo irás descubriendo, pero hay que poner la intención de descubrirlo”. El camino, como casi todo lo importante, se irá construyendo mientras lo recorramos.

