Hace años, de hecho, décadas, que el rostro y el nombre de Savannah Guthrie son conocidos para millones de estadounidenses. Periodista de la cadena NBC, desde 2012 es la copresentadora de su programa matutino estrella, The Today Show. Pero ahora es ella quien se ha convertido en noticia, a su pesar. El pasado domingo, 1 de febrero, Guthrie y su familia denunciaron la desaparición de su madre, Nancy Guthrie, de su casa de Tucson (Arizona). Casi una semana después, poco se sabe de Nancy, de 84 años, ni del caso. No hay sospechosos. Apenas hay pruebas. Y lo que se sabe no son buenas noticias.
Los Guthrie no saben qué ha ocurrido. Las autoridades, tampoco. El FBI ofrece miles de dólares por pistas. Hasta el presidente Trump ha pedido justicia. El jueves, el sheriff del condado de Pima, al que pertenece Tucson, la segunda ciudad de Arizona, policías e investigadores del FBI dieron una rueda de prensa dando los escasos detalles que hay sobre la señora Guthrie. Todo apunta a un secuestro: afirman que Guthrie fue “sacada de su casa contra su voluntad”. El sheriff ha confirmado que en el porche de su casa encontraron sangre, de la propia Nancy. Y que tratan el asunto como un crimen del que “no hay pruebas de vida”, pero creen que la octogenaria —que sufre problemas cardíacos y necesita medicación— sigue con vida. Los Guthrie, conmocionados, han pedido ayuda y exigido públicamente que su madre regrese. Savannah ha decidido abandonar la cobertura de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán. Y en los medios estadounidenses el caso abre portadas y noticieros.
Todo empezó el sábado, el último día del mes de enero. Como ha explicado la policía en una detenida línea del tiempo presentada el jueves, el día 31, a las cinco y media de la tarde, Nancy fue en un Uber a casa de su hija Annie y de su familia. Cenaron juntos, jugaron a juegos de mesa y, antes de las diez de la noche, la familia la llevó de vuelta a su casa, cerca del cruce entre East Skyline Drive y la Avenida North Campbell, en el noreste de Tucson. A las 21.48, exactamente, la puerta de su garaje se abrió. A las 21.50 se cerró.

Pero cuatro horas después, hubo movimiento: a la 1.47 de la madrugada, una cámara situada en la puerta principal —que no parece forzada— se desconectó. Media hora después, aunque no hay vídeo que lo muestre, el software del dispositivo ha detectado que había alguien ante la cámara (la policía no descarta que sea un animal, pero creen que era una persona). Hay otro movimiento más: se sabe que casi a las dos y media de la madrugada la aplicación que controla el marcapasos de Guthrie mostró que este se había desconectado de su teléfono.
Hasta ahí las pistas. Después, la preocupación. Los hijos de Nancy no dieron con ella el domingo; no fue a la iglesia esa mañana. Fueron a su casa y durante una hora trataron de dar con ella. A mediodía, decidieron llamar a emergencias, y a las 12.13 una patrulla apareció en la vivienda. Ahí arrancó la búsqueda. Los investigadores —que regresaron el miércoles a la vivienda— encontraron la sangre y describieron el lugar como “escena del crimen” tras encontrar “elementos muy preocupantes”, han dicho. Afirman que la situación física de Nancy hace que “no pueda caminar ni 50 metros sola”, que no se pudo marchar por su propio pie. El conductor del Uber cooperó, fue interrogado y no es sospechoso. Remachan que mentalmente Nancy está en perfectas condiciones, pero no físicamente, por lo que han puesto de relieve la necesidad de que disponga de su medicación: “Si no la toma en 24 horas, puede ser fatal”.

Estos días, una nota de secuestro anónima y sin pruebas de vida de Nancy ha llegado a distintos medios locales estadounidenses, con una fecha tope para su liberación: el jueves a las cinco de la tarde; fecha que ya ha vencido. La policía ha confirmado la existencia de esos mensajes, pero no su autenticidad, y ha explicado que “si no se hace una transferencia, la segunda exigencia es para el siguiente lunes”. “No vamos a decir más”, han zanjado. Una persona ha sido detenida por enviar falsas notas de secuestro.
El miércoles, los tres hijos de Nancy —Savannah, Annie y Camron— aparecían pidiendo su retorno. Era la presentadora, conocida por su amabilidad y cercanía, pero nunca vista en tal situación de auténtica vulnerabilidad, quien leía un escrito, entre lágrimas. “En nombre de nuestra familia, quiero dar las gracias por vuestros pensamientos, oraciones y mensajes de apoyo hacia nuestra madre, Nancy”, arrancaba. “Los sentimos y seguimos creyendo que ella también los siente. Nuestra madre es una mujer amable, creyente, leal, una mujer de luz y de bien. Es divertida e inteligente. Tiene nietos que la adoran”, tartamudeaba. El padre de los Guthrie, Charles, murió de un ataque al corazón en 1988, cuando Savannah tenía 16 años.
“Nuestra madre es nuestro corazón y nuestro hogar. Su salud y su corazón son frágiles. Vive con dolor constante. No tiene medicamentos. Los necesita para sobrevivir. Los necesita para no sufrir”, ha explicado la periodista, que también ha asegurado que saben de las cartas de rescate enviadas a los medios. “Como familia, haremos todo lo posible. Estamos preparados para hablar. Sin embargo, vivimos en un mundo donde la voz y la imagen son fácilmente manipulables”, ha advertido. Según algunos expertos, con esas palabras los Guthrie están pidiendo que las peticiones por parte de los supuestos secuestradores contengan pruebas de vida de Nancy. “Siempre seremos humanos, simplemente, personas normales que necesitan a su madre”, ha dicho la presentadora, para acabar con un mensaje para Nancy: “Mamá, si nos estás escuchando, necesitamos que vuelvas a casa. Te echamos de menos”.
También Camron Guthrie, en nombre de la familia, ha subido un vídeo pidiendo a los secuestradores que se comuniquen con ellos. “Quienquiera que esté ahí reteniendo a nuestra madre: queremos saber de vosotros. No hemos tenido ningún contacto directo”, ha asegurado. “Necesitamos ponernos en contacto y un modo de comunicarnos para avanzar. Pero primero tenemos que saber que tenéis a nuestra madre. Queremos hablar con vosotros y esperamos ponernos en contacto”, ha explicado en un vídeo de apenas 20 segundos.
El presidente Trump habló el miércoles con Savannah Guthrie, como contó en su red social, Truth: “Le he hecho saber que les estoy ordenando a TODAS las fuerzas del orden federales que se pongan a disposición de la familia y de las fuerzas del orden locales, DE INMEDIATO. Estamos desplegando todos los recursos para que su madre regrese a casa sana y salva”. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, pidió disculpas el jueves por la demora de su rueda de prensa, explicando que ella y el presidente estaban viendo, precisamente, la comparecencia de las autoridades sobre el caso Guthrie, que calificó como una “situación descorazonadora”, afirmando que había hablado directamente del caso con el FBI y que “todas las peticiones por parte de oficiales federales y locales sobre la búsqueda de la señora Guthrie serán totalmente atendidas”. El FBI ha ofrecido una recompensa de 50.000 dólares por toda información que lleve “a la detención de cualquier sospechoso implicado en la desaparición”.

Los colegas de Guthrie en el programa Today, y en muchos otros, han mostrado solidaridad con la periodista. Nacida en Australia en una familia estadounidense y asentada en Arizona desde su infancia, lleva desde los noventa contando las noticias en todo el país: Montana, Misuri, Washington, su Arizona natal, canales jurídicos —es también abogada—… Pero desde 2007 su popularidad se disparó, al dar el salto a la cadena NBC, donde ha presentado desde las noticias de la noche hasta debates presidenciales, y sobre todo el matutino The Today Show desde 2011; desde 2017 y hasta enero de 2025, junto a la popular Hoda Kotb. Ha entrevistado a Trump y Obama, y es la sonrisa que retransmite con amabilidad y frío el desfile de Acción de Gracias desde Nueva York y la iluminación del árbol del Rockefeller Center. Está casada con un consultor demócrata, Michael Feldman, desde hace más de una década; tienen dos hijos de 11 y 9 años.
El tiempo corre en contra de los Guthrie y de las autoridades, casi una semana después de la desaparición de Nancy. El hecho de que la casa de la matriarca de la familia esté en una zona semirural (junto a las montañas de Santa Catalina) y desértica, hace que haya pocas cámaras y escasos vecinos. Muchos de ellos se reunieron el miércoles en una vigilia. No faltaron velas y oraciones para Nancy. Ahora, lo que se necesita son más pistas.

